Alicante

La Audiencia de Alicante ha condenado a 23 años de cárcel a un hombre por abusar sexualmente de dos de sus hijas biológicas cuando ellas eran menores de edad.



La sentencia, dictada por un tribunal de la Sección Primera de la Audiencia Provincial, considera probado que el procesado, residente en Elda (Alicante), sometió a sus dos hijas, de madres diferentes, a diversos tocamientos en contra de su voluntad desde que tuvieron 12 y 8 años, respectivamente.



En cuanto a la primera de las víctimas, los abusos se iniciaron en 2007 y se prolongaron hasta 2011, durante los fines de semana alternos en los que la menor se desplazaba hasta el domicilio de su progenitor, en cumplimiento del régimen de visitas que se había establecido tras la ruptura de su primera relación sentimental.



Esos episodios concluyeron cuando se interrumpió ese régimen de visitas. No obstante, en la Nochevieja de 2016, cuando la menor ya contaba con 16 años, el padre aprovechó un momento de soledad con ella para tocarle los pechos. La joven le contó lo sucedido a su pareja, quien la animó a denunciar a su padre, de 51 años.



Respecto a los abusos de la segunda menor, la resolución judicial establece que el acusado reprodujo el mismo comportamiento desde que su hija tenía 8 años.Su madre, segunda pareja del procesado, denunció los hechos.

Gravedad del parentesco

Durante el juicio, el procesado negó los cargos que se le imputaban, hasta el punto de asegurar que la mayor de sus hijas solo había pernoctado en su casa una o dos veces y que no la sometió a ningún tipo de tocamiento.



Sin embargo, el tribunal rechaza su versión exculpatoria al dar credibilidad al testimonio de sus hijas, "sustancialmente coincidentes sobre los contactos corporales de carácter sexual" y "precisos en la descripción de los hechos sucedidos".



También subraya que los informes periciales corroboraron que en el relato de las dos menores no se encontraban indicios de fabulación.



Igualmente, la Audiencia de Alicante concluye que procede aplicar la agravante de parentesco, por ser ascendiente directo de las víctimas, "lo que le permitió durante largo tiempo realizar los tocamientos impunemente a las menores".

Esta condición le proporcionaba preeminencia "sin que en ningún momento ni las respectivas madres de las menores ni el resto de los familiares de las mismas sospecharan nada".



La sentencia condena al procesado a una pena de 11 años y medio por cada uno de los dos delitos continuados de abuso sexual, lo que suma un total de 23 años de privación de libertad.



Además, se le impone la medida de alejamiento por un plazo de 13 años por cada uno de los dos delitos, así como otros 8 años de libertad vigilada.



Por último, se priva al condenado de la patria potestad de su hija menor y se le impone el pago de 10.000 euros a cada una de las víctimas en concepto de responsabilidad civil.

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