Alicante

"Soy trabajadorcilla", cuenta de manera risueña Cristina Rodríguez. Y es fácil creerla cuando se repasa todas las cosas en las que está metida. En Mask Singer se ha encargado con Raúl Madrid de los disfraces que ocultan a los cantantes. Colabora con Lazos de Sangre y con Élite vuelve a disfrutar del éxito mundial, el que le dio inspirar el disfraz más vendido de Halloween, según cuenta.

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Y esa actitud dice que es una filosofía que siempre ha mantenido. "Cuando vienes de una familia humilde no te queda otra más que trabajar. Y solo me han educado para eso. Y me gusta. ¡Me lo paso bien!", afirma risueña mientras atiende en la parada de un rodaje.

Quizás en ese buen ánimo influya que el mercado esté muy activo. Y ella sabe bien la diferencia puesto que en 2011 se pasó un año entero sin empleo, "cuando antes siempre había tenido para trabajar". "Ahora, en la pandemia, como se ha consumido tanto en las plataformas y han aparecido nuevas, hay muchísimo trabajo".

No solo por la demanda interna, señala. Igual que Pedro Sánchez habla de crear "un Hollywood europeo", la diseñadora sostiene que, "al igual que pasó en los 50 y 60, el resto del mundo ha descubierto que sabemos hacer buenos productos con muy poco dinero. Piensa que Élite se hace por diez veces menos que lo que cuesta un capítulo de una serie americana".

El valor de España

El ejemplo de la serie ambientada en Las Encinas que tan bien conoce le sirve porque "tiene glamur, los actores son bellos, unas localizaciones impresionantes, un vestuario...". Y esta es una de las dos responsables, la otra La casa de papel, "que pusieron a España en el mapa y vieron unos formatos que no sabían que podíamos hacer".

La otra ventaja que Rodríguez ve a España para afianzarse en el mercado internacional de rodajes es su tamaño. "En muy pocos quilómetros hay paisajes completamente diferentes. Te vas a Cádiz o La Coruña y son radicalmentes diferentes. Y en una hora de vuelo los tienes. En Estados Unidos son diez. Tenemos relativamente buen clima. Y la seguridad. La gente puede salir por aquí tras un rodaje".

De donde ella no ha salido estos meses es de uno de los talleres en los que han confeccionado los diseños de Mask Singer. A ella y a Madrid les marca la cadena la idea para crear los personajes a partir de frutas, animales o verduras. "Nos dan bastante libertad", asegura. Y una de las claves para su originalidad, "intentar no mirar lo que hacen los otros [países] porque si no, inconscientemente, copias".

Coser a ciegas

La suerte, que la primera vez que la llamaron, "no lo conocía e incluso subestimé el formato!". Eso sí, cuando lo vieron ya en Antena 3, "¡nos enganchamos como si no lo hubiera hecho!". Y como todo el público que lo ha seguido, "no sabíamos nada de nada, ni siquiera si era hombre o mujer".

A través de un grupo de whatsapp se han coordinado con los cuatro talleres que trabajan, en Portugal y Valencia. "Y es la productora la que les da las medidas finales porque cuanto menos gente lo sepa, mejor. La única manera para que esto funcione es que sea verdad. No puedes mentir todo el rato". ¿Su favorita? El huevo. ¿Y la más complicada? La medusa.

Por la naturaleza de este formato, Cristina Rodríguez ha tenido un protagonismo por su trabajo, como pocas veces en su carrera. La excepción quizás sea la propia Élite, que le ha abierto las puertas de muchos más países. "Normalmente en las series, la ropa no se ve. Y la gente se piensa que vienen así vestidos de casa. Excepto si haces época".

El popular uniforme

Eso no les sucede con esta ficción "porque el vestuario es casi tan importante como la ropa". ¿Pruebas? "Es casi como Sexo en Nueva York. Hacen cuentas de Instagram con esta, se vuelve viral lo que llevan, las firmas lo ven y lo venden".

Y esta forma de trabajar se engarza con una reivindicación reciente surgida entre los profesionales de vestuario de la industria americana. A raíz del éxito de Cruella y el papel que toman los vestidos hechos expresamente, se pide un reconocimiento salarial a un aspecto que ayuda a vender la propia película. 

"Tienen derechos los actores, los guionistas, los productores... Y nosotros que muchas veces se hace merchandising y se vende y se copia, ¡nosotros no vemos ni una peseta!", comparte Rodríguez. "¡Y tú eres el creador!", añade.

Ella lo vivió en sus carnes con el repentino éxito de la serie. "En la primera temporada, el disfraz que más se vendió en el mundo para Halloween era el de Élite. Y yo no he tenido derechos del uniforme de Las Encinas. No vemos nada de nada. Y a lo mejor tendríamos que tener derechos como lo tienen los demás".

¿Solución para ello? Ahí no se muestra tan optimista. "Por desgracia no estamos muy unidos, y no porque nos llevemos mal, sino porque hacemos la guerra por separado. Hace poco hablé con Clara Bilbao diciéndole para juntarnos para eso y muchas otras cosas. Los otros han peleado por ello y nosotros no hemos peleado".