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El capitalismo ha muerto, viva Shakespeare

El periodista Paul Mason explica que el neoliberalismo agoniza por no adaptarse a la tecnología de la información.

El capitalismo ha muerto, viva Shakespeare

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Paul Mason (Reino Unido, 1960) dice que el capitalismo ha muerto. Ha muerto porque ha dejado de adaptarse, lleva agonizando desde hace mucho -al menos, desde la crisis de 1929- y ese coleteo torpe se va manifestando en nuestras últimas desgracias como civilización: la guerra civil en Ucrania, el triunfo del Estado Islámico en Siria e Irak, el auge de nuevos partidos fascistas en Europa, la crisis económica, las hordas de refugiados. Pero, para frustración de la izquierda revolucionaria, no será cosa de ellos: el capitalismo no caerá a manos de la clase obrera, sino por el impacto de la tecnología de la información.

Mason es periodista: redactor jefe de economía del noticiero Channel 4 News, escritor y divulgador premiado. Colabora también con publicaciones como The Guardian o New Statesman. Ha recorrido el mundo, ha escrutado Europa -cubrió las elecciones de Escocia- y ahora está aquí para explicarnos que, dentro de no mucho, viviremos en un mundo basado en la economía colaborativa en el que apenas tengamos que trabajar y la mayoría de cosas serán gratuitas. “Mira Wikipedia: es el mayor producto informacional del mundo y lo han elaborado 27.000 voluntarios que no cobran por su trabajo, que destruyen de un plumazo el negocio de las enciclopedias y que privan a las compañías de unos 3.000 millones de dólares anuales en ingresos”, sostiene.

Wikipedia es el paradigma de la economía colaborativa: ha destruido el negocio de las enciclopedias y priva a las compañías de unos 3.000 millones de dólares anuales

Cree que la informática ha reducido la necesidad de trabajar y ha difuminado las líneas que separan el trabajo del tiempo libre. Además, “los mercados se basan en la escasez, pero la información ahora es casi infinita”. Esto no sólo supone un peligro para el neoliberalismo, también hace que sea “imposible volver a aquella sociedad jerárquica, movida por la propaganda e ignorante de cincuenta años atrás”, salvo que se opte por prescindir de partes importantes de la vida moderna, como sucede en China, Corea del Norte o Irán. Ahora el ciudadano es un ser humano formado y conectado.

El periodista Paul Mason, autor de Postcapitalismo.

El periodista Paul Mason, autor de Postcapitalismo.

Bienvenidos a un mundo robotizado, extrañamente cómodo y apacible, sin ansias de propiedad. Claro que “los privilegiados [el 1% que acumula tanta riqueza como todo el resto del planeta junto] tratarán de impedir la transición, la adaptación a un nuevo sistema no capitalista que, de hecho, ya están bloqueando”. Hacerle eternamente el boca a boca a un sistema económico -y vital- agrietado y moribundo, según el autor, nos llevará al cataclismo. La única certeza de Mason es que el neoliberalismo está acabado. Lo que hace en Postcapitalismo, su nuevo ensayo, es proponernos un modelo probable que sí se adaptaría a las exigencias de la tecnología y en el que el ser humano, después de todo, no tiene por qué ser útil.

¿Cómo será el trabajo en ese futuro próximo, tal vez dentro de un par de décadas? Hábleme de sus jornadas laborales, sus salarios y los tipos de empleos que aboliría.

Ese futuro se basará en la automatización, en las máquinas que aprenden, en la robótica. Si tenemos suerte, la mayoría de nosotros trabajará dos o tres horas al día. Digo “suerte” porque ya ves lo difícil que es que sobreviva el trabajo llamado “de alta cualificación” con la competencia actual. Obviamente, a corto plazo la regulación de la automatización está frenada. Nos dan miedo los cambios sociales que tendremos que atravesar para llegar a ella. En su lugar, en sociedades altamente neoliberalizadas, como EEUU o Gran Bretaña, estamos creando millones de trabajos que no son necesarios. El capitalismo está inyectando dinero a las cafeterías, a las estaciones de lavado de coche. En Gran Bretaña, hace 20 años, una estación de lavado era una máquina y hoy en día son 5 tíos. El cambio ahora está en pausa, pero ya se puede ver en algunos experimentos: en el finlandés con los salarios básicos, en el sueco con la jornada laboral de 6 horas. Tenemos que empezar a movernos mucho más rápido.

