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Toni Francés, alcalde de Alcoy desde 2011 y uno de los barones históricos del PSPV-PSOE en la provincia de Alicante, ha anunciado que no optará a la reelección en las elecciones municipales de 2027. Tras quince años al frente del consistorio, el regidor da un paso al lado justificándolo como un ejercicio de responsabilidad para evitar que "gobierne la derecha con la extrema derecha". Sin embargo, tras la narrativa oficial de la generosidad orgánica se esconde una realidad mucho más compleja. En el Ayuntamiento de Alcoy una asfixia financiera municipal sin precedentes, un severo desgaste electoral y la pérdida definitiva del control del partido a nivel local y provincial.

Para entender la renuncia de Toni Francés hay que remontarse a las batallas fratricidas que han desangrado al socialismo alicantino en los últimos años. Francés emergió en su día como el indiscutible candidato oficialista de Ximo Puig para liderar la secretaría general provincial del PSPV. Aquella apuesta, diseñada desde el Palau de la Generalitat, chocó frontalmente con el sector sanchista liderado por Alejandro Soler. La derrota de Francés ante Soler no solo frustró sus aspiraciones territoriales, sino que inició su declive político fuera de Alcoy.

La primera consecuencia de perder aquel pulso fue su salida forzosa de la portavocía del grupo socialista en la Diputación de Alicante, un puesto de enorme visibilidad institucional. Despojado de su proyección provincial, Francés se vio obligado a replegarse y atrincherarse en su feudo de Alcoy.

A nivel interno, el golpe de gracia llegó en junio de 2025. La agrupación local del PSPV-PSOE de Alcoy escenificó una profunda fractura en su congreso local. Lorena Zamorano, concejala de Turismo, se hizo con la secretaría general de la agrupación local por un estrecho margen (98 votos frente a los 93 de Manolo Gomicia). Gomicia representaba al ala continuista y a las familias socialistas más fieles a Toni Francés. Con la victoria de Zamorano, el alcalde perdió las llaves de su propia casa.

La diferencia clave entre ambas candidaturas radicaba en el modelo de partido. Mientras los fieles a Francés defendían la bicefalia, Zamorano rechazó desde el primer minuto que el líder de la ejecutiva local y el candidato a la alcaldía fueran personas distintas. Al controlar el aparato local, la hoja de ruta estaba escrita: el candidato para 2027 debía ser quien ostentara la secretaría general. La comparecencia conjunta de este jueves, en la que Francés bendice a Zamorano como su relevo, no es más que la escenificación pública de una capitulación inevitable.

Más allá de las cuitas internas, la gestión de Toni Francés al frente del Ayuntamiento de Alcoy presenta importantes luces y sombras que han erosionado su figura. Ha desarrollado muchos proyectos pero el municipio arrastra una situación financiera extremadamente delicada, situándose de manera recurrente como uno de los ayuntamientos más endeudados de toda la Comunidad Valenciana. El segundo en relación a su peso poblacional después de Benidorm, que tiene que hacer una deuda enorme tras sentencia judicial.

La parálisis de proyectos clave, la presión fiscal para sostener el gasto corriente y las advertencias de los órganos de control financiero han deteriorado la percepción ciudadana de su gestión. Gobernar durante tres lustros genera un desgaste natural, pero cuando la gestión económica se percibe como deficiente, el relato del "cambio necesario" cala con mayor facilidad en el electorado. Francés era consciente de que acudir a las urnas en 2027 con la mochila de la deuda y quince años de desgaste a sus espaldas era un blanco extremadamente fácil para la oposición.

El propio alcalde ha reconocido en su rueda de prensa el temor a que la derecha sume en la capital de l'Alcoià. No es un temor infundado, sino el resultado de analizar fríamente la tendencia electoral.

En las elecciones municipales de mayo de 2023, el PSPV-PSOE de Alcoy, con Toni Francés a la cabeza, sufrió un serio correctivo. Aunque los socialistas lograron retener la alcaldía, lo hicieron perdiendo apoyos y quedando empatados a 9 concejales con el Partido Popular. La gobernabilidad quedó supeditada a un complejo pacto con Compromís, en un pleno municipal fragmentado donde el bloque de la derecha (PP y Vox) se quedó a un suspiro de arrebatarle el bastón de mando.

Aquellos resultados evidenciaron que la marca "Toni Francés" ya no sumaba por sí sola, sino que empezaba a restar. El análisis demoscópico que maneja el partido de cara a 2027 confirmaba la tendencia: con Francés como cartel electoral, la movilización de la izquierda se resentía, mientras que el voto de castigo concentrado en el bloque PP-Vox garantizaba el cambio de ciclo político en Alcoy.

La pelota queda ahora en el tejado de Lorena Zamorano. Aunque Francés ha mostrado su "total ilusión" por apoyarla si decide dar el paso, Zamorano ha evitado la proclamación automática escudándose en el proceso de primarias que el partido debe abrir. No obstante, en la práctica, la actual secretaria general tiene el camino despejado para intentar retener el bastón de mando socialista.