Alicante

"Tenemos un territorio que se presta mucho a las leyendas y a los monstruos", cuenta Vicent Vidal. Este experto en la literatura tradicional repasa alguna de las creencias y miedos que han crecido en los muchos rincones de la provincia de Alicante y que se trabaja para mantenerlos vivos.

Este refugio de monstruos que es Alicante aporta mucho material a los especialistas que, como él, se dedican a mantener el legado de Enric Valor y otros centrados en el folclore. En las historias que presenta para EL ESPAÑOL aparecen muertos vivientes, multiformes y demonios, una selección entre el muy variado fondo disponible.

"Hay un buen puñado de monstruos", explica Vidal, "porque algunos son generales, como gigantes y brujas, pero hay otros que no se ven en otras tradiciones o no se ven exactamente iguales". Y en este punto, el joven profesor alcoyano señala también el trabajo hecho por Francesc Gisbert.

Es "una persona clave en la recuperación de los monstruos valencianos", valora Vidal. Su libro Màgia per a un poble "es el disparo de salida, la primera guía que sistematiza los monstruos valencianos y sus particularidades". A partir de este, otros autores "y hasta cantautores como Dani Miquel" han recuperado e investigado más sobre los monstruos.

El multiforme

Diferente a todos es la llamada quarantamaula, una de las criaturas que recupera Gisbert. Esta aparece en pantanos como el de Tibi y en otros pueblos explica Vidal. Y lo peculiar de este ser es que "no se sabe muy bien su forma, porque hay quien dice que tiene forma de gato o de caracol".

La explicación a esa disparidad es un retrato de cómo se entiende el terror y cómo este se aprovecha para despreciar a los demás. "Su forma es la del miedo", explica poéticamente Vidal, "si le tienes miedo a un gato es eso o si es un caracol, pues a eso". Su uso, apunta, "es una forma de burlarse de ese pueblo: mira cómo son que se asustan de un caracol".

El demonio 

La siguiente historia parte de una de las rondallas de Enric Valor. A un lavadero en el pequeño pueblo de Penàguila se dirigía la niña protagonista cada día a las cinco de la mañana. Lo hacía así para evitar coincidir en los momentos de más trasiego con las otras mujeres que allí hacían la colada y, de esa forma, tener el agua más limpia.

Una mañana, antes de que rompa el alba, la niña escucha a un bebé llorando en las cercanías del lavadero. Y hasta allí se acerca para ver qué sucede, cuando lo encuentra la criatura le muestra los dientes y huye asustada. Al volver al lavadero se encuentra a una mujer, vestida de negro, que está haciendo la colada.

A ella se acerca para contarle la extraña visión que acaba de tener. Y cuando llega hasta el punto de describir la dentadura que tenía el recién nacido, esta le responde abriendo su gran boca y mostrando unos terribles colmillos: "¿Eran dientes como estos?".

El efectismo y la elección de los personajes de la rondalla la convierten de la rondalla la convierte en una de las más perturbadoras. Una pieza que, como señala Vidal, se basa en criaturas que no tienen nombre y que representarían al mal a través de estos demonios que se esconden en cuerpos humanos.

El muerto viviente

Lejos de otros habituales de las historias de terror, como los vampiros, están los muertos vivientes. La vigencia de los mismos en la ficción actual se remonta en una de las más clásicas historias con las que asustar a los más pequeños de la familia. Vidal recuerda risueño como se la contaban en su niñez.

Marieta i el mort es la historia de una chiquilla a la que su madre le encarga ir a comprar las vísceras con las que preparará el guiso para cenar. En lugar de cumplir rápidamente con lo que le ha mandado, se entretiene jugando hasta que pasa la hora de ir a la carnicería.

¿Qué se le ocurre a la niña para no llegar con las manos vacías a casa? En una inesperada decisión, decide ir al cementerio puesto que allí acaban de enterrar a una persona. Y total, piensa Marieta ¿para qué necesita un muerto sus vísceras? Y se hace con ellas para ofrecerlas en casa y que su madre las cocine. Eso sí, será una comida que decide saltarse para ir a dormir.

Tan ajetreado día no termina cuando se acuesta. Desde la cama escucha una voz que la llama: "María, María, devuélveme las vísceras robadas de la sepultura". Y temblando sigue oyendo las amenazas de la criatura que, escalón a escalón, sube hasta su habitación. Incapaz de moverse por el terror que siente, Marieta, lo último que escuchará es el ¡te pillé! con que el muerto cumple su amenaza.

Estas tres historias, apunta Vidal, son solo tres ejemplos del rico patrimonio en este campo. "Hay mucho trabajo de recuperación que se hace en escuelas y universidades", valora este profesor. Y, una pista que deja, "si preguntas por elementos singulares —como una cueva o castillo—, seguro que algún misterio encontrarás".  

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