Entonces, ¿el ser humano útil o productivo pasará a ser únicamente el trabajador intelectual, creativo? En ese posible sistema, ¿tendrán más valor las profesiones de contenido cultural o artístico, algo que una máquina no puede suplir?

Depende de lo que entiendas por “valor”. Creo que valoraremos nuestra propia habilidad de crearnos a nosotros mismos. Eso sí: la diferencia clara entre el capitalismo y el postcapitalismo será que el capitalismo siempre vio la creatividad como un adorno, mientras que en un mundo donde hay poco trabajo y una autoliberalización humana mucho mayor, la creatividad, el arte, será central e intrínseca a la manera en que vivamos. No es que todo el mundo vaya a ser Picasso (sonríe), pero, por ejemplo, si entras en Etsy (es una página web de venta de objetos, como manualidades, por ejemplo) encontrarás a decenas de miles de personas que, en un período de paro tan alto y estancamiento económico, están acudiendo a lo que ellos pensaban que era un hobby para ganarse la vida.

La diferencia entre el capitalismo y el postcapitalismo es que el primero siempre vio la creatividad como un adorno y en el sistema del segundo, el arte será algo intrínseco

Claro que va a ser un reto educar a la gente para que entiendan la creatividad o la belleza como una actividad que antes hubiese sido de máquinas, pero esto es un debate antiguo para la izquierda. A mediados del sigo XIX, el utópico francés Charles Fourier dijo que el trabajo se podía convertir en un juego. Marx dijo que no. Yo creo que trabajaremos poco y jugaremos el resto del día. Por ejemplo, tu uso del móvil. ¿Cuándo diferencias que es trabajo y cuándo es algo lúdico? Es difícil contestar incluso ahora, sobre todo para los que trabajamos en el espacio de la creación digital.

Personalidad múltiple, renta básica

Usted habla en su libro de que el fin del capitalismo supondrá un nuevo tipo de ser humano. ¿Cómo será, cómo seremos?

La respuesta corta es que no lo sé (sonríe), pero es probable que ese ser humano esté formado por una red concreta de estilo de vida. En España tenéis a Cervantes, en Inglaterra, lo propio con Shakespeare. Pues bien, es probable que ellos pudieran escribir una crónica de este cambio humano. Lo que puedo decir es que el ser humano del postcapitalismo será tan nuevo como el ser humano sobre el que escribía Shakespeare: un hombre que puede anteponer el amor al deber o las ideas filosóficas a la religión. Un cambio económico radical generaría esta nueva configuración.

¿Y en las relaciones sociales, cómo desarrollaremos nuestra personalidad?

Una de las observaciones más tempranas es que la personalidad múltiple será normal. Eso sucede ya, aunque chirríe. Un ejemplo sería una película inglesa, que se llama Encuentro breve, y está ambientada en la Segunda Guerra Mundial. Dos personas de clase media, respetables, tienen una aventura amorosa. Si le dices a la gente joven de hoy en día que una mujer tiene una relación con dos hombres diferentes te dirá ¿y? ¿Dónde está el drama? Normal. Pero eso en 1940 era terrorífico. Lo mismo pasa aquí: observo a mucha gente joven que tiene varias personalidades a través de la tecnología. Bien eres un elfo en un juego online, un tipo muy interesante en tu perfil de Twitter, una persona diferente con tu socio, otra con tu novia y otra con tu amante. En la generación de mi padre era importante que el hombre fuera la misma persona en la comunidad, en el trabajo y en la familia. Si no, era hipócrita. Y no es verdad. No somos compactos, unidireccionales. Aceptar este reto es aceptar que hasta el número concreto de derechos humanos -central para el liberalismo y la democracia- puede cambiar.

¿Por qué defiende usted la renta básica? ¿No cree que puede provocar que el ciudadano se acomode y no avance, no prospere?

