La misma mirada de pionero que tiene Elon Musk cuando dirige sus ojos hacia el planeta rojo la encontramos en Alfredo Muñoz. Este arquitecto burgalés, que vive a caballo entre Nueva York y Miami, se embarcó hace unos años en uno de los proyectos de colonización de Marte más ambiciosos y especializados hasta la fecha.

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Muñoz no está solo. Cuenta con un equipo multidisciplinar compuesto entre otros por los también españoles Guillem Anglada y Gisela Detrell, astrofísico e ingeniera aeronáutica experta en life support. Además, en su grupo de expertos se encuentran ingenieros de minas, geólogos planetarios o astrobiólogos. Un elenco de personal experto de primera línea y con la misma ambición: diseñar, desarrollar y construir cinco ciudades en Marte.

Todos se encuentran colaborando y atando cabos para que se haga realidad dentro de unas cuantas décadas. Marte se ha convertido en el principal reto de las agencias espaciales públicas, y también de las compañías privadas, convirtiéndose en el gran reclamo para protagonizar los últimos avances en la exploración espacial. Pero si llegar al planeta ya es complicado, mantener una civilización completa independiente de la Tierra lo es todavía más.

A las condiciones meteorológicas extremas, con tormentas de arena que duran meses, se añade la radiación al que está sometido cualquier objeto que allí se pose. La práctica ausencia de atmósfera y de gravedad complica la supervivencia humana, que necesitará de instalaciones especialmente preparadas para sacar adelante ciudades enteras.

Colonia humana en Marte

La idea realmente nació en Londres, donde Muñoz y Anglada se encontraban reunidos como dos de los líderes europeos más relevantes de Friends of Europe -un think tank sobre innovación-. "Anglada me comentó hace un par de años que estaba con la idea de crear un grupo multidisciplinar de personas interesadas en desarrollos sostenibles fuera de la Tierra", según explica a OMICRONO Alfredo Muñoz.

Parte del acantilado con perforaciones Abiboo Omicrono

El arquitecto burgalés, que desde pequeño ha estado interesado en la astrofísica, encontró en Anglada el mejor compañero de proyecto. "Fue una conexión fantástica, él también estaba interesado en la arquitectura". Y así es como comenzó el proyecto que, probablemente, un día se convierta en colonia humana en Marte. Para ello fundaron el grupo llamado Sonet, responsable de toda la parte de estudio científico de la misión y donde se encuadran los colaboradores de las diferentes ramas.

"Comenzamos a reunirnos hace menos de dos años y a alguien mencionó que la Mars Society [una organización sin ánimo de lucro compuesta por voluntarios de todo el mundo] había sacado un concurso para crear una colonia de hasta 1 millón de personas", nos indica Muñoz. Número que coincide con el objetivo de Elon Musk en una estimación a largo plazo. "Decimimos entonces lanzarnos a la piscina en el concurso".

En total, se trata de la construcción de 5 ciudades completas que formarán un ecosistema único. Cada una de ellas tendrá asignadas unas funciones específicas que respondan a las necesidades naturales de la propia existencia humana -como el agua- y a la fabricación de todo lo necesario para ser lo más independientes posibles de la Tierra.

Cómo construir en Marte

El cambio extremo entre construir en Marte respecto en la Tierra trae consigo alguno de los quebraderos de cabeza que han protagonizado sesudos análisis científicos. Más allá de la ausencia de la gravedad, que es prácticamente un tercio a la que tenemos en la Tierra, los frentes que se abren son tan imponentes como diversos.

Uno de ellos, según nos apunta Alfredo Muñoz, es la radiación extrema. "Cualquier persona que esté expuesta sin protección al cielo, ya sea a la radiación solar o a los rayos gamma, tiene un riesgo elevado de desarrollar un cáncer y morir". Este ha sido uno de los principales retos y lo han solucionado teniendo siempre elementos -como pérgolas o cubiertas- que consiguen hacer de escudo a los habitantes de Marte y al resto de seres vivos que allí crezcan.

