La organización del Orgullo Gay de Madrid ha vetado a PP y Ciudadanos en los actos el próximo mes de julio, mientras permitirá que carrozas de PSOE y Podemos sí participen. Según los convocantes, se trata de impedir que encabecen la marcha los que, a su juicio, quieren volver a privar al colectivo LGTBI+ de "los pocos derechos" que han "alcanzado". La opción que dejan a populares y naranjas es la de sumarse al desfile "a pie". 

Con esta decisión, una causa que es transversal, y que comparte un amplio abanico de fuerzas políticas y sociales, acaba patrimonializada por quienes se arrogan el derecho a repartir carnets de activista. 

Derechos

Este apropiarse de la defensa de los derechos civiles es mezquino y contraproducente para el movimiento. Hoy Patricia Reyes, responsable LGTBI de Ciudadanos, desvela en EL ESPAÑOL cómo escuchó en boca de una diputada de Podemos la frase "nosotras somos las asociaciones", dando a entender que la causa LGTBI es coto de la izquierda. 

Pero no es un fenómeno nuevo. A nadie se le olvida la instantánea de las ministras del Gobierno en el pasado 8-M reprochando la presencia de "las derechas" mientras las políticas de Ciudadanos sufrían un escrache por feministas radicales.

Diversidad

Resulta poco edificante que quienes se cuelgan la medalla de la integración le ciñan un cordón sanitario -y preventivo- a dos formaciones políticas, PP y Cs, a las que de forma falaz se les atribuye el haber claudicado ante el discurso de Vox. Eso sí, pasando por alto la reunión mantenida la semana pasada entre Ángel Gabilondo y Rocío Monasterio. 

Es intolerable, en todo caso, que la organización de un acontecimiento de la relevancia y el significado del Orgullo Gay de Madrid, uno de los mejores ejemplos del progreso experimentado por nuestro país en la defensa de la diversidad, quede a merced de las banderías políticas.