Cuando Hakim Almasmari descuelga el teléfono desde Saná (Yemen) cuesta oírle. La conexión es deficiente, pero comienza la conversación. De pronto, apenas después de haber intercambiado un saludo, se hace el silencio. No es que este director del diario censurado Yemen Post que ya sólo puede publicar a través de Twitter haya dejado de hablar, no. De repente, como en un bucle, la periodista vuelve a oír el mismo saludo y el amable “¿qué tal está usted?” que le dijo el periodista y profesor estadounidense de origen yemení unos segundos antes. De nuevo, el silencio. Tras un par de veces más oyendo la grabación de Almasmari saludando, cuelgo el teléfono y vuelvo a llamar.

Noticias relacionadas

En el segundo intento, con una conexión en la que llega peor el sonido que antes, tratamos de retomar la entrevista mientras se oye cómo interfiere al menos una voz más hablando en otro idioma, como cuando se cruzan las líneas… Cuando le comento a Almasmari lo que oigo, esa interferencia cesa y comenzamos la conversación. A duras penas logro entender lo que me cuenta, debido a la pésima calidad del sonido. Colgamos y retomamos la conversación por escrito, a través de internet. ¿Era la censura, le pregunto? No le cabe ninguna duda de que la “mala conexión” se debe a ello, sí.

Médicos Sin Fronteras lleva tiempo denunciando bombardeos a hospitales yemeníes, esta semana ha habido un ataque mortal cerca de una escuela que ha alarmado a Unicef y la FAO ha avisado de que 14 millones de yemeníes están “en grave situación de inseguridad alimentaria” y ha calificado la situación en este país del sur de la península arábiga como “la peor crisis humanitaria en el mundo”. La gente hace “horas de cola bajo el sol ardiente para llenar un bidón de agua potable para una familia entera debido a la guerra”, informa Yemen Post. Un chiquillo trata de resguardarse del frío con una bolsa de basura para dormir. Pero Yemen parece un conflicto olvidado en Occidente.

“Un niño muere cada diez minutos por culpa de la guerra, pero en el orden mundial actual, cuando los países ricos y poderosos atacan a un país pobre, la crisis de los pobres siempre se olvida debido a la influencia del país poderoso”, opina Almasmari, que volvió a su tierra originaria en los años 90. Ese país poderoso es Arabia Saudí, pero vayamos por partes.

“Europa no puede permitirse ignorar Yemen”, opina Adam Baron, investigador del Centro para Estudios Estratégicos de Saná y experiodista en esa ciudad en un ensayo sobre el papel de Europa en el conflicto publicado esta semana por el think tank, que ha podido hablar personalmente con actores implicados. Y no lo dice tanto por una cuestión humanitaria, sino que esgrime argumentos prácticos que en su opinión deberían hacer reaccionar a los mandatarios europeos. “Si no actúa, Yemen podría convertirse en un nuevo centro para grupos terroristas con orientación mundial (…). Se está convirtiendo rápidamente en una tierra fértil para grupo extremistas” También apela al otro asunto que podría hacer reaccionar a Europa: “una nueva ola de refugiados”.

Considera que la Unión Europea debe sacar partido a su posición neutral en el conflicto yemení para sentar las bases de la estabilización del país para cuando termine la guerra y ponerse en contacto con grupo “marginados” hasta ahora en las negociaciones de paz. “La UE puede complementar los esfuerzos de la ONU y puede tener que afrontar la responsabilidad de unos Estados Unidos crecientemente aislacionistas”.

El especialista en Yemen de Chatham House, Peter Salisbury, cree que el desinterés en Occidente es lógico: “Históricamente, Yemen siempre ha tenido el mismo problema: un país complicado, lejos en el imaginario de la gente en Occidente y con problemas complejos. Entre los grupos armados tampoco hay un héroe de la historia”. También incluye el elemento diferenciador con Siria: “El problema de los refugiados es uno que afecta a nuestras vidas y que en Europa podemos ver”.