(Se ríe) La renta básica es la cosa más tangible y clara que debemos hacer para dar un empujón a la revolución de la automatización. Mira Uber [empresa internacional que proporciona transporte a sus usuarios a través de una app]. Uber saca dinero de los conductores hasta cuando no están conduciendo y no está mal: es una fragmentación del trabajo, una microinteracción humana. Silicom Valley, por ejemplo, quiere comercializarlo, pero no quiere pagar impuestos. Su visión de la renta básica no va a funcionar. No todas, pero muchas empresas que se llaman a sí mismas colaborativas están creando una espiral hacia abajo de valor.

La renta básica es la cosa más tangible y clara que debemos hacer para dar un empujón a la revolución de la automatización

La revolución tecnológica por la que abogo no ve a miles de hombres de clase trabajadora trabajando por menos del salario mínimo, conduciendo un coche que está facilitado por una aplicación. En su lugar, veo ciudades enteras digitalizadas, hechas inteligentes, sistemas de transportes integrados y automatizados. En otras palabras: la solución postcapitalista supone que no existan taxis, ni conductores. Ni Uber.

Dice usted que la tecnología de la información ha creado un ser humano menos manipulable por informado y permanentemente conectado. ¿Qué pasa en Rusia, entonces? ¿Y por qué en España, bien informada acerca de la corrupción del que sigue siendo el partido mayoritario, sigue votando al PP? ¿Y si, a pesar del exceso de información, ésta no es capaz de moldear el pensamiento crítico o la conciencia ciudadana?

No es fácil. El ISIS es una de las organizaciones que más trabaja en redes sociales. Y también Donald Trump (se ríe). La tecnología de la información no soluciona el problema de la derecha y de la izquierda. Da poder a la política extrema, a los lados extremos. Por eso, a esos extremos se les suele llamar “populistas”. Hay una palabra griega más correcta que es “demótico”, tiene que ver con la gente… por eso la lista de los países que han apagado la modernidad está siendo extendida ahora. Mira Turquía o, sí, China, Irán; Rusia y sus políticas censoras. No sólo encarcelan a directores de periódicos, sino que hacen intentos muy serios por frenar el flujo libre de información.

Lo que sabe Podemos

¿Por qué desconfiamos de lo gratuito? ¿Cuánto hay de control gubernamental en ello? Por ejemplo, Whatsapp y, en menor medida, Facebook (que sí tiene publicidad). ¿En el sistema que usted propone seremos más vulnerables a los sistemas de vigilancia intrusa?

Yo empleo los dos y no me importa mucho lo que sepan sobre mí, he hecho una racionalización mental y sé que gano más de lo que pierdo a raíz de las redes sociales. Sin embargo, el futuro de las redes sociales es el de compañías de propiedad pública o colaborativa. Su modelo de ingreso se basa en intentar tener la monopolización de la información. Yo creo que habría que intentar desmonetizar Facebook. Habría que pedirles que creen metadatos que sean portables, y luego sacar esos datos no hacia un competidor, hacia diez. Uno no lucrativo, otro podría ser una pyme, otro podría ser llevado por el Estado. ¿Por qué es tan revolucionario? Cada banco tiene que obedecer las mismas reglas, yo puedo coger mi dinero y mi crédito y sacarlo de un banco para meterlo en otro, pero ¿por qué no hay un competidor con facebook? Porque estos monopolios peligrosos ahora sólo pueden sobrevivir siendo monopolios únicos.

¿Qué partido político español cree que sabría adaptarse mejor a este nuevo sistema?

Bueno, mi libro tiene un enfoque global, pero hablando de España diría que, al menos, cuenta con un partido de izquierda radical que comenzó comprendiendo estos principios. Es Podemos. O, más que podemos, Ahora en Común, sus coaliciones ciudadanas menores. Ellos entienden los principios, pero la izquierda radical en España -y en muchos países europeos- no es lo suficientemente madura todavía para regular lo que está pasando y hacerse con un hueco en el Estado.

No entiendo que un partido socialista se arrastre hacia lo neoliberal de Ciudadanos cuando el liberalismo ya no funciona

Me gustaría ver una reconfiguración entre la izquierda de la democracia social (PSOE), la izquierda radical, los verdes y animalistas y los independientes políticamente, los que no pertenecen a partidos. Llámalos anárquicos. Esas fuerzas ahora mismo no tendrían mayoría en ningún país, pero el tsunami de la crisis que está por llegar en los siguientes años nos hará ver que tenemos que juntar soluciones.

¿Qué opinión le merece entonces que el PSOE haya pactado con Ciudadanos?

