Agentes de la Guardia Civil desplegados en Cataluña han expresado a EL ESPAÑOL su malestar por la "desprotección" que sienten y de la que responsabilizan al Ministerio del Interior. Son los agentes encargados de contener las previsibles protestas y actos de sabotaje de grupos nacionalistas radicales en respuesta a la inminente sentencia del procés.  

En concreto, estos guardias denuncian falta de material y hacinamiento en cuarteles: "Donde deben caber 12, meten a 25". Pero también hablan de sensación de falta de respaldo, y ahí recuerdan la apertura de expedientes disciplinarios por cuestiones menores, aun cuando deben trabajar en condiciones muy difíciles.  

Deslealtad

Es verdad que Marlaska no ha incurrido en el error del Gobierno de Rajoy, que contrató barcos como el famoso Piolín para alojar a los agentes, una idea chapucera que inmediatamente fue objeto de burla y que ha quedado como ejemplo de lo que nunca debe hacerse.

Interior tendría que extremar las atenciones con unos guardias civiles que no son precisamente bienvenidos por parte de las autoridades catalanas; todo lo contrario: tratan una y otra vez de caracterizarlos como arietes de una fuerza represora y antidemocrática, contribuyendo así a granjearles la antipatía cuando no el odio de muchos ciudadanos.

¿Otro 1-O?

De la deslealtad del Gobierno de Torra con el Estado publicamos hoy la última muestra: el nombramiento de nuevos embajadores en México, Argentina y Túnez, lo que supone ignorar el recurso que el Ministerio de Exteriores presentó ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña para que cese esa actividad internacional. Por ello es también una incógnita saber cómo responderán los Mossos d'Esquadra esta vez cuando el independentismo se eche a la calle. 

Existe el temor a que se esté fraguando una situación similar a la de la jornada del referéndum ilegal del 1-O. Entonces, guardias civiles y policías nacionales se vieron solos y traicionados en muchos puntos por la inacción de los mossos. En previsión de que algo así pudiera volver a suceder, bien haría Marlaska en atender las reclamaciones de los agentes. Ellos son los garantes de la seguridad, el orden y el cumplimiento de las leyes.