Qué busca Arabia Saudí

Este marzo se cumplirán dos años desde que Arabia Saudí lanzara la “Operación Tormenta Decisiva” con el apoyo de otros nueve países, teóricamente para conseguir un “Estado funcional y estable”, según analizaba entonces el Codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria, Jesús A. Núñez Villaverde en el Real Instituto Elcano. Como ya presagió entonces, la operación militar no obtuvo ese resultado. De todas formas, era mucho más que eso.

El propio ministro de Exteriores saudí, Adel Jubair, reconoció que no sólo se trataba de derrotar a los golpistas huthis (o huzíes) que echaron del poder al presidente yemení reconocido internacionalmente tras la dimisión de Abdulá Saleh, Abdu Rabu Mansur Hadi, en 2014. Tampoco se trataba sólo de asegurar la frontera con su país, sino también de reducir “la amenaza iraní” que representa para Arabia Saudí la milicia rebelde de los huthis, nacida de la minoría chiíta zaidí.

Para Salisbury está claro que “para los saudíes, la preocupación más grande es la presencia de Irán allí; consideran a los huthi como a Hezbolá en el Líbano y creen que puede trastornar también a Arabia Saudí”, explica a EL ESPAÑOL. Hadi huyó al país colindante justo antes de la intervención saudí y su Gobierno permanece en el exilio aunque con influencia en una de las dos administraciones que conviven en paralelo en el país al sur de Arabia Saudí. Reino Unido y EEUU son los principales países occidentales que apoyan a Riad. El New York Times informó en octubre de que Washington apoya con información de inteligencia para atacar objetivos y proporciona repostaje a los aviones de combate.

¿Guerra alimentada también por España?

“La guerra ha causado 11.000 muertes inocentes [la ONU baja la cifra a 8.000 fallecidos hasta finales de 2016] usando más de 100.000 bombas y misiles hechos por Occidente”, asegura Almasmari desde Saná. Explica que su periódico ya no puede publicar más que en la red social de los 140 caracteres (@YemenPostNews), porque se lo impide el Gobierno huthi con sede en Saná desde que les aseguraron que publicarían toda la información de “crímenes contra civiles” los perpetrara el bando que fuera. Pero un equipo en todo el país “y muchos voluntarios que nos proveen de información sobre el terreno y vídeos sobre los crímenes contra civiles” permiten aprovechar la salida tuitera.

550 hospitales cerrados, unas 200 escuelas blanco de las bombas… estas son algunas de las cifras que su periódico ha compartido esta semana en internet entre fotos de fallecidos en un funeral en Saná, un pequeño sin vida tras ser asesinada una familia entera…

Salisbury, por su parte, cree que la guerra no sería tan cruenta de no haber intervenido fuerzas extranjeras, precisamente porque las tribus o partes enfrentadas habrían tenido acceso a ese armamento. “España es uno de más de una docena de países occidentales que arman a Arabia Saudí y son responsables por las muertes de civiles inocentes”, sentencia Almasmari.

Por otra parte, la visita a Arabia Saudí encabezada por el rey Felipe que finalizó este lunes ha resultado "clave" para que pueda cerrarse definitivamente el contrato de la empresa Navantia para la venta de cinco corbetas al Ejército saudí por unos 2.000 millones de euros, según el presidente de esta empresa pública, José Manuel Revuelta, recogió Efe. Una buena noticia económica para una empresa española que sin embargo no gusta nada a las ONG humanitarias en España, que antes del viaje lanzaron un comunicado pidiendo que España revisara su política de venta de armamento a este actor principal en la guerra de Yemen. Amnistía Internacional, FundiPau, Oxfam Intermón y Greenpeace reiteraron su oposición a la venta de las cinco corbetas.

