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Entretener aprendiendo: cuatro planes diferentes para niños en la Comunidad de Madrid

Ciencia, naturaleza y diversión. La región ofrece un sinfín de actividades para los más pequeños. Les mostramos cuatro ejemplos.

Entretener a un niño (o a varios) es una tarea tan gratificante como exigente. Hay muchas cosas a tener en cuenta, empezando por la edad, los gustos, o lo ‘movidas’ o no que sean las actividades previstas. Afortunadamente, las opciones que tenemos en la Comunidad de Madrid son casi inabarcables pero, ¿cómo ser originales, cómo ofrecer una alternativa realmente diferente que les guste a ellos… y a nosotros, de paso? Se trata de ofrecerles algo divertido pero, por qué no, también de estimularlos, de ponerles en contacto con la naturaleza y de gamificar, en cierto modo, aspectos educativos. Con estas propuestas querrán repetir.

Donde la ciencia se ve y se toca

Uno de los ejemplos más claros de esta filosofía es el MUNCYT, el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología, un espacio ubicado en Alcobendas, a escasos 15 kilómetros de la capital. Se trata de un edificio que llama la atención desde la distancia por su cúpula plateada. Pero realmente las sorpresas se multiplican en el interior, donde la esencia son las colecciones que hablan del desarrollo científico y tecnológico impulsado por la humanidad a través de objetos históricos desde el Renacimiento hasta nuestros días. Es un viaje apasionante que explica y contextualiza muchas de las aplicaciones que hoy resultan cotidianas como la telefonía, la radio o los transportes, por ejemplo.

Además de mostrar este patrimonio, para el MUNCYT otra de sus grandes misiones es “la educación científica”, como explica Emilio Bande, del Departamento de Comunicación y Difusión del museo. Para ello la institución cuenta “con un amplio programa de exposiciones y de actividades para todos los rangos de edad”, aunque está claro que la parte más llamativa para los visitantes es en la que todo este conocimiento se pone a prueba y que resulta particularmente atractiva para los más pequeños: “Tenemos también esta parte más experimental en la que hay unos 90 módulos interactivos relacionados con las piezas históricas”.

El efecto que hace que vuele un avión o ver las ondas de sonido 'dibujadas' en fina arena son algunos de los módulos en los que el público infantil -aunque todos acabemos toqueteando- pueden comprobar cómo la teoría se hace literalmente tangible ante nuestros ojos.

Además, el museo aún guarda un par de ases en la manga. Por un lado, las exposiciones temporales. En los últimos meses se ha mantenido una sobre “la llegada del ser humano a la Luna en el 69 como gran hito de exploración espacial con la historia de la tecnología que lo hizo posible a través de los fondos de la colección del museo”, como explica Eduardo. Para finales de otoño, el MUNCYT ya prepara otra muestra sobre Arturo Duperier, “uno de los grandes científicos españoles del siglo XX que no es muy conocido pero que jugó un papel fundamental en el campo de la física”.

Y volvemos a la cúpula plateada, el broche de una visita que tiene dentro todo el firmamento. Esa, al menos, es la ilusión que ofrece el planetario que supone el colofón al museo y desde el que, casi casi, tocar cualquier cuerpo celeste, tan cercanos parecen.

Tierra de duendes

Del mundo de la ciencia a la tierra de la magia y los duendes. Si el llamativo edificio del MUNCYT nos saluda desde la distancia, en el caso de El Bosque Encantado, en San Martín de Valdeiglesias, hay que afinar más la vista. Es verdad que el entorno da pistas acerca de su ubicación, pero nada prepara para lo que nos espera al franquear las puertas del recinto, como una invitación a un territorio de fantasía.

¿Qué lo hace tan especial? Responde María José Flores, responsable de la organización de grupos en el parque: “El Bosque Encantado es un jardín de esculturas vegetales que se ubica en una antigua finca de cultivo y que tiene más de 300 figuras organizadas en diferentes sendas temáticas que van desde la mitología, los cuentos, etc. Además, hay muchas fuentes y espacios para disfrutar en familia”.

Sin verlo cuesta difícil hacerse una idea pero, puestos a hacer un ejercicio de imaginación, les proponemos un juego: ¿qué es lo que une a Rafa Nadal con los Beatles, Blancanieves o un tiranosaurio? En El Bosque Encantado está la respuesta: la piel vegetal que cubre sus figuras, perfectamente reconocibles, de estos y muchos otros personajes de la actualidad y de la imaginería colectiva. Es el presente de un lugar que nació de la casualidad, como explica María José: “Fue la idea de una persona aficionada a la jardinería que empezó a hacer esculturas vegetales en el pequeño jardín de su casa y pensó en ampliar la idea en un espacio grande y compartirlo”.

