Copa del Rey de baloncesto

Cuspinera: “Si ganamos al Madrid tendrán que invitarme a pulpo”

EL ESPAÑOL habla con el técnico del Montakit Fuenlabrada, equipo revelación de la temporada, antes de medirse este viernes al Real Madrid, vigente campeón, en la Copa ACB.

Jota Cuspinera junto al banquillo del Fuenlabrada.

Jota Cuspinera junto al banquillo del Fuenlabrada. Club Baloncesto Fuenlabrada

Quizá la saga cinematográfica de “Ocho Apellidos Vascos” se inspiró en gente como Jota Cuspinera (Getxo, Vizcaya, 1970). O quizá no, pero lo cierto es que la multiculturalidad le define tanto como a los protagonistas del filme. Nació en País Vasco “por accidente”, creció en Barcelona (su padre es catalán), tiene raíces gallegas (por parte de madre) y baleares (su hermano es de Palma de Mallorca) y se curtió en Madrid. Amante de las biografías científicas, los vídeotutoriales, los cuentos y las fábulas, considera que no hay mejor historia en la que pueda verse reflejado su Fuenlabrada copero que la de David contra Goliat.

El técnico ha empezado a leer a Platón estos días. Tira de filosofía, nunca mejor dicho, para reencontrarse con el Real Madrid, donde aprendió a la sombra de Pablo Laso, este viernes (19:00, La1 y ACB.COM). El pez pequeño ya se comió al grande en el encuentro liguero de ida, así que todos se hacen las mismas preguntas en el equipo madrileño antes de intentar repetir la gesta: “¿Qué pasará? ¿Qué misterio habrá? ¿Puede ser mi gran noche?”. El propio Cuspinera intenta responder.

En tres meses como primer entrenador, ha mejorado el récord del Fuenlabrada el curso pasado y se ha clasificado para la Copa. ¿Sueña despierto?

Sí, la verdad es que estoy viviendo un sueño. Creo que ninguno nos esperábamos estar en este punto a estas alturas de la temporada. De hecho, yo sigo pensando en clave de no descender. Creo que es posible que las 11 victorias que tenemos antes del torneo sean suficientes para salvarnos, aunque el reto siguen siendo 12. Vivo el sueño con ilusión, pero teniendo los pies en el suelo y sabiendo que somos un equipo mucho más modesto de lo que indica la clasificación. Pero, por otro lado, ¿por qué no voy a disfrutar en el momento actual?

Y eso que si el equipo hubiese salido en LEB Oro, usted no habría formado parte de su cuerpo técnico…

No. Si salíamos en Oro, entendía que hasta mi contrato era inasumible. Lo más normal es que yo hubiese salido del club, no sólo por ambición personal, sino porque para el Fuenlabrada no era bueno tener un contrato como el que habíamos firmado para ACB en esa categoría. La circunstancia no se dio y yo, aunque la posibilidad de disputar la LEB Oro fuese real, siempre pensé en clave ACB.

Por lo visto, su ascenso a primer entrenador le pilló un poco de sopetón. ¿Cuánto ha merecido la pena la espera?

Mucho. Cumplo una ambición largamente buscada. Se dio de forma sorpresiva, porque nadie se esperaba que Zan (Tabak) decidiese abandonar el equipo para aceptar una oferta de Euroliga (Maccabi). Cuando se dio la circunstancia y se me planteó sustituirle, no tuve ninguna duda. Es por lo que he luchado mucho tiempo.

La etiqueta de 'novato' sólo la tiene sobre el papel. Ha sido ayudante de entrenadores como Pepu Hernández, Ettore Messina, Ibon Navarro, Pablo Laso, Luis Casimiro... ¿Qué ha aprendido de todos ellos?

Soy novato en el sentido de que ahora tomo las decisiones. En otros, creo que no. Pepu fue mi primer entrenador en ACB y me introdujo en este mundo. De él destacaría su capacidad para dirigir grupos. De Luis Casimiro, la adaptabilidad a las circunstancias. Messina me impactó desde el principio por sus conocimientos técnico-tácticos y Pablo (Laso) tiene la capacidad de relacionarse con el grupo a la vez que mantiene la exigencia. Con él he disfrutado de los títulos que ganamos en el Madrid, algo que hace esa experiencia quizás especial. Con Ibon Navarro aprendí que nunca hay que dar nada por perdido y de Zan Tabak me impresionó su carácter y su capacidad de adaptación a un club pequeño. Vio lo positivo de esta circunstancia y no sólo lo negativo del hecho de tener una plantilla quizás con menos talento que la del Madrid.

Llega la Copa y, precisamente, el Real Madrid. ¿Van a liarla en Coruña, como dijo Ferrán López?

Vamos con esa intención, pero somos muy conscientes de que el reto es tremendamente difícil. Nos toca un equipo con una plantilla increíble, un entrenador impresionante y un cuerpo técnico de lo mejor que hay. Nosotros vamos con la ilusión de competir. A veces los partidos te ponen en situaciones que no esperas, y ojalá éste nos ponga en situación de luchar ante el Madrid.

¿El alumno se ve capaz de superar al maestro por segunda vez consecutiva?

Imposible no hay nada. Todavía recuerdo el caso de alguna persona que ha recibido dos impactos de rayo en su vida (risas). La posibilidad existe y es probable que sea muy pequeña para un equipo modesto como el Fuenlabrada, pero si hay una probabilidad entre un millón, agarrémonos a ella para intentar darlo todo y ver dónde nos pone el partido.

