El edadismo, el prejuicio o discriminación por razón de la edad de la persona, está arraigando en nuestra sociedad del mundo occidental de una manera silente, de modo que frecuentemente no nos damos cuenta de su instauración.
No es infrecuente que las organizaciones o empresas cuenten con departamentos de diversidad, equidad e inclusión para abordar fenómenos como el racismo y la discriminación por género. Sin embargo, es excepcional la existencia de departamentos que aborden la discriminación por edad en dichas organizaciones.
La discriminación de las personas mayores no es, sin embargo, un fenómeno universal y homogéneo y no se expresa de la misma manera en todas las culturas; su expansión varía significativamente en función de los valores, creencias y estructuras sociales de cada sociedad.
En el mundo occidental y en países industrializados de Europa y Norteamérica, el envejecimiento de la persona suele asociarse a una pérdida de rendimiento y contribuciones a la cadena productiva, lo que es un factor favorecedor de la marginación de los mayores. En estos países, la productividad, la innovación o la rapidez en la ejecución de proyectos son especialmente valorados, lo que genera una visión negativa de las personas de mayor edad. Ello contrasta con la percepción de las personas mayores que existen en muchas culturas orientales e indígenas, donde el respeto a las personas mayores se asocia a que estas son fuentes de sabiduría, conocimiento y autoridad moral.
Tampoco históricamente el edadismo ha estado siempre presente. La palabra "senado" proviene del latín senatus, que a su vez deriva de senex, que significa "anciano", siendo la edad, a lo largo de la historia, un criterio relevante para determinar la autoridad, el saber, el conocimiento y asociado a la capacidad de tomar decisiones dentro de una comunidad. Esta etimología revela la gran conexión que se otorgaba a la edad avanzada con el respeto social en la antigua Roma, donde los mayores eran considerados depositarios de sabiduría y juicio prudente.
En nuestra sociedad actual, los prejuicios negativos acerca del envejecimiento están llevando frecuentemente a la discriminación en el trato a los adultos mayores. Pero, ¿existe edadismo también en medicina? Al igual que en otros ámbitos de la sociedad, en el ámbito médico también existen signos evidentes de edadismo.
Diversas publicaciones científicas se han hecho eco de que el fenómeno de discriminación por la edad avanzada del paciente está presente en entornos sanitarios, influyendo en la toma de decisiones clínicas y en la calidad general de la atención sanitaria que se proporciona a las personas de edad avanzada.
Múltiples estudios científicos han constatado que es menos probable que se les ofrezcan tratamientos a adultos mayores que podrían salvarles la vida que a las personas más jóvenes, incluso cuando sus perfiles clínicos son similares. Un estudio publicado en la revista Journal of General Internal Medicine evidenció que los pacientes de edad avanzada con infarto agudo de miocardio tenían menos probabilidades de ser sometidos a procedimientos invasivos, como la angioplastia o la cirugía de revascularización coronaria, en comparación con pacientes más jóvenes, pese a las pruebas de que estas intervenciones podrían ser beneficiosas para ellos.
También en el campo de la investigación clínica existen evidencias de edadismo. Los ensayos clínicos suelen excluir a grupos etarios de edad avanzada, lo que genera una falta de evidencias clínicas que podrían ser útiles para pacientes en estos grupos de edad.
Una revisión sistemática publicada en la prestigiosa revista JAMA destacó que, aunque los adultos mayores son los principales consumidores de servicios de salud, a menudo son marginados de los ensayos debido a límites de edad injustos o comorbilidades, lo que es una evidencia de las posturas discriminatorias de los médicos investigadores basadas en la edad.
La pandemia por COVID-19 puso también en evidencia el edadismo en la atención médica. En muchos países, los protocolos de triaje para cuidados intensivos priorizaron a los pacientes más jóvenes, lo que generó inquietudes éticas sobre la devaluación de las vidas de las personas mayores.
El edadismo es probablemente un marcador de una sociedad enferma en sus valores. La lucha contra el edadismo en la medicina demanda un enfoque diverso, que abarque una mejor capacitación del personal sanitario, estrategias de investigación inclusivas y reformas políticas que den prioridad a la equidad en la oferta de servicios de salud sin discriminación por edad. Muchas sociedades están reaccionando contra el edadismo; como prueba de ello es el creciente desarrollo del movimiento "Old lives matter" ("Las personas mayores importan").