La retirada y el derribo de estatuas de Isabel la Católica, Cervantes o Junípero Serra en California y en otros Estados norteamericanos están a la espera de una protesta formal del Gobierno de España ante el embajador de los Estados Unidos en Madrid.

La encomiable y rápida respuesta del presidente Trump de cárcel para los izquierdistas iconoclastas es un ejemplo a seguir por las democracias occidentales si quieren defender su patrimonio religioso, cultural e histórico. Pero el mayor peligro y ridículo procede de las autoridades académicas y representantes políticos abducidos y arrodillados por la corrección política imperante.

A diferencia de la pasividad del Ministerio de Asuntos Exteriores del Gobierno Sánchez, cuya ministra dice “comprender” la indignación antirracista, el Hispanic Council ha lanzado una oportuna, acertada e inteligente campaña (no subvencionada por ningún gobierno) en defensa del buen nombre de España en América. Se puede visitar o leer en: #RespectHispanicHeritage.

Quizás muchos españoles no lo sepan, pero en los Estados Unidos hay una larga tradición de admiración por la historia de España en la minoría culta y humanística, educada en las grandes universidades norteamericanas. La desatención de la geografía e historia universal en la educación básica en los EEUU es una realidad, pero también lo es que hay otra parte de la sociedad americana altamente cualificada y no sólo en su especialización profesional.

Les contaré el caso del presidente Theodore Roosevelt (1858-1919), reconocido como uno de los principales políticos norteamericanos. Su retrato está esculpido en el famoso monte de granito Rushmore, en Dakota del Sur, junto a los presidentes George Washington, Abraham Lincoln y Thomas Jefferson.

En junio de 1914, poco antes del inicio de la Gran Guerra, Roosevelt (presidente entre 1901-1909) visitó España. Era una presencia delicada en Madrid toda vez que había tenido un cierto protagonismo en el apoyo, desde la capital federal, a los independentistas cubanos frente a España, que culminó en la guerra de 1898.

El principal motivo de su visita fue porque se casaba su hijo con la hija del embajador de Estados Unidos en Madrid, Mr. Willard; el segundo motivo, que Roosevelt era un afamado historiador profesional de Harvard y admiraba España y la cultura española; lo contrario de la leyenda negra, cosa que es bastante habitual en los ámbitos de la alta cultura norteamericana.

En 1912, Roosevelt había dictado una conferencia en Baltimore, en la que expresó su admiración por la historia del Reino de España: “La Fe católica inspiró aquella espléndida floración del tiempo de los Reyes Católicos, de energías intelectuales y morales más exuberantes que las de los bosques vírgenes de esta América; de aquellos frutos sazonados del siglo de oro español; ella creó el carácter hispano, robusto y viril, noble y generoso, grave y valiente hasta la temeridad; los sentimientos caballerescos de aquella raza potente de héroes, sabios, santos y guerreros, que nos parecen hoy legendarios; de aquellos corazones indomables, de aquellas voluntades de hierro, de aquellos aventureros nobles y plebeyos, que con pobres barcos de madera, corrían a doblar la tierra y a ensanchar el espacio, limitando esféricamente el Globo y completando el planeta y abriendo, a través del Atlántico, nuevos cielos y nuevas tierras.



Ella movió a esa raza española, que ha hecho lo que ningún otro pueblo: descubrir un mundo y ofrecérselo a Dios, que se lo concedió. Fue un fraile español, el padre Las Casas, el que inspiró las Leyes de Indias, tan paternales, para que los españoles, con la transfusión de su sangre, de su vida y de su Fe, implantaran en nuestro suelo una civilización muy distinta de la de otros pueblos conquistadores, más humanitaria que la que mata y esclaviza razas, como han hecho los franceses y los ingleses, y nosotros mismos con los indios en Norteamérica”.

El Rey Alfonso XIII, conocedor del carácter y opinión sobre España del expresidente Roosevelt, tuvo la deferencia de invitarle a un almuerzo privado en el Palacio de La Granja.

Si tuviéramos que comparar el conocimiento y admiración de los presidentes de gobierno españoles, desde 1978, hacia los Estados Unidos, hay que reconocer, que a la inversa, al menos, Theodore Roosevelt gana sobradamente.

En cuanto a la altura intelectual y conocimiento de nuestra historia, ya me gustaría que, la izquierda política en general y Zapatero, Sánchez o Iglesias en particular, tuvieran al menos la mitad del reconocimiento y respeto a nuestra Historia como la que expresó el presidente norteamericano en 1912.