Alicante

Este viernes sobre el escenario del Teatro Principal de la ciudad de Alicante se estrena El intruso, una comedia que llega con la ambición de dejar atrás la ciudad y quiere viajar a Europa e Hispanoamérica.

Un gran viaje que todas las compañías se deberían plantear, destaca el intérprete Morgan Blasco. "Todas las compañías tienen la ambición de hacer todos los bolos posibles", cuenta desde su camerino. 

Una voluntad por salir del teatro hecho en Alicante en la que subraya la necesidad de una ambición que vaya más allá de la Comunidad Valenciana. "Queremos que nos escuchen en Valencia, Galicia y Sudamérica", destaca, "y hacer quinientos bolos".

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Un gran salto para una producción propia hecha en la ciudad y que es posible gracias a la residencia artística José Estruch que impulsa el Principal. En esta sexta edición se aprecia la evolución de este programa, en cuyo estreno participó en 2018 con un montaje que apenas tuvo pases. Ahora, en cambio, están pendientes de cerrar gira nacional para empezar.

La confianza para lograrlo les llega por el texto de Antonio Cremades, el dramaturgo que desde Aspe, se presentó al torneo de dramaturgia que lanza el Institut Valencià de Cultura. En ese reto las reglas parten el uso de una frase prefijada en la trama, un tiempo máximo de veinte minutos y dos intérpretes.

"Somos amigos y cuando saca algo lo leo", explica el intérprete. En este caso le llamó y el autor le anunció que "estaba terminando la versión más larga". Generoso en sus halagos, Blasco le valora como un portento del que esperó sus resultados que rápidamente compartió con su maestro, Juan Pastor.

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Como si escuchara que le llaman, el director asoma la cabeza por el camerino. Están cerrando el ensayo general y requiere a su protagonista. Así que toma el relevo para explicar lo que más le atrajo: "Lo que intuimos es que el verdadero protagonista no está, es el que mueve los hilos y el que hace que los comportamientos de los personajes sea lo que vamos a ver". Este es quien envía el intruso porque les conviene y así manipular el comportamiento, del mismo modo "que cuando se reúnen los grandes capitales lo hacen".

El planteamiento, recalca, es una base para la construcción de esta comedia. En ella ve "ese toque intelectualoide de Allen, que a mí me encanta, que parece un Pinter, y luego me enteré de que es un enamorado de él". Ese juego entre "los grandes temas trascendentales" con los que se siente "un poco obsesionado" pero que dé el paso "a lo banal" y a la comedia por "un cierto distanciamiento".

El poder contar con tiempo para el desarrollo gracias a la residencia le ha permitido trabajar a su estilo. "Creo en los procesos y usar las técnicas para poner el foco porque en el arte accidentalmente surge el propósito teniendo muy claro dónde vamos".