¿Habló con Laso después de derrotarle en el Fernando Martín hace unas semanas?

Sí, todo cordialidad. Somos dos compañeros de oficio, además de amigos, y hablamos en esa clave. Le jodía haber perdido, pero me dijo que se alegraba de que, si alguien les había ganado, ese alguien hubiese sido yo.

¿La estancia en el Madrid es la que más le ha marcado de toda su carrera?

Fue la culminación de toda una trayectoria previa en el Estudiantes y en la Federación Española. En el Madrid vi y viví el baloncesto a su más alto nivel. Eso lo convierte en algo especial.

Curiosamente, su primera Copa como entrenador jefe se juega en Galicia, la tierra de su madre. ¿Razón de más para hacerlo bien?

Ojalá (risas). Le tengo mucho cariño a Galicia. Es donde he veraneado toda mi infancia, en Quintela, la aldea de mi abuela (Chantada, Lugo). Sería una motivación extra, pero detrás de otras, como el hecho de poder competir de verdad en una Copa del Rey sea donde sea y con un equipo de la zona baja, como teóricamente somos nosotros.

Si ganan al Madrid, ¿ella le preparará unas filloas?

De eso no tengo ninguna duda (risas). Si somos capaces de ganarles, tendrán que invitarme a varias cosas. Mi padre me dijo que si ganamos me manda a la puerta del hotel a la persona que hace el pulpo en las ferias de nuestra aldea para que me ponga un buen puchero. Le dije que le tomo la palabra (risas).

Casa bien con su vestuario, donde también hay muchas nacionalidades. ¿Cómo se conjunta a un equipo tan heterogéneo como este Fuenlabrada?

A base de una buena relación entre los chicos. El idioma común es el inglés, que la mayoría domina excepto algún croata que chapurrea o alguno que sólo sabe español. Se sobrelleva por la buena intención que tienen. El idioma de la cooperación es internacional. Cuando hay predisposición a ayudar y a apoyarse en el de al lado, al final la barrera idiomática o cultural es la menos importante. El buen rollo en el equipo es la clave de esa unión.

A Marko Popovic, al que acaban de renovar, le fichan recién estrenada su paternidad y gracias a la influencia de Zan Tabak. ¿Fue el legado más importante que les dejó el técnico croata?

Tuvo mucho que ver en el fichaje, pero su legado va mucho más allá de eso. Estableció las bases de trabajo desde el primer día y probablemente eso y su forma de entrenar han sido el mejor legado por su parte.

Como especialista en el tiro, ¿Popovic es uno de los mejores anotadores exteriores a los que ha entrenado?

Le agradezco el cumplido, pero soy especialista de muy pocas cosas (risas). He entrenado a muy buenos tiradores y él está entre los mejores, sin duda. Tiene un talento especial para poder anotar, especialmente de lejos. Su altura y su físico lo hacen más complicado para él, pero lo suple con un talento y un carácter excepcionales.

Jota Cuspinera da instrucciones a Marko Popovic durante un partido.

Jota Cuspinera da instrucciones a Marko Popovic durante un partido. EFE

Su discurso motivador sobre el sueño de la Copa se hizo viral. ¿Tiene pensado otro previo a los cuartos de final o esta vez irá más lejos y preparará un vídeo?

No, qué va. Salió de forma natural, del corazón. Cuando hablo, trato de hacerlo de forma espontánea. Creo que es la mejor forma de hacerlo.

¿Ya les ha llamado Raphael para invitarles a su próximo concierto?

Creo que no nos ha llamado para invitarnos ni nosotros a él para que venga a dar un concierto (risas). Su canción (Mi gran noche) se ha convertido en el himno tanto de la afición como del equipo. Los jugadores la llevan en el móvil y cada vez que hay algo que celebrar la ponen. Nos gustan las canciones porque las asociamos a algún momento importante de nuestras vidas. Si esto les ayuda a recordar este momento de felicidad relacionado con el baloncesto, bienvenido sea.

Además de banda sonora, ya tienen película de cabecera.

Sí, igual tenemos que ir a verla todos juntos (risas).

Algo que pocos sabrán es que ganó un concurso de mates cuando jugaba en el Estudiantes. ¿Cómo fue aquello?

Tenía unas piernas atléticas y era bueno para saltar. Recuerdo una vez que fui convocado con el primer equipo para un partido de competiciones europeas (la Copa Korac o alguna de estas) en el Palacio de los Deportes. Evidentemente no jugué ni un minuto, pero hice la rueda de calentamiento. Al salir del Palacio, había chavales que decían “Mira, este es el de los mates” (risas). A lo mejor se me veía pequeñito y haciendo mates diversos impactaba. Quizá tuvo algo que ver que hice salto de altura de pequeño.

También fue seleccionador nacional sub16 cuando Ricky Rubio le metió 51 puntos a Rusia para ganar el oro europeo tras dos prórrogas. Forzó la primera con su famosa canasta desde casi el centro del campo.

Tuve la suerte de ser el entrenador de aquel equipo. Nunca olvidaré el momento que me hicieron vivir esos jugadores. Disfruté a Ricky, Dani Pérez, Álex Hernández y otros muchos que no han llegado a la ACB, pero de los que guardo un muy buen recuerdo.

Ya que le encanta la filosofía, vamos a cerrar esta entrevista con alguna frase especialmente simbólica para usted.

“Cuando enseñes, enseña a dudar de lo que enseñas”.