El espectáculo ocurrido ayer viernes en la Casa Blanca es una consecuencia lógica de que la mayoría de los estadounidenses decidieran votar a Donald Trump por segunda vez a pesar de que ya le conocían. Era algo previsible en un político que se ha crecido ante una segunda victoria a pesar de haber sido condenado penalmente por un tribunal del jurado y siendo inductor del asalto al Capitolio, en el que hubo varias muertes directas e indirectas y estuvo en peligro la vida del vicepresidente Pence y muchos más.
Un presidente que venció a pesar de todos los juicios que ha perdido también en los tribunales civiles y mercantiles, y que tuvo que indemnizar con millones a una periodista por un asalto en los probadores de una tienda, se cree que puede vejar al presidente legítimo de Ucrania, una nación atacada por uno de las regímenes más totalitarios y sanguinarios del mundo.
A mi no me extraña la encerrona que le ha hecho Trump a Zelensky junto a su vicepresidente Vance y algún periodista y asesor cercanos a Putin. Ya no es solo por la mala educación y la falta de diplomacia, sino por el matonismo que demuestra hacer las afirmaciones que han hecho Trump y su segundo ante las cámaras de televisión. Desde luego, el dictador Putin y sus aliados deben estar frotándose las manos ante tal exhibición.
Las cosas que ha dicho Trump de Zelensky en el despacho oval y anteriormente en sus discursos, entrevistas y publicaciones son horribles e impropias de un líder que representa a la democracia más grande del mundo. Ha intentado deslegitimarle como presidente elegido democráticamente y quiere imponer de un plumazo una nueva política de Estados Unidos en la guerra de Ucrania culpando a Ucrania y su presidente de ser los responsables de una guerra iniciada por Rusia.
Tal como han hecho la inmensa mayoría de las democracias europeas, los países libres deben apoyar a Ucrania frente a la dictadura rusa que elimina a sus oponentes políticos, encarcela o mata a los rusos que se manifiestan en contra de la guerra y/o Putin, que echó a los pocos medios de comunicación independientes que quedaban en Moscú, que elimina a sus contestatarios incluso en el extranjero y que ha causado cientos de miles de muertes con su invasión.
Europa vio cómo después de Ucrania podría tocarle a Moldavia, los países bálticos o Polonia. Por eso sigue apoyando económica y militarmente a la democracia ucraniana. Los que no apoyan a Zelensky son los países europeos aliados de Putin. Recordemos cómo Rusia interviene en las políticas internas de países libres como España financiando a los separatistas, pues lo que le interesa es que las democracias fuertes se tambaleen y entren en crisis.
Es lo mismo que siempre hizo la antigua URSS, intentar desestabilizar a las democracias. Por eso ahora habría que releer “Cómo terminan las democracias” de Jean François Revel, quien describía minuciosamente todas las estratagemas de los soviéticos para perturbar a los países libres.
No es muy buen síntoma que Trump se lleve bien con el dictador ruso, quien ha incumplido todos los acuerdos suscritos con Bush, Obama y Biden. Ahora llega el listo y astuto Donald Trump y quiere mostrarse ante el mundo cómo el gran líder que consiguió la paz en Ucrania. Y además, exigiéndole a Zelensky la mitad de sus recursos naturales subterráneos.
Entre Musk, Vance y otros semejantes convencerán a muchos de los votantes de Trump de su gran equivocación, pero le han dado tanto poder dominando el Congreso y el Senado, además del Tribunal Supremo y otras importantes instituciones, que van a tener que soportarlo a él y a sus fechorías un largo tiempo.
Ahora, llega la hora de Europa y debemos fortalecernos con la unión entre democracias, apoyando a Ucrania y a su presidente, y no dejando que la bota rusa aplaste a un aliado, pues después habrá otros.
¿Qué intereses oscuros tendrá Trump o qué temerá para hacer de portavoz de Putin humillando a Zelensky? ¿Se creía que se iba a poner de rodillas ante él allí en la Casa Blanca?
Estoy seguro que Ucrania y Europa resistirán los embates del embaucador Trump, que todavía sigue afirmando que Biden no ganó las elecciones en las que él perdió y que animó a las turbas a invadir el Capitolio.