Hay estudiantes (afortunados) que consiguen llegar a las semanas finales de exámenes con los deberes hechos, relajados y con todo el tiempo del mundo para repasar tranquilamente las asignaturas. La gran mayoría, sin embargo, se enfrenta a 15 días de lucha contra el reloj para llegar a tiempo a las fechas de entrega, organizar montones de apuntes varios y no perderse entre esquemas y mapas conceptuales.

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Para que no cunda el pánico y los más rezagados logren enmendar el desaguisado a tiempo, hemos recurrido a dos expertos para que tracen un plan de estudio. Estas serían las pautas básicas a seguir si ya has holgazaneado por encima de tus posibilidades para preparar la PAU y los exámenes finales: 

1. Fijarse un calendario y unos tiempos de trabajo (y cumplirlos)

"A la hora de ponernos a estudiar debemos seguir una metodología sistemática, constante y organizada", explica a EL ESPAÑOL el psicólogo educativo Antonio Labanda. Una buena forma de empezar es crear una plan distribuyendo un tiempo concreto para cada actividad. "El calendario-horario tenemos que cumplirlo, así que debemos hacerlo desde un punto de vista maduro, reflexivo y realista". 

Es recomendable dejar esa planificación a la vista, "para tenerla como referencia", y cada vez que vayamos cumpliendo alguno de los pequeños objetivos fijados podemos auto recompensarnos con pequeños gestos. "He estado concentrado y me he organizado bien en las últimas horas, pues me regalo una onza de chocolate". 

2. Empezar el estudio por una asignatura que no resulte muy difícil 

Tan importante como el tiempo que se dedica al estudio, señalan los expertos, es la forma de enfrentarse al temario. Labanda, por ejemplo, recomienda "primero hacer una lectura general y superficial para entender de qué va la materia; después una lectura de comprensión más en profundidad; en tercer lugar iremos subrayando las ideas principales y las secundarias, y por último pasaremos a hacer resúmenes o esquemas. Lo que prefiera cada uno. 

Lo mismo ocurriría con el orden de las asignaturas a las que nos enfrentamos: "La primera asignatura en el plan debería ser una que tenga una dificultad media para mi", señala el psicólogo Antonio Labanda. "Esa clasificación, claro, será diferente para cada estudiante, porque donde uno ve mucha dificultad en las Matemáticas otro la encuentra en la Filosofía". Después de enfrentarnos a una materia de dificultad media pasaríamos a una que nos resulte muy complicada y terminaríamos la jornada con una asignatura de dificultad baja. 

3. Subrayar, repetir conceptos en voz alta, hacer resúmenes y esquemas sigue funcionando 

El psicólogo educativo Jesús Ramírez explica que "cuanto más sentidos intervengan en el estudio, más duradero va a ser el aprendizaje". Para ello, el método que recomienda, y que define como periodístico, consistiría en "recopilar la mayor información posible y plasmarla por escrito. Luego les aconsejo que hagan un resumen de toda esa información y, por último, que lo esquematicen a modo de titular de la noticia". 

Ramírez, con más de 34 años de trabajo en el colegio Fuentelarreyna de Madrid, recuerda que algo que suele comentar a sus alumnos es "que si les hablo de un cuadro como Las meninas pueden llegar a explicarlo con mis palabras pero, que si lo ven una sola vez, no lo van a olvidar jamás y, además lo van a saber explicar con las suyas. A la hora de plasmar el contenido en el examen, les sugiero que empiecen recordando el esquema o el mapa conceptual, luego que hagan un resumen y, por último, que se enrollen". 

4. Hacer caso a las madres y ordenar la habitación 

Aunque te cueste reconocerlo, dentro de esa organización que se recomienda para el aprendizaje entra también la armonía que debe tener el lugar habitual de estudio. Ese orden, señalan los psicólogos, no será el mismo para cada persona -"cada uno tiene su estándar determinado"- pero sí ayudará a crear un clima adecuado para la tarea que tenemos entre manos. 

