Como cualquier otra tecnología, la impresión 3D cuenta con dos caras dentro de la misma moneda. Una, la más conocida, enfocada a la fabricación de piezas para industrias tan avanzadas como la aeronáutica o incluso en el sector sanitario de España donde ya se usa en cirugías complejas. La otra viene dada por el uso en ámbitos de la delincuencia, especialmente en la fabricación de armas.

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Todas las alarmas saltaron en Canarias hace un par de semanas, cuando se levantó el secreto de las actuaciones policiales que se llevaron a cabo el pasado 14 de septiembre. En ese registro realizado en la isla tinerfeña se encontró un auténtico arsenal de armas con piezas impresas en 3D.

La operación culminó con la detención de una persona que supuestamente habría fabricado 19 armazones de arma corta elaborados mediante esta tecnología, una réplica de fusil de asalto, una carabina con mira telescópica y varios accesorios de armas como cargadores o tubos para hacer cañones. La inquietud generada -incluso dentro de la propia Policía Nacional- viene cargada de dudas. De si se pueden fabricar tan fácilmente que pasan desapercibidas o si, por el contrario, no es tan sencillo como nos podemos imaginar.

Imprimir armas

La impresión 3D más extendida es la que utiliza materiales derivados de los plásticos. Son componentes relativamente baratos -depende de la calidad- y se pueden conseguir datos de resistencia muy buenos equivalentes incluso a las piezas fabricadas con los métodos tradicionales. Una accesibilidad que es clave en el auge de este tipo de armas.

Parte del alijo armamentístico confiscado por la Policía. Policía Nacional

Por su parte, las impresoras 3D, de venta libre por Internet o en cualquier tienda de electrónica, tan solo necesitan esa materia prima y un plano a seguir que se puede descargar de Internet. "El material usado en la impresión proporciona diferentes características al arma", ha contado a OMICRONO Josep Curto, experto en Big Data en la Universidad Oberta de Cataluña, que ya nos habló del impulso que están recibiendo las armas inteligentes que disparan solas.

“Las armas de plástico tienen un ciclo de vida corto. Pero siguen siendo sumamente peligrosas”, informa Curto. Quien apunta a que se suele emplear piezas plásticas combinadas con metálicas para incrementar la durabilidad. Algo en lo que coincide José Ángel Castaño, CEO de 3DLAC, una empresa zamorana dedicada a la impresión en 3D. "Aunque también existen impresoras de metal, son realmente caras y tan solo se emplean en algunas industrias muy concretas", informa Castaño a este mismo medio. Algo que por el momento -que se sepa- no se ha aplicado a la fabricación ilegal de armas.

Con esa combinación de plástico y metal es con la que trabajaba el detenido en Tenerife y, probablemente, también fue lo que desveló sus objetivos. "Cualquier impresora 3D puede hacer partes como la empuñadura o la carcasa, pero para las partes móviles se requiere de piezas metálicas", nos ha contado Castaño. Elementos como puede ser el percutor, el muelle o el cañón necesitan ser muy resistentes y aguantar impactos y temperaturas elevadas si se quiere disponer de un arma con cierta durabilidad. Aunque luego veremos que otras alternativas.

Arma parcialmente impresa en 3D Rob Pincus

"Las impresoras 3D que salían en la detección tienen un coste de poco más de 1.000 euros", comenta Castaño. Una vez que se cuenta con las impresoras y el material de fabricación, los siguientes son los planos. En Internet existen repositorios completos de piezas para que cualquier pueda imprimirlas en 3D. Páginas web especializadas que tuvieron un papel fundamental en los momentos más duros de la pandemia poniendo a disposición de los makers todo lo necesario para fabricar pantallas protectoras e incluso respiradores.

En las plataformas más habituales donde se comparten diseños, nos dice Castaño, no se ven planos de armas. "Lo que no quiere decir que no se puedan encontrar en algunos foros o en el Deep Web [el denominado Internet oculto o profundo]. A nivel usuario normal no son archivos que se encuentran fácilmente".

Si no se dispone de planos, la otra opción disponible es adquirir un escáner para piezas en 3D. "Es un dispositivo que convierte un objeto físico en un modelo 3D a ordenador". Y luego trasladarlo a uno de esos planos 3D que hemos mencionado. También nos indica que es un proceso muy complejo. "Es una técnica que luego hay que tratar. Se necesitan muchos conocimientos técnicos y de diseño".

Las armas fabricadas con impresión 3D existen, pero si se quiere obtener algo medianamente fiable y con una capacidad de tiro similar a las tradicionales se necesita emplear partes metálicas. Aunque existen otras que huyen por completo de todo lo que tenga que ver con el metal. Y eso sí que puede acarrear -todavía- más problemas.

El caso Liberator

Probablemente el caso más famoso de impresión 3D de armas se dio en Estados Unidos. Concretamente en el estado sureño de Texas, donde Cody Wilson, un exestudiante de derecho, fundó Defense Distributed en 2012 con el fin de defender la libertad de los civiles de portar armas. Pero su salto real a la fama ocurrió en 2013, cuando publicó los planos de la pistola Liberator en Internet. Un escaparate al que no dudaron acudir decenas de miles de personas para descargar el material.

Lo hizo en código abierto para que cualquiera pudiera ver e investigar el procedimiento. Se estima que se descargaron alrededor de 100.000 copias y se consideró la posibilidad de exportación de forma regular.  Como era de esperar, la batalla legal de Wilson y todo su equipo de Defense Dristributed fue ardua contra las instancias jurídicas de Estados Unidos.

Incluso llegaron a recibir ayuda de la Second Amendment Foundation (SAF), una fundación por la defensa de la segunda enmienda a la constitución de Estados Unidos donde se recoge el derecho de llevar armas. Hace pocos días, y tras un periodo de discusión en los tribunales, Defense Distributed ha logrado que se desestimen las demandas que tenía en contra y ha publicado el catálogo de planos para pistolas de impresión 3D al público a través de su página web. Lo que no quiere decir que su creador se haya librado definitivamente de toda carga legal.

Una de las particularidades de la Liberator es que no cuenta con un cargador de munición, tras cada disparo, se debe cargar la única bala que se puede alojar en su interior. El único elemento metálico que necesita es un clavo que se usa de percutor para hacer explotar la carga de la munición.

Arma hecha con impresora 3D Defense Distributed

Desde la Liberator, con la que empezó oficialmente esto de imprimir armas en casa, la tecnología ha evolucionado notablemente. "El interés por este tipo de impresión ha aumentado, sobre todo, en países con una legislación más laxa respecto a la posesión de armas", afirma Curto. Además de la mejora de las impresoras 3D en los últimos tiempos, el experto también indica que los creadores de los planos han conseguido diseños mucho más sofisticados como la semiautomática FGC-9.

Las armas impresas en 3D han cambiado el paradigma mundial, acercando su fabricación a cualquiera que posea un dispositivo de este tipo. Aunque quedan algunos extremos por cerrar, como la de conseguir munición o las piezas metálicas que se requieren si se busca tener un arma más fiable.

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