El rugido del león

El triángulo imposible de Sánchez

El nuevo llamamiento de Pedro Sánchez a Pablo Iglesias y Albert Rivera para que apoyen su investidura no va a prosperar. El líder socialista cree posible obrar el milagro y cerrar un acuerdo de mínimos a tres bandas centrado en asuntos como corrupción, empleo y desigualdad, y sustentar sobre ese pacto un gobierno. Pero lo que no puede ser no puede ser y además es imposible.

La única y remota posibilidad de que algo así hubiera sido factible pasaba necesariamente por una moderación de Podemos que se ha comprobado en el Congreso que no existe. Entre otras cosas, ha quedado claro que el regeneracionismo de Iglesias es puro revanchismo. Podemos y Ciudadanos son, hoy por hoy, incompatibles.

La baza del PSOE

Sánchez se equivoca al insistir en explorar ese camino. Trata de hacerlo, además, con el exiguo bagaje de sus 85 escaños y con los barones de su partido en contra de iniciar tal aventura. Por honesta que pudiera ser su intención, el mensaje que transmite al empeñarse en esa pirueta es que ha asumido que de ella depende su supervivencia.

Sin embargo, el líder del PSOE tiene una carta que aún no ha usado, y que consiste en plantearle al PP una abstención en la investidura a cambio de que presente otro candidato. Tal y como hemos contado en EL ESPAÑOL, el propio Rajoy barajó en agosto hacerse a un lado al tomar conciencia de las dificultades a las que debía enfrentarse para formar gobierno, empezando por las famosas seis condiciones de Rivera. Fue entonces su entorno más cercano el que le convenció para que siguiera.

Le falta un lado

Sánchez debe poner de una vez los pies en el suelo. Ni tiene fuerza para arrastrar a los barones del PSOE a un acuerdo con Podemos -que incluiría de alguna manera el concurso de los independentistas-, ni el triángulo con el que sueña podrá contar nunca con el lado de Rivera.

El dirigente socialista sí puede poner a prueba la capacidad de Rajoy a la hora de soportar las presiones que se le vendrán encima si tiende la mano a una abstención. Porque entonces la sociedad se preguntará, con razón, quién es el obstáculo y cuántas veces hay que votar a Rajoy para que sea presidente de Gobierno.