Y hoy este jardín botánico tan único es una de las atracciones más conocidas en una zona que ya por sí está dotada de un inmenso potencial turístico y gastronómico. Además, para el público infantil, la instalación tiene un componente especial en el que se mezcla la “fantasía y el aprendizaje de la naturaleza: hay casitas de hadas y de gnomos que los niños pueden buscar entre la vegetación y zonas para relajarse y poder leer un cuento y disfrutar en familia”.

La imaginación de la persona que puso en marcha este proyecto no se detiene, como cuenta María José. Fruto de ello el parque ha ido incorporando paulatinamente nuevas figuras o nuevos espacios, como la reciente colección de minerales. Son ideas para mantener viva la chispa de un lugar mágico que, además, tiene un encanto diferente según la época del año. Lo único que no cambia es la tranquilidad de los duendes y la dificultad para salir del laberinto vegetal que desafiará a los más osados visitantes.

¡Huele a cosas!

Si por tranquilidad se entiende el silencio, desde luego Burrolandia es de todo menos tranquilo. No podía ser de otra manera porque en este recinto, ubicado en Tres Cantos, viven caballos, ovejas, cabras, gallinas, patos, pavos reales, gatos, perros e incluso una vaca watusi y una cierva que, por otra parte, es una de las veteranas del lugar. Y por supuesto, burros, claro, que es lo que da nombre no solo al lugar sino a la asociación sin ánimo de lucro que dio origen a esta idea que nació del amor por los animales en 1996 y que, actualmente, es uno de los lugares más visitados por las familias en toda la región.

“Venir aquí un domingo es un plan maravilloso”, cuenta Patricia Romero, secretaria de Burrolandia. “La mayoría de los niños no saben o no tienen un contacto directo con animales, hasta el punto de que algunos te confunden una oveja con una cabra o un burro con un caballo. Es un plan gratuito, cerca de Madrid, a los padres les permite acercar el mundo rural al niño, que se va con una vivencia diferente… ¡huele a cosas! Todo son sensaciones nuevas para ellos”.

La clave es la cercanía, la posibilidad de interactuar, el contacto directo que se establece entre los visitantes y los animales. Se trata, como resume Patricia, de “acercarse, tocar, sentir, manipular…”, algo que facilitan las verduras que se pueden adquirir allí mismo y con la que “la cabra se te sube hasta aquí o el burro parezca que te da besos”.

Para todos es una experiencia diferente. Para los niños, por lo que supone estar en contacto con los animales y para estos, tener una segunda oportunidad ya que “muchos vienen de incautaciones judiciales o de situaciones de maltrato o de abandono”. Una noble causa a la que se puede contribuir con los donativos los días de apertura y, sobre todo, con el respeto hacia estos vecinos tan bulliciosos y divertidos.

La fresa que corona el pastel

La expresión popular habla de la guinda como la fruta que corona el pastel. Pero nosotros les vamos a proponer cambiar y colocar una fresa como colofón a estos planes para niños por la Comunidad de Madrid. Y si es una fresa ecológica y recogida por uno mismo, mejor. Finca Monjarama (San Sebastián de los Reyes) es el lugar indicado para ello. Se trata de un terreno de producción que, en contra de lo que pudiera pensarse, es un sitio perfecto para llevar a los niños.

“Es una actividad perfecta para ellos porque las fresas, de todas las frutas es la más amigable para los niños pequeños. Es una planta que está a su altura, que no les va a pinchar ni van a tener problemas para recogerlas, solo basta con la presión de sus dedos. Al final acaban muy contentos porque sienten que hacen un trabajo y se sienten como mayores”, explica Amelia Oreiros, colaboradora en Finca Monjarama.

Al llegar, tanto niños como mayores reciben unas breves indicaciones de cómo recoger la fruta. A continuación, se puede comprar una caja de cartón de dos tamaños para ir llenándola y, a partir de ahí, a disfrutar con la actividad, sin límite de tiempo. Para muchos de estos pequeños recolectores es casi una lección de vida, un contacto directo con la naturaleza de un alimento que generalmente llega a nuestra mesa sin delatar este origen que, en realidad, nos queda tan próximo. Tanto, que habría quien no pueda esperar a llegar a casa para comérselas.

Aunque la fresa es el gran reclamo, según la temporada Finca Monjarama también ofrece una experiencia similar con la uva, a partir de septiembre. Entre las actividades que propone el vivero está incluso la de pisarlas como si de una vendimia al uso se tratara. Y de cara a Halloween, calabazas, que los niños pueden buscar en la plantación y llevarse a casa. Es una forma divertida, enriquecedora y diferente de entretener a los más pequeños y, de paso, a los padres, que también disfrutarán lo suyo. Más información en turismomadrid.es.