Sí. Vayamos por partes. Caraanchoa: dícese de quien se siente agredido y, harto, suelta un sopapo al causante de su desasosiego. Sucedió hace unos días en Alicante. Seguramente nadie ha reparado hasta ahora en el antecedente en el que pudo inspirarse el repartidor alicantino (repartidor de paquetes y de hostias), al arrearle un guantazo al youtuber MrGramBomba tras llamarle “caraanchoa”.

Hace un año, el 16 de diciembre de 2015, un chico de 17 años desgafaba en Pontevedra al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, candidato del PP en las elecciones celebradas cuatro días después, el infausto 20-D. El joven, según explicó, se erigió en el brazo tonto de la ley popular, en la mano de todos aquellos ciudadanos enfurecidos, cansados y hastiados de unas políticas económicas y de una gestión de recursos desfavorecedoras para tantas personas. Salpicadas con un aluvión de casos de corrupción política. Fue el primer guantazo de un “caraanchoa” sin que, en este caso, mediara palabra del youplasma presidente.

Tal día como hoy de hace un año, los periódicos escribían editoriales condenando la agresión, publicaban reportajes explicando quién era el agresor –por cierto, pariente lejano de la mujer de Rajoy (todos al suelo, que viene la familia) y las redes sociales se llenaban de mensajes mayoritariamente comprensivos con el chico perturbado. La ciudadanía estaba harta, sin prever el sainete político que nos aguardaba a partir del 20 de diciembre, que derivó en la repetición de elecciones el 26 de junio de 2016.

Imagen de Mariano Rajoy tras recibir un puñetazo en Pontevedra.

Confesaré un pequeño secreto: cuando quiero reírme, consulto las hemerotecas. Con la perspectiva del tiempo, los asuntos pierden la gravedad del momento y, conocido el final, todo parece un sarcasmo.

Rajoy recibió un sopapo en su casa, en Pontevedra, y ahí sigue el tío. UPyD hacía uno de sus últimos mítines de aquella campaña electoral en las inmediaciones de la administración de loterías de doña Manolita. Al partido que lo pudo ser todo de no haber sido por el atolondramiento final de Rosa Díez le tocó la boleta negra de la desaparición.

No menos llamativo es lo que hizo Pedro Sánchez el 17 de diciembre de hace un año: cerraba su gira triunfal por Andalucía, desde donde quería saltar a la Moncloa, con el impulso de Susana Díaz. No sabía Sánchez que Despeñaperros jugaría un papel importante en su vida política, pero para despeñarlo de la mano de la lozana andaluza.

¿Qué papel ha jugado Pedro Sánchez en todo este tiempo? ¿El de 'caraanchoa' o el de youtuber chuleta y faltón? En realidad, Pedro Sánchez es las dos cosas a la vez: el ofendido y el agredido. Alguien que le conoce bien, seguramente sobrevalorándolo, decía a este Preguntón que el ex secretario general del PSOE es “tonto y malo a la vez”, pasando por alto que ambos términos son antitéticos: para ser verdaderamente malo hay que ser listo; las dos cosas a la vez resultan imposibles.

Pedro Sánchez y Susana Díaz en Sevilla en diciembre de 2015. Marcelo del Pozo Reuters

Sánchez no ha escrito aún la última palabra. El paladín de la izquierda del PSOE, con su piano instalado en el confortable salón de su casa y la empleada uniformada que cuida a las dos niñas y atiende a las visitas, es un ejemplo extremo de la clase política que tenemos. Perdió dos elecciones seguidas, llevando al PSOE al despeñadero, pero se empeña en salvar al partido, aunque en su desafío acabe definitivamente con el partido.

Pedro Sánchez ha conseguido que Rajoy parezca todo un estadista y Zapatero el gran líder añorado del PSOE. Manuel Azaña, un desastre para España, escribió en sus Diarios algo vigente sobre los políticos que le rodeaban y nos rodean: obtusos, loquinarios, botarates, gente impresionable, ligeros, de poca chaveta, insufribles por su inepcia, injusticia, mezquindad y tontería. Elija uno de estos calificativos para su político favorito y acertará.

Para Azaña, la política republicana de izquierdas de 1936 era: “Tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y de botín, sin ninguna idea alta”. Quitemos republicana, porque aún vivimos en monarquía, y de izquierdas, porque para la derecha también vale, y démosle nuevamente la razón al autor de La velada de Benicarló: Diálogo de la Guerra de España, un buen libro para regalar estas Navidades. Aquél Azaña, mejor escritor que presidente, en un discurso en las Cortes de 1932 pronunció en una frase más de lo que aprenderá en su vida Pablo Iglesias, profesor de Ciencias Políticas: “La posición de un hombre político se determina de esta manera: una tradición corregida por la razón”.

Historias para no dormir. Este año está acabando como empezó, con unos políticos que, en su mayoría, confunden la tradición con el inmovilismo y la razón con la improvisación. Y, de entre todos, Rajoy y Sánchez reinan en este sistema planetario en busca del sol que más alumbra.

¿LA DECAPITACIÓN DEL REY?

Sí. El otro vídeo de la semana, además del de 'caraanchoa', es el que colgaron el martes dos concejales de la CUP guillotinando a Felipe VI. El artefacto decapitador es más moderno que el inventado por Monsieur Guillotine a finales del siglo XVIII. Seguramente pagado con el dinero de los impuestos de los ciudadanos. Los ediles José Garganté y María Rovira dan un tajo a la foto oficial del jefe del Estado, y luego cuelgan la cabeza y el resto del cuerpo de Felipe VI bocabajo.

La última "tortura" de la CUP al rey: guillotina con su foto

No tenían otra cosa que hacer y como sabían que cobrarían a final de mes… Al menos, los antimonárquicos de antes eran más valientes. También sucedió en diciembre, por estas fechas, pero de hace muchos años. El catalán Joan Canyamars, contrario a la unión de Aragón con Castilla (cuando Cataluña era una parte aragonesa), se abalanzó por la espalda contra Fernando el Católico y le dio una cuchillada en el pescuezo, con ánimo de decapitarlo. Una cadena de oro salvó la vida del marido de la reina Isabel, aunque a punto estuvo de morir por la fiebre provocada por la infección.

Garganté y Rovira colgaron el vídeo del rey decapitado en Twitter. Joan de Canyamars también murió colgado. Juan de Cañamares (recogen las crónicas castellanas de la época) murió tras habérsele cortado las manos (ejecutoras) y los pies (que lo llevaron hasta la presencia del Rey) y le arrancaron los ojos (que vieron al monarca) y el corazón (que pensó en la acción). Así describe el momento Stanley G. Payne en 365 momentos clave de la Historia de España, otro libro para entretenerse estas vacaciones navideñas. Aprender divirtiéndose.

¿SORPRESAS EN EL DISCURSO DEL REY?

No se esperan. Felipe VI, que hizo su discurso de Nochebuena por adelantado el 18 de noviembre pasado, en la apertura de la XII legislatura, debería sorprendernos este 24 de diciembre. Pero no lo hará. Una posibilidad sería que la reina se dirigiera a la nación, en una demostración de igualdad de género. “A continuación, se dirige a la nación la jefa consorte del Estado”, anunciaría el telediario. Para eso 2016 ha sido el año de la consagración definitiva del postureo contagioso y estólido.