Resumen de lo publicado. -El escándalo del estraperlo ha dejado al radical Alejandro Lerroux fuera del Gobierno. Con muchas incógnitas por desvelar, Josep Pla investiga al abogado de Strauss, uno de los principales implicados.

- Monsieur Henri Torres. Encantado de saludarle. Soy Josep Pla, entiendo que la secretaria de monsieur Cambó le ha puesto al tanto de mi llamada…

El abogado se había puesto al teléfono a la hora convenida. Para la entrevista, Pla aprovechó su manejo del francés para hacerla en ese idioma. Eso lo apreció el señor Torres, quien pese a sus orígenes peninsulares había crecido en Francia y desarrollado toda su carrera allende los Pirineos. De español ya solo le quedaba, en realidad, el apellido. Su voz al otro lado de la línea era educada e incluso cordial, con un francés extremadamente correcto.

‘- Estoy al tanto, efectivamente. También sé que trabaja usted para La Veu de Catalunya. No es precisamente de los diarios más afectos a monsieur Lerroux’.

- Supongo que eso no será un problema, vistas sus relaciones actuales. ¿Sería usted tan amable de relatarme su versión de los acontecimientos?

‘- Bien sûr. En realidad, las informaciones que da monsieur Lerroux no son incorrectas. Diferimos en la interpretación. Como le habrá comentado monsieur Cambó, en enero de este año se personó en el domicilio de monsieur Lerroux en Madrid, un pasante mío, el cual le entregó los documentos con nuestra denuncia. Su misión consistía en evitar por todos los medios el escándalo de una reclamación por la vía judicial, algo que lamentablemente no ha sido posible…’.

- Le reclamaba usted ochenta y cinco mil francos.

‘- Mi pasante pretendía convencer a monsieur Lerroux de la gravedad de los documentos que le remitía mi cliente, monsieur Strauss. Pero monsieur Lerroux se negó en redondo a examinar ningún papel y se limitó a informarle a mi pasante de que no le interesaba lo más mínimo hablar del asunto. Le hizo ver con malos modos que él y yo nos conocíamos personalmente. Dijo que si tenía que decirle algo no tenía más que hacerlo en persona. Lógicamente, yo le telefoneé. Pero él rehusó discutir el asunto, y eso pese a que mi pasante esperó pacientemente su resolución durante más de cuarenta y ocho horas…’.

El primer encuentro entre Alejandro Lerroux y Henri Torres se produjo en otoño del año 30. Lerroux estaba paseando en bicicleta por la carretera de la Coruña, con la que lindaba su casa de campo de San Rafael. Entonces llegó hasta su altura un automóvil, y del mismo habían bajado Francisco Rubio, que luego fue gobernador civil de Valencia, y su acompañante, un abogado famoso del Colegio de París al que volvería a ver unos años después en Valencia, con motivo de la llegada de los restos de Blasco Ibáñez. Pla ya tenía ese dato. No estaba claro que en esa segunda ocasión Torres hubiera intentando hablar con Lerroux del asunto del estraperlo, pero sí era seguro que era él quien firmaba los documentos que le habían llegado a Lerroux más tarde, vía valija diplomática. El abogado no negaba nada de aquello, y Pla, desde su habitáculo de la Telefónica, tiró del hilo.

- Esa parte del asunto es ya de dominio público. Está claro que el señor Lerroux no ha demostrado un excesivo tacto al abordar la cuestión…

‘- Una cuestión que podía remover los cimientos mismos del Estado español, como le previne…’.

- Pero yo quería contrastar otra información que está corriendo de boca a oreja en los círculos políticos y periodísticos madrileños. Que sus clientes han tenido contacto con messieurs Indalecio Prieto y Manuel Azaña. Como sabrá, monsieur Prieto vive exiliado en Francia desde su implicación en los hechos de octubre del 34, y monsieur Azaña anduvo este verano de viaje en Bruselas, visitando la Exposición Universal. Tengo entendido que se vieron ambos con su cliente, monsieur Strauss.

‘- Mi cliente, como usted entenderá, es libre de reunirse con quien le plazca’.

- Por supuesto. Pero ¿es posible que en esa reunión se hablara del asunto de la reclamación y del estraperlo?

‘- No tengo referencias, aunque es muy posible que se comentara la situación española. No olvide que mi cliente es de nacionalidad mejicana y ha tenido muchos tratos, a lo largo de su larga carrera, con Madrid’.

- ¿Puedo sugerir en mi artículo que la reunión versara sobre estos asuntos?

‘- Yo no estuve presente, monsieur Pla’.

- ¿Y la siguiente visita a Barcelona de monsieur Strauss? ¿De sus relaciones con monsieur Companys, me puede usted decir algo? –El ABC había publicado una foto de la época en la que Strauss visitó Barcelona, en abril del 33. Se le veía con Companys, Pi y Suñer, el boxeador Schmeling y la actriz Anny Ondra, todos en una pose oficial. Había más imágenes de Companys con su ilustre visitante, y también del magnate en el casino Terramar, de Sitges.

- ‘Me temo que tengo que colgar, señor Pla. Me alegra mucho haber tenido ocasión de saludarle’.

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