Bueno, el neoliberalismo de Ciudadanos está en implosión lenta. No le veo sentido a que un partido socialista tradicional se arrastre hacia lo ultraneoliberal cuando el liberalismo ya no funciona. Tenemos que aprender las lecciones de los años 30. En España, antes de la guerra civil, se formó un frente amplio de izquierda. También en Francia, donde el frente popular estaba compuesto por comunistas, socialistas y liberales. Parece irreconciliable, pero no. Tiene que ser una coalición muy amplia la que evite la crisis económica que genere una catástrofe humana.

Escocia Y Cataluña

Usted defiende el caso de Escocia, en el que millones de jóvenes, al tener la oportunidad de separarse de un estado neoliberal, votaron sí. ¿Qué similitudes y diferencias ve con Cataluña, cómo cree que se está tratando este tema? ¿En el nuevo sistema habría cabida para la ruptura de estados o el sistema colaborativo reduciría el impacto de las fronteras?

El sociólogo Manuel Castells señala que la economía colaborativa en Cataluña estuvo enfatizada por lo que la gente tuvo que hacer para sobrevivir a la crisis. 1 de cada 3 ha prestado dinero a personas que no son de su familia sin intereses. Los paralelismos entre Escocia y Cataluña no son completos, pero hay una cosa que sí predeciría: cubrí el referéndum escocés, muy de cerca, viví allí más de un mes y vi que cuando se le da a la gente que está “atrapada” dentro de un Estado con el que no comulga la oportunidad de tener una revolución gratuita; cuando entienden que pueden empezar de nuevo con un Estado propio… y ven cuánto del sistema neoliberal es informal y pertenece a redes de poder privilegiado, y está como amoldado a los otros Estados existentes… mira, lo que llevó a tantos demócratas sociales escoceses a ser proindependentistas fue la comprensión de que ellos podían aplastar a ese Estado. Podían abandonar la potencia imperialista más antigua del mundo. Y el capital entró en pánico.

En Escocia entendí que cuando a la gente se le da la oportunidad de salir de un sistema neoliberal amoldado a otros Estados y hecho de privilegios, lo hace

En cuanto a Cataluña, soy neutral porque hay demasiada división entre los independentistas… tienen una izquierda difusa. Yo creo que Cataluña tiene derecho a un referéndum. Que se separen o no de España depende de lo que pase en el Estado español. Si éste se compromete a 4 años más de neoliberalismo… adiós Cataluña.

¿Cómo de potente es la capacidad de resistencia de ese 1% de ricos para frenar el fin del capitalismo? ¿Pueden bloquearlo eternamente incluso pagando con crisis intermitentes?

Ésa es la gran pregunta. La élite verdadera, los hombres de Davos, se están empezando a dar cuenta, pero no quieren aceptar algo diferente. La gente que está en Shangai para el G20 este fin de semana se está dando cuenta de que este modelo que hemos adoptado en los últimos 25 años ya no funciona. Claudio Borio, uno de los jefes del BIS [Banco de Pagos Internacionales] publicó un escrito la semana pasada diciendo que no sabe cómo continuar, que vamos a tener ciclos de auge y caída que destruyen la productividad y, como sabéis en España, hasta la vida de una generación. Ellos entienden el problema ahora mejor que cuando empecé a escribir el libro hace dos años, pero, de nuevo, no aceptan soluciones. Ni izquierda ni derecha pueden pensar más allá del viejo keynesianismo o socialismo. Hay que pensar a través de la pregunta: ¿Hay algo diferente? Claro que mi proyecto es limitado, es sólo un esbozo, pero propongo una mezcla de estado, mercado y no mercado (economía colaborativa).

Necesitamos que el Estado proteja al no mercado, a la economía colaborativa, y la haga crecer como en su momento hizo con las factorías

La excepción es que el estado tiene que crear un espacio en la jungla sin piedad alguna para que este no mercado pueda crecer. Hace 200 años eso es lo que hicieron con las factorías, éstas no podían sobrevivir en la economía de la que originaban, tenían que estar protegidas para multiplicarse. Tenemos que hacer eso con cooperativas, redes, bancos no lucrativos, con una banca ética. Todas estas cosas que parecen accidentes o un nicho irrelevante son el sistema del futuro.