WATERPOLO

Las 'Guerreras' repiten la historia de su seleccionador

La selección femenina estará en Río 20 años después del oro olímpico del combinado masculino en Atlanta.

Las jugadoras españolas celebran el triunfo ante Holanda.

Las jugadoras españolas celebran el triunfo ante Holanda. EFE

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“Quedarse fuera de los Juegos no sería un fracaso”. Así lo pensaba Jennifer Pareja, una de las estrellas de la selección femenina de waterpolo, antes del Preolímpico de Gouda. El “gran nivel” de las selecciones participantes que apuntaba la capitana del equipo nacional en la previa ha quedado demostrado hasta el último partido decisivo. Una victoria ante la anfitriona, Holanda, con suspense en los últimos minutos (10-7), pero que convierte a España en semifinalista y, a su vez, en equipo olímpico.

España ha sufrido (y ha sabido sufrir) hasta el último largo para asegurar su presencia en los Juegos de Río. Dos derrotas en los tres primeros partidos del torneo (Grecia y Estados Unidos) le han obligado a enlazar tres victorias consecutivas para salvar un margen de error ya inexistente. En su particular “win or go home”, las chicas de Miki Oca pasaron terceras de grupo a cuartos de final para demostrar por qué la venganza se sirve en plato frío.

En el día D y a la hora H, a España no le pudo la presión ante la selección holandesa. La misma que en enero apartó a las nuestras de la final del pasado Europeo durante una fatídica tanda de penaltis (15-14). Se apoyó en una sólida Laura Ester en la portería y en los goles de la joven zurda Judith Forca. También en una primera mitad avasalladora, un arranque de tercer cuarto digno de sentencia y, cuando todo se apretó, en los tantos decisivos de Roser Tarragó y Laura López.

Es lo que tiene ser subcampeona olímpica (¡en su debut en la competición!), campeona del mundo y campeona de Europa durante la última olimpiada. Nada más y nada menos que un éxito al año entre 2012 y 2014. La casta tenía que reaparecer sí o sí en las piscinas holandesas. Más después del batacazo en el Mundial del año pasado, cuando las chicas de Miki Oca fueron séptimas tras caer 5-8 ante Estados Unidos en cuartos de final.

También tras el cuarto puesto en el pasado Europeo de Serbia después de perder contra Italia en el encuentro por el bronce (9-10). Pero a España no le mataron sus dos tropiezos recientes. Sólo le hicieron más fuerte ante lo que estaba por venir. Seguro que el mero recuerdo de lo duro que fue llegar a la élite del waterpolo femenino ayudó. Cuando los séptimos puestos eran el techo mundial de las españolas y las medallas, salvo la plata del Europeo de Málaga 2008, estaban vetadas.

Eran los tiempos en los que los éxitos llegaban en las categorías inferiores. El oro en el Mundial júnior de 2011 fue el gran preludio de lo que estaba por llegar. Muchas de las reinas de Trieste son ahora parte destacada de la generación dorada del waterpolo femenino español: Anni Espar, Marta Bach, Roser Tarragó… El cuerpo técnico de aquel equipo lo lideraba Miki Oca, nombrado seleccionador absoluto un año antes. Era el nexo de unión más claro con la gloria que un día también correspondió al equipo nacional masculino.

Un espejo en el que mirarse

El 9 de agosto de 1992, el travesaño de la portería de Italia acababa con los sueños de grandeza de España en las piscinas Bernat Picornell de Barcelona. Quedaban cuatro segundos para que la tercera prórroga de la final olímpica de waterpolo llegase a su fin y los italianos se llevaban el oro (8-9). El hombre que se jugó la última posesión española fue, precisamente, Miki Oca. Un jugador importante en una selección plagada de ellos: Manel Estiarte, Jesús Rollán, Pedro García Aguado, Jordi Sans...

Exactamente 20 años después de aquella amarga plata, el madrileño repitió éxito ya en los banquillos. Volvían las caras largas tras una derrota, esta vez de las chicas (8-5 ante Estados Unidos), pero el subcampeonato de Londres supo algo mejor que el de los chicos en el 92. Y es que pocas selecciones, de cualquier deporte, podrán presumir de haber llegado hasta toda una final olímpica en su primera participación en unos Juegos. Quizá, ninguna.

La conjunción entre veteranas y promesas de las categorías inferiores no pudo resultar más fructífera. “Esto ya lo he visto antes”, debió pensar para sus adentros el seleccionador nacional. Porque hubo un tiempo en el que Manel Estiarte se hartaba de ser máximo goleador de los torneos año sí y año también sin premio colectivo.

Tuvieron que llegar los chavales, sobre todo de Madrid, para que empezasen a caer las medallas ya anunciadas en las categorías de formación (tres oros mundiales júnior en 1983, 1987 y 1991). Poco a poco, el Michael Jordan del agua se rodeó de varios escuderos de lujo y, así, empezó a nadar en las filas de la mejor selección del mundo. Algo parecido le sucedió a Jennifer Pareja, encumbrada definitivamente en la élite a partir del colectivo. También jugona, también capitana.

15 años después, otro déjà vu para Miki Oca. Sus 'Guerreras' acuáticas ganaban el oro mundialista en 2013. Qué casualidad, a Australia (6-8). Y para saldar cuentas pendientes con la historia, en las piscinas Picornell de Barcelona. ¿Qué rememoró el preparador madrileño entonces? El triunfo ante Hungría de los chicos (4-6) en 1998, con la ciudad australiana de Perth como escenario. Con Joan Jané, después seleccionador femenino, como entrenador. Otro paralelismo.

Pero en algún punto debían ser divergentes ambas selecciones de leyenda. Ese momento llegó en 2014, cuando las chicas se proclamaron campeonas de Europa en Budapest ante Holanda (10-5). Ese oro resultaba justamente el único que no consiguieron los chicos en sus años de vino y rosas. Lo más cerca que estuvieron de alcanzarlo fue en Atenas '91 (plata). Las pupilas de Oca ratificaban y reivindicaban de esta manera su propio lugar en la historia.

Así llegamos a 2016, cuando la mejor selección femenina de nuestro waterpolo vuelve a encontrarse de bruces con otro capítulo imprescindible de la leyenda de sus antecesores masculinos: el oro olímpico de Atlanta '96. De nuevo, con el actual seleccionador Miki Oca en la piscina (un gol en la final, como en el 92) y con Croacia como rival (7-5).

¿Las chicas son capaces de repetir una gesta de tales dimensiones? Por supuesto. Porque contar con el beneficio de la duda, el no ser favorito, ya supuso un guiño del destino en el pasado. Porque los pioneros masculinos, hasta ahora, han sido unos referentes inmejorables. Y porque, evidentemente, nuestras 'Guerreras' lo valen por sí mismas.