Zona pública en Nuwa Abiboo Omicrono

"Otro de los mayores retos, que no es tan obvio, es el tema de constructivo". En Tierra los arquitectos se enfrentan al mayor de sus temores: que una construcción se caiga. En cambio, en Marte lo que realmente preocupa a los técnicos es que "los edificios tienden a explotar". Esto es debido a la diferencia de presiones. Un edificio acondicionado para la vida humana necesita estar presurizado -al igual que la cabina de un avión- lo que se traduce en 'inflar' la infraestructura con aire respirable como si fuera un globo. Si esa diferencia de presiones es demasiada y la estructura no puede soportar la carga, explotará.

"Conceptualmente estamos hablando de una diferencia importante. En Marte la presión es prácticamente cero atmósferas, en cambio, nuestro planteamiento es tener una presión dentro de los edificios habitables de alrededor de 0,8 atmósferas", nos apunta Muñoz.

En este sentido, otro de los grandes problemas a los que se ha tenido que enfrentar el equipo de Sonet es a la temperatura. "Estamos hablando de que en las zonas más ecuatoriales tenemos temperaturas equivalentes a la Antártida". Esta es una de las líneas de investigación actuales junto con la protección contra el impacto de meteoritos.

Todos esos problemas planteados conducen al equipo a descartar la construcción de edificios tal y como los conocemos en la Tierra. "Nos gastaríamos mucho material para resolver el problema del aislamiento del edificio para protegerlo de la temperatura, de los meteoritos y de la radiación". La solución, por tanto, es "irnos bajo tierra, porque nos resuelve gran parte de los retos".

Interior de Nuwa Abiboo Omicrono

Ciudades verticales 

"Al estar bajo tierra, principalmente si es compacta, el espacio interior va a tender a 'explotar', pero la roca es capaz de absorber esa fuerza. También la roca tiene mucha inercia térmica, que permite reducir la transmisión de calor del interior de los edificios al exterior". Al mismo tiempo, se soluciona el problema de impacto de meteoritos y de la radiación.

Pero excavar una ciudad acarrea otros problemas. Uno de los principales es la luz, "el ser humano la necesita para vivir y tener un confort". La mejor solución a esto, según nos ha comentado Alfredo Muñoz, es excavar ciudades verticales en acantilados. La ciudad estaría dentro de esa formación rocosa y contaría con perforaciones horizontales en la pared como puntos de entrada de luz indirecta, para evitar la radiación.

El concepto arquitectónico de Nuwa -como se llama la primera ciudad- está diseñado por el despacho de arquitectos Abiboo, liderado por Alfredo Muñoz. Y tiene en cuenta todos los aspectos desde la extracción de la primera piedra allá por el 2054 hasta el modo de vida de los 250.000 habitantes que podrían habitar la ciudad. La línea de tiempo se completa con poder tener la ciudad construida para el año 2100.

La excavación ya ha sido estudiada por los expertos en minas de Sonet junto con un catedrático de geología planetaria de la Universidad Politécnica de Barcelona que estuvo trabajando en la NASA. "Estuvieron analizando las zonas que creemos que son más interesantes por la compacidad que puedan tener". La NASA ya ha emitido algunos informes sobre estos acantilados y todo indica la viabilidad del proyecto.

Ciudad de Nuwa Abiboo Omicrono

"Estamos planteando que la mayor parte de los materiales que se utilizarán en Nuwa, tanto en la obra civil como en el día a día, provengan del minado de recursos en Marte", indica Alfredo Muñoz. "Las tuneladoras son los elementos más importantes que sí estamos planteando llevarlas desde la Tierra, por su complejidad". También apunta a que en ese sentido Elon Musk puede tener un papel fundamental debido a los avances de The Boring Company, especializada en la excavación de túneles.

