Alicante

Benidorm es una ciudad conocida en toda España por su alta especialización turística y su particular arquitectura. El municipio, de 70.000 habitantes censados, llega a multiplicar por cuatro su población en verano y está en el top 5 de España en número de pernoctaciones, con más de 12 millones de estancias entre enero y diciembre.

Meca del turismo británico y destino de casi el 20 % de plazas del Imserso, su modelo productivo es fruto de su original urbanismo, ordenado desde los años 50 para crecer de manera vertical. Es también la primera localidad de España que diseñó un Plan General de Ordenación Urbana, que acabó transformando una pequeña villa de pescadores en una de las ciudades con mayor número de rascacielos por habitante del mundo. 

Sin embargo, el turismo constituye apenas una pequeñísima fracción de la historia de Benidorm. La ciudad tiene un pasado se remonta a los romanos y a los iberos, de los que se han encontrado restos en el término municipal. Aún así la zona no llegó a contar con una población considerable y se sabe que, en el momento de la Reconquista, solo había una pequeña alquería árabe. Jaume I de Aragón se hizo con el control de esta parte de la provincia de Alicante en torno a 1245. 

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Oficialmente Benidorm se fundó unos ochenta años después, el 8 de mayo de 1325. Sus tierras (y las de gran parte de la comarca) fueron entregadas al almirante Bernat de Sarriá, portavoz general del Reino de Valencia en nombre de Alfonso el Benigno. Fue Sarriá quien otorgó la Carta de Puebla a Benidorm, con el objetivo de convertirla en una fortaleza de cristianos frente a un posible avance de las tropas musulmanas.

El principal temor del almirante era que los mudéjares de la zona, muy numerosos, se aliasen con los musulmanes del reino nazarí de Granada y los del Norte de África para tomar la zona. Así que el papel de la nueva villa era servir de base de operaciones para controlar el norte de la provincia de Alicante, motivo por el que se crearon varias fortificaciones a lo largo de la costa y un Castillo.

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Sin embargo, la mayor parte de los ataques que sufrió Benidorm vinieron de los piratas berberiscos. El primero a gran escala del que constan registros se produjo en 1410 y fue repelido con éxito; el segundo, en 1448, no, y parte de su población fue esclavizada como consecuencia de ello. El número de habitantes disminuyó y se cree que tras la tercera incursión de corsarios musulmanes, en 1502, se abandonó completamente. 

Durante el siguiente siglo y medio Benidorm no existía como municipio independiente, pero sus fortificaciones fueron reforzadas porque seguía siendo un enclave estratégico para controlar el mar en el norte de la provincia. Su segundo nacimiento ocurrió en 1666, cuando el señor territorial de Polop, Beatriu Fajardo de Mendoza, se otorgó una nueva Carta de población. 

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La creación de una acequia en la población vecina de Alfaz del Pi permitió dar un suministro constante de agua al municipio, lo que propició un auge demográfico en los siguientes 100 años. Benidorm multiplicó su población por diez, hasta contar con unos 2.700 vecinos. La economía estaba centrada entonces en la pesca con almadraba, una práctica que se extendería hasta bien entrado el siglo XX.

Benidorm jugó también un papel en la Guerra de la Independencia española, cuando las tropas francesas tomaron la ciudad y la convirtieron en un fuerte debido a su posición estratégica en el Mediterráneo. La derrota del ejército napoleónico provocó un brutal ataque por parte de la marina inglesa en 1813 que dejaría la zona del Castillo prácticamente en ruinas.

Imagen antigua de Benidorm, cuando la principal actividad era pesquera. Visit Benidorm

El mirador no se recuperó hasta un siglo más tarde con Vicente Llorca Alós como alcalde y se adaptó a sus nuevos usos de recreo. Poco después, en 1953, Pedro Zaragoza hizo su mítico viaje en vespa a Madrid para pedirle personalmente a Franco que permitiese el uso del bikini en sus playas.

Estas concesiones irritaron a la Iglesia, que en 1962 ordenó construir una cruz en el monte que vigila el municipio para velar por las almas de sus moradores. Siete siglos después, Benidorm pretendía seguir siendo una fortaleza para los buenos cristianos frente a las hordas de extranjeros invasores. Un poético paralelismo histórico que, no obstante, tiene en nuestros días una cara mucho más amable.