Sevilla
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Sevilla celebra en este 2026 el centenario de la duquesa de Alba, una de las personalidades más influyentes y conocidas de la ciudad, una efeméride para la que el Ayuntamiento hispalense ha preparado toda una batería de eventos.

Sin embargo, Cayetana Fitz-James Stuart no es la única noble que ha dejado su impronta en la capital andaluza.

La duquesa de Osuna y la duquesa de Medinaceli son las otras dos grandes nobles 'sevillanas' que, a lo largo del siglo XX y comienzos del XXI, marcaron la vida social, cultural y religiosa de la ciudad. Aunque ninguna de ellas nació en la ciudad.

La figura de María del Rosario Cayetana Fitz-James Stuart y Silva, duquesa de Alba, se convirtió en todo un símbolo de la capital andaluza.

Aunque nacida en Madrid, vivió durante décadas en la capital andaluzaSevilla, donde falleció en su residencia de la Casa de las Dueñas en noviembre de 2014.

Su legado se extiende a través de incontables títulos nobiliarios, palacios, propiedades y joyas, pero también en la memoria colectiva por su vida intensa, sus vínculos con amigos y artistas sevillanos, y su presencia en los eventos sociales más importantes.

La trayectoria de la duquesa de Alba se caracterizó por la amplitud de sus relaciones personales y por la cercanía con la Monarquía.

Defensora de sus valores, mantuvo una relación de admiración y respeto hacia los reyes eméritos, Don Juan Carlos y Doña Sofía. Su vida estuvo marcada por tres matrimonios -con Luis Martínez de Irujo, Jesús Aguirre y Alfonso Díez- y seis hijos, que la acompañaron en distintos momentos de su historia personal.

Sin embargo, la libertad con la que condujo su vida, siempre bajo el prisma de la discreción y la independencia, definió su carácter y la percepción pública de su figura: vivió intensamente, pero también permitió que los demás vivieran a su manera.

La relación de la duquesa con Sevilla trascendió la mera residencia. Su afición por las tradiciones locales, su cercanía con personalidades de la ciudad como el torero Curro Romero, la periodista Carmen Tello o el escritor Antonio Burgos, y su apoyo a iniciativas culturales, consolidaron su imagen como una noble plenamente integrada en la vida sevillana.

La ciudad le devolverá ese afecto con el reconocimiento de su centenario en este 2026, una celebración que ha movilizado al Ayuntamiento y a diversas instituciones culturales.

Duquesa de Osuna

Por su parte, Ángela María Téllez-Girón, duquesa de Osuna, representa otro ejemplo de nobleza que adoptó Sevilla como su hogar.

Nacida en Málaga, falleció a los 91 años en la capital andaluza, donde vivió y quiso como una sevillana más.

Además de ser Grande de España en varias ocasiones, ostentó los títulos de duquesa de Escalona, Arcos, Gandía, Medina de Rioseco y Uceda, así como múltiples marquesados y un vizcondado. Su vida se caracterizó por la discreción, la devoción religiosa y un firme arraigo a la ciudad.

Se casó en dos ocasiones: primero con Pedro de Solís-Beaumont, cuyo fallecimiento prematuro marcó sus primeros años, y después con José María de Latorre. De estas uniones nacieron cuatro hijas.

La duquesa de Osuna se definió siempre por su amor a la religiosidad local, especialmente hacia el Gran Poder, y por su participación como camarera de honor de la Virgen de las Aguas, a cuyo manto dedicaba su tiempo cosiendo joyas para las procesiones.

A pesar de su discreta vida familiar, su influencia social se mantuvo constante hasta su fallecimiento en su domicilio sevillano, donde fue enterrada en el panteón familiar de Osuna.

Duquesa de Medinaceli

Finalmente, Victoria Eugenia Fernández de Córdoba y Fernández de Henestrosa, conocida familiarmente como Mimi, duquesa de Medinaceli, completa la terna de grandes nobles que vivieron y fallecieron en Sevilla, aunque también nació en Madrid.

Su patrimonio nobiliario es excepcional: catorce veces Grande de España, con nueve ducados, diecinueve marquesados, diecinueve condados y cuatro vizcondados.

Se casó en 1938 con Rafael de Medina y Villalonga, quien ejerció como alcalde de Sevilla entre 1943 y 1946. De esta unión nacieron cuatro hijos, entre ellos Ana, condesa de Ofalia, y tres varones: Luis, duque de Santisteban del Puerto; Rafael, duque de Feria, e Ignacio, duque de Segorbe.

La duquesa de Medinaceli fue reconocida en la ciudad por su activa participación en la vida social y cultural, y por convertir su palacio en un punto de encuentro relevante durante la mitad del siglo XX.

Tras su fallecimiento en 2013 en su residencia sevillana, la Fundación Casa Ducal de Medinaceli ha continuado con su labor, promoviendo actividades culturales y manteniendo vivo el legado de la familia en la ciudad.

La duquesa fue recordada no solo por su posición aristocrática, sino por la capacidad de combinar su estatus con un compromiso activo con la sociedad sevillana, dejando un impacto duradero en la memoria colectiva.

La historia de estas tres grandes nobles que murieron consideradas sevillanas evidencia la profunda conexión entre la alta nobleza y la ciudad.

Porque las tres eligieron la capital andaluza como hogar definitivo, demostrando un vínculo emocional que trascendió generaciones y que sigue presente en los palacios, fundaciones y en la memoria colectiva de los sevillanos.