"Agresión contra un Estado soberano y la violación del derecho internacional con un pretexto inventado". Así definió Rusia el ataque que realizó Estados Unidos en la noche del jueves sobre una base militar siria como represalia contra el régimen de Bachar al Asad por el uso de armas químicas contra su pueblo, causando la muerte de más de 70 personas y centenares de heridos.

Las 24 horas posteriores a esta acción militar ordenada por el presidente Donald Trump se saldaron con acusaciones cruzadas, tensión en la sede del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y amenazas sobre las consecuencias “extremadamente graves” para la estabilidad internacional que pueden acarrear esas acciones. Rusia se conformó, por el momento, con suspender la coordinación militar con EEUU en territorio sirio y minimizar los daños causados en la base bombardeada.

Este sábado, sin embargo, mientras Trump continuaba su vida jugando al golf en su resort en Florida con la tranquilidad de haber acallado las rencillas en su equipo y los difíciles momentos que atraviesa en el Congreso, desde el Kremlin han recuperado las formas y calibran la manera de gestionar esta agresión contra su aliado sirio.

“Debemos ser comprensivos con los procesos internos que tienen lugar” en Washington, ha dicho este sábado la portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, refiriéndose a que el “teatrero ataque”, con el que se destruyeron unos pocos aviones sirios, fue poco más que una puesta en escena destinada al consumo interno en Estados Unidos.

La operación de EEUU "no tiene nada que ver con la política de Washington en Oriente Próximo, no es parte de una estrategia ni de un plan. Se trata de imponerse en condiciones de una descarnada lucha política interna en Estados Unidos", subrayó Zajárova en una entrevista a la televisión estatal rusa según Efe. "Es parte de una lucha de grupos de élite política y militar, que se han enzarzado en una pelea a vida o muerte", agregó.

Las palabras de Zajárova allanan el camino para la visita oficial del secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, que pasará los próximos 11 y 12 de abril en Moscú. Esta cita será clave para vislumbrar hasta qué punto ha cambiado la postura de Trump respecto a estrechar lazos con Rusia y formar una alianza contra el terrorismo yihadista.

Mientras, el Kremlin se inclina por la teoría de que el magnate se ha visto forzado a emprender una acción de clara connotación antirrusa para convencer a sus votantes y a su propio partido de que su política no está al servicio de Moscú.

DE LA NO INTERVENCIÓN A COMANDANTE EN JEFE

A Donald Trump le bastaron 63 horas para pasar del aislacionismo no intervencionista que resumía en su “America first”, a autorizar el lanzamiento de 59 Tomahawk contra una base militar siria. Para el presidente estadounidense, la primera acción militar directa en los seis años de conflicto en Siria está justificada porque el régimen de Bachar al Asad violó la Convención de armas químicas y está en concordancia con el “vital interés de seguridad nacional de Estados Unidos prevenir y disuadir la propagación y el uso” de este tipo de armas.

El bombardeo sobre Siria ha servido validar la posición de Comandante en jefe de Trump, con la difusión de una imagen del presidente rodeado de su equipo para evaluar el ataque que se iba a realidad y para dejar de lado momentáneamente el hecho de que la popularidad del presidente había tocado mínimos. La última encuesta elaborada por Gallup marcó un apoyo de 36% y ni siquiera lleva 100 días de mandato.

La instantánea ha sido analizada como un ejemplo del equilibrio de poder en el círculo cercano de Trump, con su jefe de estrategia, Steve Bannon, arrinconado en una silla al lado de la puerta y el yerno del mandatario y asesor presidencial, Jared Kushner, en un prominente asiento central en la mesa de autoridades.

Al tiempo, el ataque ha dividido a sus votantes. Mientras algunos han mostrado su rechazo por hacer precisamente lo contrario de lo que dijo durante la campaña, otros lo han interpretado como una muestra de fortaleza y resolución, algo por lo que votaron el pasado noviembre.

“Aprecio que no solo solo se enfoque hacia dentro y que esté dispuesto actuar por la defensa de principios en algo como Siria”, explicó a Reuters Todd Recknagel, socio principal de una firma de inversión privada en Florida que defiende su apoyo al presidente porque ha mostrado que puede ser flexible en su forma de pensar en función de las circunstancias. “(Ronald) Reagan tampoco habría permitido esto”.

Para Abdi Mohamed, un inmigrante somalí de 23 años que reside en Minnesota y votó por Trump, el ataque muestra que el presidente ha abandonado su posición de ‘forastero’ del sistema para seguir los consejos de la clase dirigente. “Trump estaba en contra de la acción militar en Siria, ahora parece que se está convirtiendo en un engranaje más del sistema”, dijo Mohamed a Reuters.

Con la nueva escalada militar en Siria, que podría evolucionar hacia una estrategia más intervencionista en esa guerra civil después de EEUU apuntara este viernes en la ONU que está preparado para implicarse más, también se han acallado las investigaciones sobre si la campaña de Trump se coordinó con emisarios del presidente ruso, Vladímir Putin, para minar las posibilidad de que la candidata demócrata, Hillary Clinton, se impusiera en las elecciones.

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