Que a las mujeres se les haya educado desde tiempo inmemorial para agradar, cuidar y no levantar la voz las ha dejado en una posición de vulnerabilidad extrema que se sigue perpetuando. Aunque hablemos de una mujer trabajadora, emancipada, independiente y profesional este sino parece intrínseco a su género y las ha hecho caminar por la vida desarmadas, respondiendo con sonrisas o silencios a la enésima muestra de machismo, haciéndose las tontas por no desentonar.

Noticias relacionadas

En esa crianza histórica en la que su rol no era otro sino cuidar de su marido y su familia, la mujer ha escuchado infinidad de veces que hay que aguantar, que conviene tener paciencia y empatía, que será mejor dejarlo pasar para no armar follón. Que él te quiere, pero a su manera, y que está muy ocupado para hacerse cargo de esas nimiedades. Que tu deber es no darle preocupaciones.

Con estas premisas grabadas a fuego y pasando de generación en generación es habitual que la mujer no sepa dónde están las líneas rojas. Que no sepa qué es lo que hay que aguantar y ante lo que hay que plantarse. A algunas personas les parecerá que la respuesta es simple porque han ido adquiriendo esas armas necesarias para el trayecto vital —o nacieron con ellas—  y a otras, literalmente, no saberlo les ha costado la vida.

"¿Dónde están los límites?"

La escritora Alena Kharchanka ha procurado contestar a esta pregunta con un hilo hilvanado desde su cuenta de Twitter. En una sucesión de tuits comparte las preguntas que le ha formulado una joven al respecto, recuerda sus propias experiencias con hombres que tenían poder sobre ella e intenta ofrecer una respuesta que ha conseguido despojar de complicaciones.

Kharchanka expone que la joven admitía que le costaba saber "cuándo algo es correcto y cuándo no". Si un chico estaba siendo excesivamente cariñoso con ella o realmente era lógico que su actitud fuese incómoda para ella:

Kharchanka volvió la vista atrás para regresar a la piel de aquella mujer joven y vulnerable que tenía que lidiar con jefes, alumnos y hombres poderosos que la acosaron sexualmente y procuraron manipularla sin que todavía, quizás, se hubiese acercado al feminismo:

También apunta Kharchanka a todos esos lugares comunes de los que se había impregnado, como tantas otras mujeres, para sobrevivir: sonríe, sé educada, hazte la tonta, son imaginaciones tuyas, no te pongas tensa, no te enfades y no ofendas a nadie si quieres seguir labrándote una carrera.

Por supuesto, la escritora pasó por las "relaciones tóxicas" y todas aquellas cosas que una pasa por alto porque "me quiere":

"El límite eres tú"

Vuelve Kharchanka sobre la figura de la joven que pregunta. Una chica de 25 años que pregunta dónde están los límites. Y la escritora, basándose en su experiencia vital, ofrece la lección definitiva: