Zaragoza
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La nadadora aragonesa Teresa Perales no solo ha emocionado al Papa León XIV. También le ha regalado una caja para que no olvide su visita a Madrid.

¿Pero qué había dentro? Ella misma se ha encargado de desvelarlo a través de sus redes sociales: medidas de la Virgen del Pilar pasadas por el manto y un gorro de nadar.

"Así se lleva un trocito de Aragón", decía la medallista a través de su perfil oficial en Instagram.

El suyo, en todo caso, no ha sido el único obsequio. La deportista Carolina Marín, con quien ha compartido escenario, le ha hecho entrega de una raqueta de bádminton.

"Usted nos ha recordado que caer no es el final del camino", le decía la ganadora de 28 medallas al Santo Padre.

La zaragozana ha aprovechado su multitudinario discurso en el Movistar Arena para recordar que el deporte no es solamente un espectáculo de masas, sino una actividad común, saludable para el cuerpo y para el espíritu, y una expresión "de lo que nos une como seres humanos".

"Cuando se vive con integridad, es una verdadera escuela de vida. Hoy en día nos enfrentamos a un mundo obsesionado con el rendimiento y el éxito a toda costa, donde a veces parece que solo importa ganar dinero o batir récords", completaba Marín.

La que fuera una de las mejores jugadoras de bádminton de la historia ha reivindicado "la alegría limpia de jugar por el placer de jugar" y de recuperar "la ilusión que teníamos de niños".

"Para mantener vivo ese espíritu, el primer pilar es la resiliencia ante la adversidad. En la piscina, como en la vida misma, hay días amargos en los que el agua pesa, las lesiones duelen o el cuerpo simplemente no responde como nos gustaría. Usted nos ha recordado que caer no es el final del camino", completaba Perales.

A este respecto, ha recalcado que aceptar nuestra fragilidad y nuestros momentos difíciles "no nos hace débiles sino humanos": "La verdadera victoria no es ser invencibles, sino aprender a levantarnos con la ayuda de los demás".

Para Marín, esa resiliencia se complementa con autodisciplina; con el esfuerzo silencioso de entrenar cada día "cuando nadie nos está mirando". "Pero la disciplina necesita del respeto. Las reglas del juego no son una limitación, son las líneas que hacen posible que nos encontremos de forma limpia en la pista", subrayaba.

Las deportistas han querido dejar claro que competir "no significa destruir al rival", y que el adversario no es un enemigo. "Es un compañero de viaje indispensable que, al dar lo mejor de sí, nos obliga a dar lo mejor de nosotros mismos. Competir es crecer con el otro, nunca contra el otro", afirmaban ante los aplausos de miles de personas y la atenta mirada de Robert Prevost.

Es aquí cuando Perales ha puesto el acento en la humildad en el éxito. "Cuando se llega a lo más alto del podio es muy fácil caer en el egocentrismo y olvidarnos de que nadie llega solo. La humildad nos enseña a mirar al rival a los ojos con gratitud, reconociendo que su esfuerzo también da valor a nuestras propias victorias", añadía.

Como colofón, las dos se han comprometido a seguir jugando el partido de la vida con lealtad y a llevar esos valores más allá de las canchas y han deseado a León XIV un "buen partido de la vida".