F. J. R.
Publicada

El otoño es, sin duda, una época fabulosa para viajar y una temporada mágica para explorar ciudades del mundo. Es un momento en el que la naturaleza ofrece un espectáculo único de colores.

A medida que las temperaturas bajan y los días se acortan, las ciudades se transforman en paisajes de rojos, naranjas y amarillos que invitan a pasear con calma y disfrutar de cada rincón.

La estación más bonita para disfrutar de Múnich es el otoño, cuando la ciudad se convierte en un auténtico espectáculo de colores. Sus parques y zonas verdes son testigos de esta transformación.

Ostpark fue creado en la década de los 60, es un gran pulmón urbano en el este de la ciudad. Con praderas, un lago, colinas boscosas de álamos y sauces, además del arroyo Hachinger Bach, conforma un entorno perfecto para disfrutar del otoño.

Múnich, cosmopolita y encantadora, equilibra lo moderno y lo tradicional. La Marienplatz, con el Antiguo y el Nuevo Ayuntamiento y su famoso carillón; la Frauenkirche, con sus cúpulas verdes; y el Viktualienmarkt, un festín para los sentidos.

A ello se suman las elegantes calles comerciales como Ludwigstraße y Maximilianstraße, y barrios vibrantes como Glockenbachviertel y Gärtnerplatz.

El Jardín Inglés, en Múnich. Cedida

En otoño, Praga parece diseñada para el romanticismo y la contemplación artística. Los cisnes en el río Moldava y los tonos cálidos que bañan los tejados del barrio Malá Strana crean un paisaje digno de un cuadro.

Destacan las torres que sobresalen de la Ciudad Vieja, como la Torre del Reloj Astronómico o las de la Iglesia de Nuestra Señora de Týn. También monumentos como la Iglesia de San Nicolás, el Clementinum, el Rudolfinum o la Casa Municipal adquieren una atmósfera especial en esta estación.

La Torre de la Pólvora, a la entrada de la Ciudad Vieja, es otra parada imprescindible. Todo el casco histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, se llena de matices románticos en otoño.

La ciudad de Praga. Cedida

Vermont es considerado el espectáculo del follaje. Los estados de Nueva Inglaterra son célebres por sus increíbles paisajes otoñales, y Vermont ocupa un lugar privilegiado entre ellos.

Casi dos tercios del estado están cubiertos de bosques que, en otoño, se tiñen de rojos, naranjas y amarillos intensos.

Las Green Mountains, parte de los Apalaches, ofrecen uno de los espectáculos naturales más hermosos del mundo.

En Montpelier, la capital estatal más pequeña de Estados Unidos, destacan parques como Hubbard y North Branch, que permiten practicar senderismo o ciclismo de montaña entre colores otoñales.

La ciudad, además, sorprende con su vida cultural, museos y la Casa del Estado, cuya cúpula dorada resplandece aún más bajo el sol otoñal.

Kioto destaca por la presencia de templos y una naturaleza en armonía. En otoño, se transforma en un lienzo de rojos ardientes, naranjas vibrantes y dorados que enmarcan sus templos y jardines, creando un ambiente único donde naturaleza y cultura se entrelazan.

Templo Kiyomizu-dera, en Kioto. Cedida

Kiyomizu-dera es uno de los templos más icónicos de Japón, ofrece vistas panorámicas de la ciudad y las colinas circundantes, con su famoso escenario de madera sobresaliendo de la ladera.

Tofukuji es conocido por sus jardines, su puente Tsutenkyo brinda una de las vistas más famosas del otoño japonés.

Eikando es famoso por sus arces, un verdadero paraíso para los amantes de los tonos rojizos y anaranjados.

El Cantón de Berna es una joya escondida en el corazón de Suiza, un destino que combina perfectamente la belleza natural de los Alpes con una rica herencia cultural e histórica.

Como segundo cantón más grande de Suiza, Berna ofrece una diversidad sorprendente, desde su capital medieval catalogada como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO hasta impresionantes paisajes alpinos que atraen a viajeros de todo el mundo y en especial en otoño.

Berna se beneficia enormemente de sus abundantes recursos hídricos. El cantón está atravesado por el río Aare, que forma un bucle natural alrededor del casco antiguo de la capital y ofrece oportunidades únicas para actividades recreativas.

La ciudad de Berna, capital del cantón y de Suiza, es un tesoro medieval perfectamente conservado que fue reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1983.

El casco antiguo se caracteriza por tener un gran número de lagos. El Lago Thun es ideal para deportes acuáticos y cruceros panorámicos. El Lago Brienz, conocido por sus aguas de color turquesa y paisajes montañosos. Y el Lago Biel/Bienne, compartido con el cantón de Neuchâtel, famoso por sus viñedos circundantes.

Quebec es particularmente deslumbrante en otoño por su radiante follaje otoñal y las cosechas de frutas y vinos en las zonas agrícolas.

Su casco antiguo, declarado Patrimonio de la Humanidad, se transforma durante el otoño. Las calles empedradas y la arquitectura colonial se mezclan perfectamente con los colores vibrantes del otoñal, creando un ambiente único.

El Parque Nacional de la Jacques-Cartier, cercano a la ciudad, es uno de los mejores lugares para disfrutar de los paisajes de Canadá en otoño. Las montañas cubiertas de árboles de hoja caduca crean una impresionante paleta de colores, lo que lo convierte en un destino ideal para aquellos que disfrutan de la naturaleza.

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