Quienes han cursado y finalizado una carrera universitaria conocen de sobra los pasos a seguir para poder cerrar el ciclo: abonar el precio establecido y ataviarse con la tradicional toga y birrete para formar parte, junto con todos sus compañero de promoción, de la estampa que les recordará –probablemente más a sus progenitores, que serán quienes la guarden y enmarquen– durante el resto de sus días que se titularon.

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Compartir ese espacio impreso plagado de caritas sonrientes con personas que años después se han convertido en todo un referente en su campo, o, simplemente, alguien que acaba haciéndose famoso e incluso 'sale en la tele'; resulta, generalmente, reconfortante. Pero esta sensación está muy lejos de superar el orgullo que supone para centenares de licenciados de la Universidad de Málaga el formar parte de la foto de la orla más original del mundo: aquella en la que el profesor Agustín Antúnez Corrales posó con su gato.

Aunque han pasado más de 10 años desde que Antúnez no acompaña a ninguno de los cursos en su imagen grupal de fin de carrera, quienes fueron sus alumnos siguen recordando a menudo en las redes sociales aquella simpática y espontánea imagen del docente posando sonriente, luciendo una frondosa barba y acompañado de su entrañable gatito, que ayuda a más de uno a reponerse ante las adversidades de la vida. Y no precisamente por lo 'friki' o 'cómico' de su rostro en medio del recopilatorio fotográfico.

El último tuit que compartía la imagen ha recopilado más de 3.300 retuits y cerca de 4.000 'me gusta', trayendo a la memoria de muchos de los que fueron alumnos, compañeros o simples conocidos, la agridulce historia de aquel Doctor y profesor de Biodiversidad y Conservación en el Departamento de Biología Animal de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Málaga que fue expulsado de su cátedra y terminó internado en un psiquiátrico tras haberse posicionado y manifestado públicamente en contra de determinadas normativas y leyes estatales. "Mi ‘locura’ fue, y es, denunciar y alegar contra todos los proyectos irracionales que pretenden seguir destruyendo el territorio de la Provincia de Málaga y de la milenaria Andalucía", relataría meses después el propio Antúnez desde su exilio forzoso a México.

Al manicomio por activista

"Defendamos a quienes tienen la dignidad de resistir y levantar la voz contra un sistema que destruye el planeta y extermina los pueblos. Hacemos responsables a las autoridades de la Universidad de Málaga, a jueces y representantes oficiales implicados en este acto de terrorismo estatal", decía la polémica carta redactada por Antúnez que le costó no solo el empleo sino unos cuantos meses de internamiento: “Yo también soy terrorista, porque soy ciudadano y funcionario (Profesor de Biología) de un Estado cuyo sistema económico destruye, cada vez con más ahínco, las bases que sustentan la supervivencia Humana en todo este precioso planeta llamado La Tierra”.

Tras su difusión, la Universidad optaron por abrirle expediente y retirarle la cátedra, castigo al que Antúnez respondió con una huelga de hambre y tres días de encierro en su despacho como forma de protesta. La tercera noche los responsables de los altos cargos de la facultad entraron acompañados de la policía y de un psiquiatra forense y se lo llevaron esposado.

Horas después, los miembros del grupo de Investigación en Simbiodiversidad de la Universidad de Málaga, formado por compañeros de profesión y alumnos firmantes también del escrito, pusieron en marcha una campaña para recaudar firmas de apoyo al docente. "Difundir panfletos, sostener que los estudios de Ciencias de la Naturaleza deben hacerse en la naturaleza y no desde las aulas, vestir con sandalias y llevar el pelo largo, moverse a todas partes en bicicleta y no en coches deportivos como sus compañeros catedráticos... denunciar a las empresas contaminantes, denunciar la explotación que sufren los países empobrecidos, sus gentes y sus tierras, a manos de las multinacionales. Ese es el delito de Agustín Antúnez Corrales, Doctor en Biología Animal de la Universidad de Málaga", escribían sus compañeros.

Fue Manuel Pérez Acedo quien relató en abril de 2005 en el periódico Diagonal, en una breve columna a modo de apoyo para el artículo 'La epidemia de trastornos mentales' de Guillermo Rendueles Olmedo, que "el militante, ecologista y profesor en la Universidad de Málaga, fue suspendido de su cátedra y atendido en su despacho por la policía y un equipo médico que, in situ, le diagnosticó una crisis nerviosa internándole en un psiquiátrico".

Tal y como se recoge en la noticia, la dirección de la Universidad y sus compañeros alegaron que la salud del profesor comenzó a empeorar al comienzo del segundo trimestre, supuesto estado que sus alumnos y amigos negaron rotundamente asegurando que había sido expulsado de su puesto "por su activismo en contra de la Constitución europea". El texto incluía un email al que podían remitirse cartas y denuncias para exigir la libertad de Antúnez. La cobertura mediática del suceso resultó prácticamente nimia.

Mi ‘locura’ fue, y es, denunciar y alegar contra todos los proyectos irracionales que pretenden seguir destruyendo el territorio de la Provincia de Málaga y de la milenaria Andalucía

Fue el propio profesor quien denunció en mayo de 2006 en la plataforma Red Libertaria la injusta situación a la que se estaba enfrentando al descubrir que, un año después de abrirle expediente y despedirle, las autoridades seguían insistiendo en el necesario encarcelamiento psiquiátrico de su persona: "Mi nombre es Agustín Antúnez. Soy Profesor de Biodiversidad y Conservación en el Departamento de Biología Animal de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Málaga; pero este mensaje lo estoy escribiendo desde México, país al que me he visto obligado a exiliarme ante una segunda amenaza de encierro forzoso en un hospital psiquiátrico, en el que ya estuve encerrado, aislado e incomunicado durante un mes la primavera pasada, y fuertemente medicado varios meses más".

El profesor Antúnez falleció el 28 de marzo del año 2015.

El incomprendido amante de los gatos

Desde entonces, las muestras de cariño no han dejado de llegar a través de redes sociales y distintas plataformas como el orbituario digital abierto aún a todo aquel que quiera dedicarle unas palabras al políticamente incorrecto profesor como las que recuerdan que era "generoso, expansivo, seductor, radiante, entusiasta y sabio", "tan incomprendido y rechazado por unos, como adorado y seguido por otros", "pensador, inconformista y, sobre todo, luchador", para el que "'alumno' podían ser todas las personas a las que les interesase aprender lo que él podía enseñar".

Hay quienes incluso le han querido rendir homenaje compartiendo en YouTube un pequeño fragmento de una de sus clases en el que podemos ver al profesor haciendo alarde de sus originales técnicas de enseñanza al poner un ejemplo a los alumnos a base de zapateados y palmas.

"La represión psiquiátrica, ha sido y es un método muy utilizado por diferentes gobiernos contra la disidencia (ver en el buscador de internet: 'represion psiquiátrica' y 'psychiatric repression')", finalizaba el profesor en aquel escrito publicado desde el exilio donde a muchos les gusta pensar, estaría bien acompañado por su querido felino.