Ramírez, por ejemplo, sugiere a sus alumnos que "aunque sea un orden caótico, sepan dónde tienen cada cosa y cómo encontrarla de un solo golpe de vista". Además, como autor de libros de psicología en la cocina, "les explico la importancia del mise en place, es decir que preparen todos los ingredientes y materiales antes de empezar a cocinar, o en este caso a estudiar, para que encuentren todo en orden y ya preparado". 

Esa organización, continúa Ramírez, también debemos tenerla muy presente cuando estemos frente a la hoja en blanco de las pruebas.  "Uno de los consejos que yo suelo dar a mis alumnos es que la limpieza y el orden es fundamental para hacer un examen del tipo de la PAU", recuerda el psicólogo. "Deben dejar márgenes tanto superiores como inferiores y laterales para poder anotar a lápiz las ideas que vayan fluyendo y poder incorporarlas al texto del examen". 

5. El móvil a un cajón o fuera de la habitación

Uno de los mayores males de nuestro tiempo para la concentración son las distracciones que nos llegan a través de los dispositivos móviles. "Habrá tiempo para todo", explica Labanda, "pero seguro que la respuesta a ese WhatsApp no corre tanta prisa y puedes retomar el contacto con tus amigos cuando termines el plan que te has fijado. 

En este sentido el psicólogo aconseja evitar tentaciones dejando, por ejemplo, el teléfono móvil alejado de nuestra vista. "Estudiar exige una autodisciplina y si me he planteado cumplir una hora de estudio, esa hora que empleo debe ser real y no estar influida por variables externas o ruidos que puedan alterar mi atención". 

6. Pasear, airearse y dejarse de bebidas energéticas

Un error habitual cuando uno se ve inmerso en estas jornadas de estudio maratonianas es no descansar correctamente y dejar ejercitarse, pero ambas cosas resultan fundamentales.  "Los estudios en neurociencia", explica Labanda, "indican que hacer una actividad física, aunque sea sencilla, antes de estudiar contribuye a mejorar el proceso de aprendizaje". Por ello los psicólogos animan a dar un paseo entre asignatura y asignatura o antes de sentarnos en el pupitre -"algo que nos nos derrote, pero que prepare nuestro cerebro para el estudio"- ventilar la habitación cada cierto tiempo e hidratarse bebiendo agua. 

"El mejor consejo -explica el psicólogo Jesús Ramírez- "es que la noche anterior al examen, se vayan a mirar las estrellas con sus mejores amigos y se olviden del examen, que no tomen ninguna sustancia como café, colas o Red Bulls porque van a actuar en su contra". 

7. Poner en común lo aprendido 

Aunque dependerá del tiempo de asignatura y de cada estudiante, los psicólogos sí recomiendan "poner en común lo aprendido, con otros compañeros y con uno mismo porque una de las claves de la memorización es la repetición, y si se hace con otra persona, también implicada, además de repetir, podemos ampliar el contenido", señala Ramírez.

En el caso de estar estudiando una asignatura práctica de contenido matemático o físico Labanda cree que es fundamental "tener una hoja cerca como borrador para hacer anotaciones, cuentas o ir resolviendo problemas". 

8. Sobreponerse al "No me sé nada"/ "No me da tiempo"

El Servicio de Psicología Aplicada (SPA) de la UNED recoge, en una guía para mantener bajo control la ansiedad durante la época de exámenes, que "cierta dosis de ansiedad es buena y necesaria" ya que durante miles de años la ansiedad ha sido la respuesta del cuerpo humano a un situación hostil. "El hecho de estar tenso hace que percibamos, pensemos, actuemos con mayor claridad", explican. Entre las técnicas que aconsejan para enfrentarse a la ansiedad está "planificar objetivos a corto, medio y largo plazo" y que estos sean realistas para evitar sentimientos de frustración.

Para no dejarse arrastrar por los pensamientos negativos y el desánimo, desde SPA recomiendan crear una lista de autoafirmaciones. Es decir, una especie de frases motivadoras que contribuyan a superar las dificultades con mejor talante. Algunas de las que proponen son: “"El examen puede ser una situación difícil, pero puedo hacer cosas para manejarlo" o "No voy a pensar en mi ansiedad, sino simplemente en lo que debo hacer". 

Y para que todo sea más fácil, recuerdan, debemos entender el estudio no como una carga, sino como "un elemento de formación y crecimiento como personas".