Todos tenemos grabados en la memoria hechos de especial trascendencia y que recordaremos durante el resto de nuestros días. Cuando aprendimos a montar en bicicleta. Algunas imágenes de nuestra niñez. O la canción que escuchamos en nuestra primera cita.

Recordamos con todo detalle las circunstancias que rodearon determinados sucesos del pasado. Dónde estábamos durante tragedias como la del 11-S o la del 11-M, aquellas fiestas patronales o con qué compañero íbamos en aquella emergencia de especial trascendencia.

Eso es la impronta, la huella. El suceso que deja un rastro en el futuro.
Para todo el mundo, y en especial para los agentes de la Policía de Majadahonda, este fin de semana ha sido uno de esos momentos que dejarán huella en nuestra memoria.

Este fin de semana y los días posteriores han puesto a prueba como nunca las capacidades físicas y mentales de todos y cada uno de nosotros, llevándonos al límite de la extenuación.

Nunca nos habíamos enfrentado a una emergencia de tal magnitud

Nunca nos habíamos enfrentado a una emergencia de tal magnitud. Por ello, quiero recordar a todos y cada uno de los efectivos policiales que han participado en el dispositivo desde el viernes hasta hoy, pero haciendo especial hincapié en Los 24 de Filomena.

No son mejores ni peores que el resto. Pero la borrasca les sorprendió en sus puestos de trabajo.

Para ellos, y para todos, queda el orgullo de haber sacado adelante, de una forma impecable, cinco, seis, siete e incluso ocho servicios consecutivos sin apenas descanso.

Quiero recordar también, para que no caiga en el olvido, la ingente cantidad de servicios de ayuda realizados por esos agentes. Para que perduren en nuestra memoria y la de nuestros seres queridos, como prueba de orgullo personal.

Los agentes de la Policía de Majadahonda hemos rescatado a más de 200 personas de distintos lugares de la geografía local que se quedaron atrapados en sus vehículos durante la borrasca.

También hemos evacuado a más de 100 personas hasta el Pabellón Príncipe Felipe, donde se tuvo que gestionar el traslado de víveres para desayuno, comida y cena de todos ellos durante dos días.

Los agentes han arriesgado sus propias vidas e, incluso, las de sus familias

Se ha rescatado a personas heridas utilizando una camilla para llegar a lugares a los que ni siquiera los servicios sanitarios eran capaces de llegar. Hemos asistido y trasladado a mujeres de parto. Hemos atendido un intento de suicidio y evacuado al Hospital Puerta de Hierro a personas con fracturas por caídas.

Hemos llevado alimentos a lugares donde había personas aisladas, y medicinas compradas de nuestro bolsillo a personas que no podían siquiera salir de su casa.
Hemos colaborado con distintas Policías locales en el traslado a sus domicilios de vecinos de otros municipios, acompañando las máquinas quitanieves para asegurar el acceso al municipio y a los centros hospitalarios.

Hemos empujado vehículos, camiones y autobuses bloqueados en el centro de la calzada. Hemos cortado calles y atendido más de 1.000 llamadas telefónicas al 092. Hemos rescatado a pie a una familia octogenaria del Monte del Pilar que estaba aislada, sin luz, calefacción ni comida, en un lugar al que ni siquiera la maquinaria pesada era capaz de llegar.

También se ha trasladado a médicos y enfermeras de Puerta de Hierro hasta sus puestos de trabajo o sus domicilios. Mención especial para los traslados de personas enfermas que no podían llegar a su diálisis y que, sin nuestra ayuda, hubieran sufrido consecuencias quizá fatídicas.

Para conseguir todo eso, los agentes han arriesgado sus propias vidas e, incluso, las de sus familias.

Sus propias vidas, al acceder a lugares a los que era prácticamente imposible llegar, llegando a fracturar las cadenas de los vehículos patrulla por la torsión a la que estaban siendo sometidas. Arriesgando su integridad física al conducir el vehículo en las condiciones en las que estaban las calles, con el riesgo de chocar o de patinar.

Y han arriesgado su salud, y la de sus familias, al llevar a cientos de personas en los vehículos patrulla obviando la pandemia y sin pensar en la posibilidad de que alguno de ellos pudiera ser portador de la Covid-19.

Y todo sin un mal gesto, sólo preocupados por si el otro había comido o descansado

Quiero destacar también a todos y cada uno de los compañeros que, con la tormenta, han mostrado su preocupación por los policías de servicio.

A Isma, jefe de Policía, que cuando se empezó a complicar la situación ya venía de camino. A Paco y Pimpo, que, sin dudarlo, vinieron caminado desde Boadilla del Monte por la M-50 para echar una mano. A Julio, Jesús, Fernando, Luismi, Álex, Nacho, David, Arturo y Chente, que, a pesar de todas las dificultades, se echaron a la carretera para reforzar, haciendo incluso autostop para llegar a Majadahonda.

También a todos aquellos que, por cualquier canal de comunicación, nos mostraron su desesperación al encontrarse aislados y no poder acudir a echar una mano.

Tampoco quiero olvidar el esfuerzo que a día de hoy siguen realizando los componentes del Cuerpo y que han contribuido de forma eficaz a la normalización de la situación. Normalización que, en breve, todos los ciudadanos podrán comprobar.

En la retina queda lo difícil de estos días. Cuando creímos que perdíamos la batalla y pese a lo cual no decaímos

En la retina queda lo difícil de estos días. Los momentos en los que creímos que perdíamos la batalla y pese a lo cual no decaímos. Los momentos en los que el cansancio llegó y lo vencimos. El agradecimiento de cientos de personas a las que ayudamos.

Y todo sin un mal gesto, sin una mala cara, sólo preocupados por si el otro había comido o descansado.

Queremos también agradecer su esfuerzo a las autoridades locales, que estuvieron en todo momento a nuestro lado coordinando todas las necesidades, y al personal voluntario que, con sus vehículos, nos permitió a los cuerpos de Policía Local de los municipios limítrofes realizar numerosos rescates.

Y, cómo no, a la Guardia Civil, que ha prestado idéntico servicio a la ciudadanía.

Seguramente, habrá muchas cosas que se podrían haber hecho mejor, detalles que habrá que mejorar en el futuro. Pero la calidad humana y profesional de los agentes del Cuerpo de Policía Local de Majadahonda que trabajaron durante esta emergencia va a dejar una huella eterna en nuestros corazones.

Para ellos, nuestro agradecimiento y respeto.

*** Javier Rosado es miembro de la sección sindical del Colectivo Profesional de Policía Municipal de Majadahonda.