No sé si Moxie, la película que ha llegado al catálogo de Netflix esta semana, conseguirá repetir el éxito de otras como Bajocero o la recién estrenada Loco por ella, como lo más popular de la plataforma, pero me gustaría que así fuera. Estrenada a tiempo para coincidir con el Día Internacional de la Mujer, que se celebra el 8 de marzo, esta es una historia encantadora e inspiradora que es perfecta para ver en familia.    

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Basada en la novela juvenil Moxie: La revolución de las chicas, escrita por Jennifer Mathieu (y editada en España por Crossbooks), esta película sigue a Vivian, una adolescente que vive su etapa en el instituto como un trámite hasta que pueda irse a la universidad. La llegada de Lucy, una nueva estudiante que, a diferencia de ella, no está dispuesta a aceptar con la cabeza baja la misoginia de sus compañeros varones, despierta en ella una chispa que termina de encenderse cuando descubre el pasado como activista feminista de su madre (Amy Poehler, que también dirige).

Moxie es una historia de coming of age (paso a la adultez), pero es también un despertar en el feminismo inspirado por las experiencias y diferentes puntos de vista compartidos por sus compañeras. Vivian empieza tímida y anónimamente un movimiento, pero este solo se convierte en revolución al ritmo de Bikini Kill cuando todas empiezan a descubrir que no están solas y que con el apoyo de las demás sus voces no podrán seguir siendo ignoradas. 

Aunque la película no profundiza en los mundos personales de los personajes secundarios, se agradece su interés en mostrar un feminismo interseccional. Las carencias por la falta de desarrollo de algunas tramas se compensan, en parte, con el reconocimiento del privilegio blanco de su protagonista, del que en muchas ocasiones ella misma no es consciente.

Porque Vivian no es una heroína perfecta. Comete muchos errores y siempre tiene algo nuevo que aprender, y eso es precisamente lo que la hace una heroína perfecta.  Tenemos que saber escuchar y estar dispuestas a aprender de las experiencias de otras, para poder ampliar nuestro campo de visión y desaprender las conductas nocivas que tenemos interiorizadas. El feminismo no es nada sin empatía.  

Y empatía, encanto, ternura y buenas intenciones le sobran a esta película. Puede que no sea una obra de premios Óscar, pero no todas pueden serlo, ni falta que les hace. Moxie fue mi tiempo mejor invertido de esta semana y también puede ser el tuyo si estás buscando una dosis de buena energía que te devuelva un poco la ilusión en general. Me emociona saber que las nuevas generaciones pueden crecer con referentes como Moxie. Si tienes hijos, sobrinos, primos, ahijados o estudiantes a los que se la puedas recomendar o, mejor aún, verla junto a ellos, no dudes en hacerlo. Ojalá yo hubiese visto una película como esta cuando tenía 12 años.

'Moxie' está disponible en Netflix

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