La construcción de la ciudad estaría basada en el uso del acero, debido a que su fabricación es más sencilla en Marte por la obtención del carbono en un proceso que involucra al agua y al dióxido de carbono y al minado de hierro.

Macroedificios y supervivencia

Una vez construida, Nuwa se dividirá en dos grandes zonas: meseta y valle. La primera es la correspondiente con la zona más alta del acantilado Tempe Mensa, donde se localiza Nuwa y que cuenta con 1 kilómetro de altura. "Ahí arriba estamos localizando todas las actividades vinculadas con producción de comida, energía e industria pesada". Estos espacios no están pensados para que el humano trabaje en ellos, sino que los encargados sean los robots autónomos comandados por inteligencia artificial.

En la parte de abajo -en el valle- están diseñando los espacios del día a día. "Los espacios son túneles que están relacionados entre sí de forma tridimensional y que van organizándose y replicándose de manera escalada". La forma de organización interna se llevará a cabo con macrobuildings -macroedificaciones-, similar a una manzana en la tierra donde existe una zona residencial, otra de entretenimiento, zonas verdes...

Espacios abiertos en Nuwa Abiboo Omicrono

"Cualquier persona que viva en el macrobuiling no necesita salir de ese edificio, salvo para casos puntuales. Están diseñados para que sean capaces de albergar y acomodar 4.440 personas. Son edificios muy grandes". Las medidas que han estimado los científicos son 800 metros de largo por 200 de alto y 150 metros de profundidad -hacia dentro del acantilado-. "De alguna manera lo que tenemos es una ciudad de 'hormigas'".

Cada macroedificio está formado, a su vez, por 12 módulos diferentes entre sí. Compuestos por 6 módulos residenciales, que se encontrarán excavados hacia el interior del acantilado, y otros 6 módulos productivos con luz natural. "La ventaja es que con 12 módulos diferentes podemos construir toda la ciudad de Nuwa y nos permite recombinarlos para que cada macrobuilding sea a su vez único".

"La forma de vida en Marte la visualizamos de forma muy diferente a la Tierra", tal y como nos ha explicado Alfredo Muñoz. "El ambiente es tan extremo y tan hostil que si no se fomenta esa relación de la sociedad con el individuo, no se puede sobrevivir". Los espacios de residencia son relativamente pequeños a cambio de generar espacios donde los individuos se relacionen entre sí.

Y, por último, queda cerrar todo lo relacionado con la comida y el suministro energético. Muñoz nos indica que han establecido algunas granjas de animales de ganadería desde un punto de vista más testimonial. "Nos hemos dado cuenta de la cantidad de energía que requieren y lo poco eficientes que son". Lo que sí pretenden impulsar es la agricultura -en cualquiera de sus formatos-, el cultivo de insectos y las microalgas; como parte central de la dieta de los habitantes de Nuwa.

En cuanto a la generación eléctrica, "el problema que tenemos en Marte es que hay tormentas de arena que pueden durar meses. Que pueden impedir la generación de energía". Lo que supondría un problema gravísimo pues se paralizaría toda la generación de aire respirable.

El equipo de científicos se encuentran estudiando actualmente cómo solucionar este potencial -y más que posible- problema. "Una de las alternativas que planteamos al principio pasaba por la energía geotérmica, pero el equipo de geólogos planetarios ya nos ha comentado que no es viable". La segunda vía a explorar, según nos cuenta Alfredo Muñoz, se está considerando la construcción de una "pequeña planta nuclear". Aunque no todos los miembros del equipo están de acuerdo.

Abalos City Abiboo Omicrono

Este tipo de energía sería también esencial para algunas ciudades del total de 5 que quieren construir. Una de ellas, la denominada Ábalos City, se encuentra muy en el norte del planeta donde la escueta radiación solar no es suficiente y que se dedicará al minado de agua. El proyecto está actualmente inmerso en la búsqueda de localizaciones terrícolas donde realizar prototipos de ciudades y en mitad de la campaña para obtener financiación.

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