Poesía

El viaje poético a ninguna parte de PJ Harvey

La rockera viaja a Afganistán, Kosovo y EE UU junto al fotógrafo Seamus Murphy en el libro 'El hueco de la mano'. 

Kabul, noviembre de 2012

Kabul, noviembre de 2012

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Polly Jean Harvey estaba en Berlín cuando cayó el Muro en 1989 y el macro atentado islamista de septiembre de 2001 le sorprendió de gira en Washington. Diez años después emprendió, esta vez por iniciativa propia, un viaje por zonas de conflicto en busca de materia prima. Necesitaba, según dijo entonces, “oler el aire, sentir la tierra y conocer gente de países que me fascinan”. Embarcó en la aventura a Seamus Murphy, el fotógrafo que puso imágenes a su último disco, Let England Shake. El galardonado reportero gráfico no se limitó a sacar impactantes fotografías, sino que realizó doce cortos a medida de cada tema de la lograda incursión de PJ Harvey en cuestiones de guerra e identidad nacional.

Viajaron por Kosovo, Afganistán y la ciudad de Washington. Ahora lanzan la primera manifestación de su periplo entre 2011 y 2014: El hueco de la mano (The Hollow of the Hand). Es un libro de poesías e imágenes que Bloomsbury publica en inglés en cuatro distintas ediciones, incluida una de lujo a unos 500 euros por ejemplar. En España lo edita en un único formato Sexto Piso. PJ Harvey aporta ocho poemas escritos o inspirados en Kosovo, dieciséis sobre Afganistán y 10 de Washington. Fotografías en color y en blanco y negro de Murphy completan el resto de las 231 páginas de la publicación.

“Una llave tan simple y pequeña;

¿cómo puede significar ninguna posibilidad?

Una llave - una promesa, o un deseo;

¿cómo puede significar tanta desesperación?

Ahora lo único que hago es esperar, dice

Ahora lo único que hago es esperar, dice”.

La estrofa, en su traducción al castellano, cierra Chain of Keys (Cadena de llaves), entresacado de la sección kosovar. Harvey conversa con una mujer que camina junto a “quince jardines" devorados por la maleza y “quince casas” derruidas. Podría ser la misma señora de ojos profundos, mejillas hundidas y melena mal recogida que Murphy retrató en Llapushnik en junio de 1999, aunque las fechas no cuadran.

Imagen tomada en Kabul, en 2004

Imagen tomada en Kabul, en 2004

La cantante y poetisa introduce voces en sus odas, surcando la narrativa por las secuelas de enfrentamientos armados y miseria económica que ve con sus propios ojos. “¿Adónde voy?/ No tengo hogar”, le dice un chaval afgano en The Guest Room (El cuarto de invitados). Mientras conversan “una paloma gris rodea las ruinas” y un caza se dirige a la base. “Tenía un lugar/ pero llegaron visitas/ y se quedaron./ ¿Adónde voy?”, continúa el niño a modo de estribillo. Harvey no identifica a los invasores. El lector saca sus propias conclusiones.

Washington, la ciudad de las drogas

Las páginas avanzan como una road-movie poética, estableciendo conexiones entre continentes y residentes. The hand (La mano), que da título al libro, alude a la invisibilidad de los que no tienen nada. En este caso, la multifacética artista se ha detenido en alguna localidad de Afganistán, donde “la gente va y viene, mirando sus teléfonos”, pero nadie se interesa por el “papel blanco/ que reluce en la mano que pide”.

En el poema At The Airbase (En la base aérea), donde “hombres y mujeres “ con gafas de sol “apuntan sus armas hacia las llanuras”, los chiquillos afganos les gritan: “Dólar Míster, Dólar Míster". Varias hojas después, en la capital política de la primera potencia mundial, “una paloma solitaria repite sin cesar tres notas:/ una monedita, una monedita”.

Harvey describe Washington en Sight Seeing, South of the River (Haciendo turismo, al sur del río). Poetisa y fotógrafo se acercan a Benning Road, “el célebre sendero de la muerte” y hacen una parada en un café. “Bueno, ésta es la ciudad de las drogas”, escribe, “puros zombies” y añade adoptando el argot del área: “Montones de tiendas de pelucas, montones de mamitas solteras, como les dicen”.

El germen de su nuevo disco

The hollow of the hand se intuye como la primera entrega de las impresiones que más impactaron a Harvey y Murphy en sus visitas a localizaciones desoladas. En la parrilla aguarda el disco que ella grabó este año al regresar a Inglaterra. Esa experiencia fue también insólita. Durante dos meses, entre enero y febrero, la cantante e instrumentalista trabajó con sus músicos y productores cara al público en los sótanos de Somerset House, centro cultural de Londres.

Banda y técnicos faenaban detrás de dos cristaleras mientras grupos de unas 50 personas observaban y escuchaban el progreso del noveno disco de estudio de la reputada artista. Entre los temas en marcha entonces se oyó The Ministry of Social Affairs, cuyo origen se remonta quizá a Afganistán. Al menos así lo sugiere el poema The Beggars (Los mendigos), que habla de amputados y del constante bullicio junto al ministerio de Asuntos Sociales.

PJ Harvey presenta su libro, en un recital de poemas y música, el fin de semana en el Royal Festival Hall, de la capital británica Londres. Este viernes 9 cumple 46 años.

Ella se agacha en las barricadas

con una cara de luna

y ni sonríe ni llora.

Los canalones desaguan en las calles.

El aire, espesos humos grises.

El cielo se oscurece.

Tres filas de tráfico bordean

el Ministerio de Asuntos Sociales. 

Un amputado y una perra embarazada

están sentados junto a jóvenes con brazos atrofiados.

Algunos andan de puerta en puerta

pidiendo pan.

Los cambistas

están sentados junto a sus gabinetes cerrados de vidrio.