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Cuando 'Mamás en Acción' llegó a Sevilla en 2023, el Hospital Virgen del Rocío incorporó algo imposible de reflejar en un organigrama: una familia improvisada para los niños que no tienen a nadie a su lado. Desde entonces, la organización se ha extendido a los principales hospitales de la ciudad y ya cuenta con alrededor de 180 voluntarios activos.

Su labor resulta esencial para los menores que afrontan una enfermedad sin compañía o cuyas familias no pueden permanecer con ellos por motivos económicos o laborales.

La importancia de esta presencia se hizo especialmente visible estas últimas navidades, cuando, según fuentes sanitarias, cuatro bebés fueron abandonados en el Virgen del Rocío en apenas unas semanas. Uno de ellos fue Jesús, un bebé que, tal y como adelantó EL ESPAÑOL de Sevilla, ha pasado las fiestas con su familia de adopción.

En sus primeros días de vida, cuando el calor humano es tan vital como cualquier tratamiento, los voluntarios de 'Mamás en Acción' estuvieron allí para abrazarlos, calmarlos y sostenerlos.

En la actualidad, la entidad está presente en 11 ciudades y más de 50 hospitales, entre ellos los sevillanos Virgen del Rocío, Virgen Macarena, Virgen de Valme y Doctor Muñoz Cariñano.

Una forma de ser madre

Se mueve, como no podía ser de otra forma, por un grupo de voluntarios y voluntarias que ceden su tiempo libre para acompañar a quienes más lo necesitan. Una de esas voluntarias es Eva, que realiza esta labor en Sevilla desde marzo de 2024.

"Los conocí a través de los medios de comunicación, y en el mismo momento en el que los vi sentí el impulso de ponerme en contacto con ellos", relata. Desde sus comienzos hasta la actualidad ha acompañado a más de 12 niños en diversas circunstancias.

Recuerda con especial cariño el primer caso al que fue llamada. "Era un bebé recién nacido. Su madre había renunciado a él después del parto", relata.

Este bebé, al que tuvo que abrazar, esperaba la llegada de una nueva familia ya fuera de acogida o de adopción. "Yo no tengo hijos y es mi forma de ser madre", sopesa Eva.

Reconoce que es una tarea dura, pero insiste en que siempre "merece la pena". "Solo tienes que acompañar, tienes que estar pendiente de qué quiere el niño, si hablar, jugar o simplemente estar en silencio pero no solo".

Los comienzos

Sin embargo, la llegada de 'Mamás en Acción' a Sevilla es un viaje largo que arranca en Valencia hace ya más de una década y que nace de una escena tan dolorosa como reveladora: la de un niño de menos de dos años, hospitalizado y solo.

Majo Gimeno, fundadora de la organización, recuerda perfectamente aquel primer encuentro. "Ese niño tenía la misma edad de mi hija". Movida por un golpe de empatía, se ofreció como voluntaria, pero se encontró con que el hospital necesitaba que perteneciera a una entidad acreditada.

Ella era simplemente una madre, una mujer de a pie a la que la situación le había erizado la piel. La impotencia se transformó en movimiento, y ahí nació 'Mamás en Acción'.

Ese fue el inicio en 2013. Durante años, Majo mantuvo su trabajo profesional a la vez que construía, poquito a poco, ese proyecto. En 2021, la necesidad fue mayor que el miedo, de modo que dejó su empleo para dedicar su vida completa a esta misión.

Hoy, Mamás en Acción está presente en 11 ciudades y 54 hospitales de España. Sevilla es una de ellas.

La realidad que encontraron al expandirse por el territorio español fue todavía más rotunda de lo que imaginaban al principio. Miles de niños ingresan en hospitales cada año en una soledad que no debería ser posible en un país desarrollado.

Tres perfiles

El Ministerio del Interior recoge cada año en el Boletín de Protección a la Infancia alrededor de 30.000 denuncias por maltrato infantil en el seno del hogar. Niños a los que se protege retirándolos de quienes deberían cuidarlos.

Hay otros más invisibles aún. Los que sí tienen familia, pero una familia que sostiene los ingresos con el alambre del día a día. Padres que ven cómo se agota la baja por enfermedad y deben elegir entre permanecer junto a la cama del hijo o conservar el trabajo que paga el alquiler y la comida.

Y está el tercer perfil, quizá el que más duele a quienes a diario los acompañan. Son esos más de 50.000 menores tutelados por la Administración que viven en centros y que, cuando se enferman, llegan al hospital sin nadie que pueda pedir el parte médico en su nombre.

Son niños acostumbrados a no tener una mano que les sostenga. Adolescentes que cuentan los días que les quedan para cumplir 18 y enfrentarse solos al mundo.

En todos esos casos, 'Mamás en Acción' entra por la puerta del hospital para que, aunque sea por un rato, el mundo no sea un lugar tan frío.

Cada niño, una historia

El trabajo es minucioso, constante, profundamente humano. Se organizan en turnos de 24 horas y se relevan cada tres o cuatro, con noches completas para que ningún niño se despierte sin un rostro que le sonría.

A veces es cogerles la mano. Otras, jugar en silencio para que la hora pase más rápido. Y otros en los que hay que sostener la respiración y la tristeza, porque la enfermedad trae consigo despedidas.

"Hay niños que se van al cielo con nosotros porque, de otra forma, morirían solos", reconoce Majo con una entereza que parece imposible de mantener.

Cada niño es una historia nueva. Nada es rutina. Pueden encontrarse con un pequeño con una simple apendicitis que sanará pronto, o con un menor víctima de una violencia indescriptible cuya mirada necesita tiempo, paciencia y amor.

Pueden acunar bebés de pocos días, haciendo el método canguro para que sientan por primera vez la calidez de un abrazo. Y pueden sentarse frente a un adolescente que ha intentado quitarse la vida porque, en su cabeza, no hay un solo motivo para quedarse.

Es el caso de los adolescentes tutelados por el Estado. "¿Qué le dices a alguien que te asegura que sería mejor morirse porque no hay nadie que le quiera? ‘Si nadie me ha adoptado, nadie me va a querer ya. ¿Qué voy a hacer con 18 años? ¿De qué voy a vivir? ¿A quién llamaré si me pasa algo?’. Tú escuchas eso y se te rompe hasta el alma", explica Gimeno.

El combate emocional de los voluntarios es enorme. Pero lo sostienen gracias a una certeza que Majo repite como un mantra: "Todos tienen un final feliz porque ha valido la pena conocerles". El final feliz no siempre significa la curación. No siempre significa una adopción. Significa, simplemente, haber sido amados.

"Ser capaz de dar cariño"

La familia de voluntarios de 'Mamás en Acción' no tiene perfil concreto. Hay madres, sí, pero también padres, abuelas, jóvenes sin hijos y hasta personas que jamás imaginaron que serían capaces de cuidar así. "Aquí el filtro es uno: ser capaz de dar cariño a los pies de una camita", resume Majo.

Su presencia se nota incluso cuando no se ve. En la risa de un niño que vuelve a confiar. En un vasito de agua que llega antes de que el llanto lo pida. En una mano que nunca suelta.

Y en Mamás en Acción lo tienen claro: que ningún niño, nunca más, tenga que atravesar la enfermedad en soledad.