Alicante

El confinamiento del año pasado llevó a Óscar Martínez a escribir el libro que le está abriendo las puertas de la crítica y de las librerías, Umbrales. A medio camino entre una guía personal de viajes y una ingeniosa historia de la arquitectura, su propuesta editada por Siruela busca el relevo de clásicos modernos de la divulgación.

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¿Puede un libro sobre puertas conseguir el éxito que han conseguido nombres como Irene Vallejo, Yuval Harari o Violet Moller? Ese es el reto al que se lanza, "sin ninguna pretensión", este profesor que escribió su libro entre Albacete y Almansa. Su arma es la forma de hacérnoslas ver para sorprendernos por las conexiones que establece.

La primera puerta que abre en la promoción del libro le lleva este miércoles a Alicante donde arranca en 80 Mundos, la que fuera elegida librería del año en 2019. Y con su carácter sencillo cuenta que lanzó su primer manuscrito "como una botella al mar". Tuvo la suerte de que se encargara de recogerlo el editor Julio Guerrero.

Suya fue la llamada que considera uno de los mejores regalos que podía recibir en su carrera. A Siruela le gustaba su libro. Y eso es mucho, viniendo de la casa donde nació el fenómeno El infinito en un junco -por citar un referente de Martínez al preparar Umbrales. Su intención, promoverlo para que así funcionara.

A través de trescientas páginas, Óscar Martínez maneja al lector como a sus alumnos: llamando su atención y sorprendiendo. "Uso mucho el sentido de humor en mis clases", cuenta, "en el libro quizá no he logrado hacerlo demasiado. He intentado escribirlo como en algunas clases en las que he sentido la conexión del narrador".

Una huida de manual

Si habla de sus clases también lo hace para puntualizar que "el afán pedagógico está, pero intento huir del manual. Mi afán nunca ha sido mostrar ningún tipo de erudición". Con sus historias nos hace cruzar las puertas de la catedral de San Marcos en Venecia o las del templo egipcio donde está enterrado el faraón Ramsés III.

Los paseos que revive de los que él mismo diera cuando se podía viajar libremente tienen siempre la vocación de conquistar. "Los datos están a golpe de clic a día de hoy. Si como escritores podemos tener valor es por prestar al lector un relato y ofrecer algo diferente. No soy experto de nada. Ahora sí, quizás tengo un bagaje de diseño, arte, filosofía... Y lo que intento es crear una historia que pueda unir ideas y ser amena".

La veintena de puertas que ha elegido para Umbrales consiguen ese objetivo a base de descripciones y recreaciones del momento en que se crearon los edificios. "La erudición sin más me aburre", reitera. Y frente a ese propósito recrea la erupción del Vesubio hace dos mil años para luego entrar a la Casa de los Vettii y explicar el uso del falo como símbolo de buena suerte.

Cristo y Superman

Si hablar de penes de grandes dimensiones sabe que provoca las risas entre el auditorio, cuando pasa a la abadía de Sainte-Foy es capaz de dibujar una línea entre la representación del Cristo, una viñeta de Superman y un emoji. "Este tipo de relaciones entre baja y alta cultura, entre pasado y presente, llega al público. Cuando crees que encuentras una metáfora que funciona dices qué bien. El valor del libro es ese, las relaciones".

Estas conexiones las ha tenido también en cuenta al planificar el listado de capítulos. Y si bien se deja para los últimos las puertas a las que más aprecio tiene para que fuera un final en todo lo alto, "lo cierto es que se puede leer de forma alterna". Cada uno de ellos tiene el mismo objetivo, que queramos salir. Y como él cuando escribió esto en el confinamiento, "salir de las cuatro paredes y viajar".