Trump ha cumplido su palabra. Después de días amenazando a Siria con un ataque para castigar el uso de armas químicas, Estados Unidos (EEUU), junto con Francia y Reino Unido, ha lanzado una ofensiva contra posiciones de Bachar al-Asad. Un total de 103 misiles se han lanzado contra un depósito de armas químicas en Homs, un centro de investigación en Damasco y un puesto de mando implicado en la cadena de producción de armas químicas.

"En 2013, el presidente Putin y su Gobierno prometieron al mundo eliminar las armas químicas de Siria. El reciente ataque de Asad -y la respuesta de este sábado- son resultado directo del fracaso de Rusia en mantener su promesa", dijo Trump al anunciar el ataque. "Rusia debe decidir si seguirá por este oscuro camino o si se unirá a las naciones civilizadas como una fuerza de paz y estabilidad", añadió.

Una demostración de fuerza por parte del presidente de EEUU que puede responder más a un deseo de escenificar una situación de poder y control ante Rusia, de cara a la comunidad internacional, que a una estrategia real para acabar con el conflicto. “Es un ataque esperado, avisado con tiempo, de tal manera que el factor sorpresa ha desaparecido totalmente. El Gobierno sirio ha podido retirar sus tropas y sus aviones de las bases y de alguna manera Rusia se sale con la suya y todos salen ganando”, analiza Ignacio Álvarez-Ossorio, profesor de Estudios Árabes en la Universidad de Alicante.

Para el experto, los intervinientes salen reforzados sin que, en la práctica, tengan que sacrificar nada de significativo valor en su estrategia ni ocurran cambios importantes en el terreno. “Trump da un golpe en la mesa y cumple con su palabra de atacar a Siria si se utilizan armas químicas, Rusia consigue un ataque de mínimos que no daña la capacidad defensiva del régimen y Asad sufre un ataque que no le hace daño, que deja las cosas como estaban y no altera la situación en el terreno pudiendo conservar su capacidad ofensiva”, explica.

El bombardeo sobre Damasco. EFE

Según fuentes militares rusas y sirias, las baterías antiaéreas del país han podido interceptar 71 de los 103 misiles lanzados por las fuerzas atacantes. El comunicado señalaba que las bases militares habían sido evacuadas y que la capacidad militar del país seguía intacta. De hecho, horas después del ataque, las tropas sirias anunciaban haber recuperado el control total sobre el bastión opositor de Guta Oriental.

“Lo que buscaba Siria era controlar un feudo rebelde, una zona de gran importancia estratégica y han empleado armas químicas para acelerarlo”, explica Álvarez-Ossorio. “Todo esto nos indica que el objetivo se ha conseguido: se ha desalojado ese feudo y se ha acelerado la rendición del último grupo rebelde que quedaba, el ejército del Islam. La impresión que queda es que pese al ataque de mínimos, Asad se sale con la suya”, señala.

En la estrategia de Trump hay también una clara intención de desmarcarse del gobierno de Barack Obama de cara a su electorado. El expresidente de EEUU jamás cumplió con la promesa de castigar a Siria si utilizaba armas químicas, pese al ataque del ejército de Asad en Guta en 2013 que dejó más de 1.400 víctimas. “Él está diciendo que es un líder con las cosas claras, que no duda en recurrir a la fuerza en el caso de que se emplee este armamento. Lanza el mensaje a su país de que no es más de lo mismo, que no va a repetir los errores de Obama pero, en la práctica, su actuación sobre el terreno no altera la repartición de fuerzas, no es un cambio brusco y permite que Asad y Rusia salgan reforzados de la situación”, explica el profesor.

Es de esperar que la violencia se intensifique en los próximos días a pesar de que, poco tiempo después de lanzar la ofensiva, el secretario de defensa de EEUU, Jim Mattis, subrayó que se trataba de un “golpe único” y que no había más ataques planificados en contra de Asad. “EEUU, Francia y Reino Unido ya han dicho que sólo actuarán si se emplean armas químicas. Se le está lanzando el mensaje de que puede seguir golpeando los feudos rebeldes y provocando cientos de víctimas civiles con armas convencionales. En los próximos meses la ofensiva probablemente se dirigirá a las bolsas rebeldes de Homs y vamos a asistir a una aumento de las hostilidades con un agravamiento de la situación humanitaria”, vaticina.

Para el experto, la gestión internacional del conflicto destapa los fallos de las instancias internacionales, como el Consejo de Seguridad de la ONU, que se han quedado obsoletas ante el nuevo orden mundial. “Estamos ante un fracaso de las instituciones. Después de siete años de guerra, después de la mayor crisis humanitaria del siglo XXI, después de más de 500.000 muertos, todavía persisten diferencias entre los integrantes del Consejo de Seguridad y Rusia, que utiliza junto con China el recurso al veto para impedir sanciones contra el régimen”, recuerda. “Esto demuestra que este modelo no obedece a la repartición de fuerzas actual y que no sirve para solucionar los temas de la región”.