Fuimos a Alsasua porque había que ir. Fuimos a Alsasua a reivindicar nuestra Constitución, nuestras libertades, y a nuestras Fuerzas de Seguridad, cuyos miembros en Alsasua tienen que ir con pasamontañas aunque sea a librar de una tormenta de nieve a un tipejo de ETA. Fuimos a Alsasua para recordar que cualquier pueblo de Navarra es tan español como la Plaza Mayor de Salamanca. Fuimos a Alsasua porque había muchos que no querían que fuésemos. Nos recibieron con pedradas, amenazas e insultos. Veía desde mi furgoneta a un puñado de jóvenes con tanto odio en los ojos que recordé la frase de un viejo periodista curtido en guerras: “Ni los Balcanes, ni el Líbano, ni Irak: el único sitio en el que pasé miedo fue en un mitin de HB”.

Los chavales que nos gritaban no han vivido la dictadura ni la represión, pero me mandaban a mi casa porque creen que Alsasua es sólo suya. Pero allí estábamos, digo, porque había que estar para recordar a estos desgraciados enfermos de rabia que no pueden levantar muros ni poner fronteras, y que la bandera de España luce igual de bien en una plaza navarra que en mitad de la Gran Vía.

Habló Savater, sabio y mesurado, lleno de las certezas del filósofo. Habló Beatriz, que estaba en el cuartel de Zaragoza en el que ETA mató a cinco niños. Ella, que tenía cinco años, fue herida y vio cómo muchas familias quedaban destrozadas para siempre. La emoción le quebró el discurso un par de veces, mientras repicaban las campanas de la iglesia del pueblo para silenciar la voz de Beatriz. Recordé aquella época en que la Iglesia vasca negaba funerales a los muertos de ETA y había que enterrarlos de madrugada para no molestar. Sin embargo, la diócesis de Navarra emitió un comunicado desmarcándose del tañido infame. Sí, algunas cosas han cambiado.

Luego habló Albert Rivera mientras los miserables intentaban acallarle con pitidos ridículos y cohetes de feria, en una rabieta infantil. Nos acompañaban más de 1.000 personas. Había víctimas del terrorismo, policías, guardias civiles, banderas de España, de Europa, de la comunidad foral. Se gritó Viva España y Viva la Guardia Civil, y los alborotadores echaban espumarajos por la boca comprobando que les habíamos ganado la mano.

Salimos del pueblo bajo el palio de los insultos de algunos salvajes. Entre ellos estaba Josu Zabarte, el Carnicero de Mondragón, responsable de 17 asesinatos de los que dice no arrepentirse. 

Luego vendrían las reacciones. Las hubo para todos los gustos. El PSOE de Sánchez envió a uno de sus pregoneros a faltar el respeto a los miembros de España Ciudadana diciendo que habíamos ido a Alsasua “a avivar el conflicto”. Así que, para el sanchismo, llevar unas banderas de España, aplaudir a la Guardia Civil, reivindicar la Constitución es “avivar”. No escuché al vocero de Sánchez criticar los insultos y las amenazas, ni la presencia del chulo de Zabarte haciendo bulto… Este PSOE, demediado y mediocre, ve normal que el Carnicero de Mondragón se pasee por Alsasua, pero tilda de provocación que lo haga Albert Rivera.

A eso hemos llegado: por comodidad, por cobardía, porque les iba bien, el PSOE (y el PP, ojo), cedieron durante años espacios de convivencia, permitieron que se expulsara de ellos a los demócratas y fueron dejando esos espacios a los intolerantes. A los mismos que este domingo apedrearon nuestra furgoneta. A los que nos gritaban "hijos de puta". A los que hace dos años dieron una paliza de muerte a dos guardias civiles y sus mujeres. Se dejó que los radicales colonizaran muchos lugares públicos, y ahora aparecer por allí con una bandera de España es provocar. 

Las peores páginas de la historia siempre se han escrito con mezquindades o con miedo. Lo que lleva el PSOE de Sánchez a difamar a quienes fuimos a Alsasua no es el miedo, sino algo peor: se deben a los nacionalistas y tienen que desmarcarse de quienes los combaten. Esto es el sanchismo. Pero, a pesar del doctor Sánchez y sus hipotecas, este domingo, por unas horas, en Alsasua se acabó el miedo, y el pueblo dejó de ser propiedad de los violentos. Y hay cosas que cuando te las arrebatan una vez ya no vuelven a ser tuyas nunca más. Recordad este día. No será el último. 

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