Mario Rodríguez, director de Greenpeace España, denunció que “España es el segundo importador mundial de armas entre 2011 y 2015” y “en la última década España ha vendido armas a Arabia Saudí, que, por valor de casi 1.400 millones de Euros”. Pidió al Gobierno que investigue “si las municiones, granadas de mortero, bombas, torpedos, cohetes, misiles, aviones y vehículos blindados españoles exportadas a Arabia Saudí se han utilizado para matar civiles inocentes en Yemen” y señaló denuncias sobre la de granadas Alhambra y lanzagranadas C90-CR fabricados por la empresa española Instalaza en las filas de los rebeldes huthis. Para Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional, “cualquier posible venta de armas a Arabia Saudí que pueda usarse en Yemen es ilegal, porque viola la legislación española e internacional sobre comercio de armas”. 

Salisbury no lo tiene tan claro y remite al caso que se encuentra en los tribunales en el Reino Unido precisamente planteando si es legal que Londres venda armas a Riad. Se espera una decisión para mediados de febrero. “Si pierde el Gobierno (británico), puede que otros países europeos tengan que pensar en su propio contexto legal. Igualmente, en Estados Unidos hace un mes dejaron de vender un tipo de armas por su preocupación del uso que les pudiera estar dando Arabia Saudí”, indica este experto londinense.

El caos que favorece a los terroristas

Baron explica que existe un amplio abanico de distintos líderes con intereses encontrados: los independentistas del sur que quieren recuperar su autonomía, la milicia huthi apoyada por Irán, las facciones anti-huthis apoyadas en “numerosos frentes” por Al Qaeda, el Gobierno en el exilio desde hace casi dos años apoyado por Arabia Saudí y la comunidad internacional, líderes afines al exiliado Hadi pero con intereses divergentes… hay un Ejecutivo de facto formado por los huthis chiítas asociados con los afines a Ali Abdulá Saleh, el mandatario que dimitió tras la revolución que se produjo en Yemen durante la denominada “Primavera Árabe”.

Los saudíes han conseguido expulsar a los huthis de “numerosas áreas de Yemen” y han evitado que tomaran el puerto de Adén en el sur, destaca el texto de Baron. Pero en Saná, la ciudad más grande del país y capital del Gobierno huthi, el norte y la zona del Mar Rojo son los huthis quienes mantienen el control. Según este experto, las zonas controladas por los huthis son las que sufren una situación al borde de la hambruna, sobre la que alertó esta semana la FAO. Y la situación económica es tan mala que “hoy, convertirse en un combatiente en una milicia es uno de los pocos empleos pagados disponibles”, lamenta Baron. También existen facciones de resistencia a los huthis y del sur, antes independiente.

Un niño malnutrido es pesado en una báscula para bebés en Yemen. Khaled Abdullah Reuters

En las partes controladas por la coalición saudí tampoco hay una situación estable. Baron explica que está “plagada de caos y enfermedades”, además de aseverar que terroristas afines tanto a Al Qaeda como el autodenominado Estado Islámico ya están rellenando el vacío de poder. De hecho, el EI aprovechó situaciones caóticas para su expansión por Irak, Siria o Libia.

Pero Salisbury no está del todo de acuerdo con él: para el analista de Chatham House, el EI no tiene posibilidades de expansión en Yemen, porque si Al Qaeda ya era fuerte en Yemen antes de esta guerra, ahora lo es más. “Están apoyados por muchos grupos tribales y a estos no les gusta la [forma de ejercer] la violencia del EI. Al Qaeda sí que ha crecido durante la guerra”, advierte.

Nuevos combatientes huthis reclutados participan en un desfile en Saná (Yemen). Khaled Abdullah Reuters

Además, indica que el poder de facciones salafistas (islam ultraconservador) en Yemen lleva décadas ejerciendo su influencia pero ahora ha tomado un rol notablemente más destacado al gobernar “muchas áreas del país, trabajando con los secesionistas del sur” e incluso trabajando junto a los Emiratos Árabes Unidos, que teóricamente apoya a Arabia Saudí, aunque cada uno combate en otro lado (los saudíes al norte; Emiratos, en el sur).

Baron advierte de que la malnutrición y el desplazamiento de los ciudadanos continuará durante décadas también si se acabase la guerra y señala una “generación perdida” por los millones de niños que están creciendo sin acceso a la educación. Hakim Almasmari piensa seguir informando con su equipo a través de los canales que pueda.