Son varias las lecturas con las que hay que abordar las elecciones en Andalucía, la región más poblada de España y donde el PSOE ha ejercido su hegemonía desde 1982. Para empezar, son los primeros comicios que se celebran tras el golpe separatista fuera de Cataluña; los primeros tras la moción de censura que llevó a Pedro Sánchez al Gobierno; y los primeros tras el relevo de Rajoy al frente del primer partido de España.

Resulta significativo que el presidente Sánchez sólo tenga en su agenda dos actos en Andalucía, de los cuales uno está en el aire, a expensas de un viaje oficial. Parece claro que Susana Díaz intenta que estos comicios no se interpreten en clave nacional, consciente de que puede haber un voto de castigo al PSOE por los acuerdos y cesiones a los independentistas.

Multicrisis

El 2-D es un test que va a dar muchas pistas sobre los posibles cambios que está experimentando la sociedad española tras años convulsos. La crisis económica, las tensiones territoriales, la erosión de las instituciones, el agotamiento del sistema y la ruptura del bipartidismo aventuran nuevos escenarios, y ello en vísperas de un 2019 en el que habrá elecciones municipales, autonómicas y europeas.   

Al contrario que Susana Díaz, a Pablo Casado y a Albert Rivera les interesa que Andalucía vote en clave nacional. Por eso Casado se va a volcar -tiene previsto participar en 45 actos de campaña- y tanto Rivera como Inés Arrimadas se involucrarán al máximo para que Cs desbanque al PP como líder en el centroderecha.

Los extremos

Las encuestas consolidan los extremos: Podemos e IU -que ahora confluyen en Adelante Andalucía- suben en escaños, mientras Vox podría irrumpir por primera vez en el Parlamento regional, lo que le confirmaría como una amenaza creciente para el PP.

Por estas razones, nunca unas elecciones andaluzas han concentrado tanto la atención de todo el país. España entera va a estar pendiente de lo que voten los andaluces dentro de 15 días. Ha empezado la cuenta atrás.