Hace apenas un año que Ana Martín, de 34 años de edad, abrió las puertas de su tienda de comida y ya se ha convertido en un referente para quienes buscan almuerzos rápidos, caseros y económicos en La Algaba.
Con una inversión inicial modesta y una visión clara, Ana ha apostado por los platos preparados como alternativa a la comida rápida y asegura que "los platos preparados son el futuro; por 3 euros te quitas el almuerzo".
Ana confiesa que la idea surgió de su propia experiencia. "Trabajaba muchas horas fuera de casa y siempre me costaba encontrar algo saludable y barato para comer. Por eso pensé que si yo lo necesitaba, seguramente muchas otras personas también".
Con solo 34 años, decidió abrir su negocio en febrero de 2025 y, desde entonces, no ha dejado de crecer.
Su propuesta se centra en platos caseros, elaborados diariamente con ingredientes locales. Entre los más vendidos destacan el estofado de ternera, las croquetas caseras y los guisos tradicionales sevillanos, todos por un precio que ronda los 3 euros.
La solución al ritmo actual
El concepto de Ana responde a una tendencia creciente: la búsqueda de soluciones rápidas sin renunciar a la calidad. "La gente no siempre tiene tiempo de cocinar. Yo ofrezco un almuerzo completo que se puede calentar en minutos, por un precio accesible. Eso es lo que nos diferencia", explica.
Según Ana, los platos preparados permiten ahorrar tiempo y dinero, y al mismo tiempo fomentan el consumo de comida de calidad frente a las opciones ultraprocesadas que dominan el mercado.
"No se trata solo de vender comida, sino de dar tranquilidad y bienestar a quien no puede cocinar todos los días", añade.
Comunidad local
El negocio de Ana ha logrado consolidar una clientela fiel, principalmente trabajadores.
"Cada semana pruebo algún plato nuevo y siempre está delicioso. Además, es muy cómodo", comenta José Luis, cliente habitual. La tienda también ha creado un pequeño espacio para que los clientes puedan comer allí, reforzando la sensación de cercanía y comunidad.
Con un año de actividad, Ana se siente "satisfecha" de lo conseguido. "Mis clientes vienen, me dicen que les ha gustado mucho el puchero o que me salen las lentejas como a su madre, y eso para mí es motivo de orgullo".
