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Las claves

Más de 240 mujeres denuncian haber sido drogadas sin su conocimiento en Francia cuando acudieron a entrevistas concertadas por Christian Nègre, un alto cargo del Gobierno en nombre del Ministerio de Cultura.

La investigación penal abierta en Francia contra Nègre ha puesto sobre la mesa un patrón de presuntas agresiones cometidas durante casi una década aprovechando supuestas entrevistas de trabajo.

Aunque el caso salió a la luz en 2018 y él fue apartado de su cargo en el Ministerio en 2019, el proceso judicial avanza con una lentitud insoportable para las decenas de víctimas que además ven impotentes cómo Nègre ha seguido trabajando en el sector privado.

Según la investigación judicial, el ex alto cargo ofrecía a sus víctimas cafés o tés mezclados con un potente diurético ilegal, lo que provocaba en estas una necesidad urgente de orinar durante las entrevistas de trabajo.

Las denunciantes relatan que él solía proponer entonces continuar la entrevista en paseos por zonas sin acceso inmediato a baños, lo que generó situaciones de angustia, humillación e incluso episodios en los que las afectadas se orinaban encima.

Fue un compañero de Nègre en el Ministerio quien denunció en el año 2018 que éste había intentado fotografiar las piernas de una alta funcionaria.

La Policía halló en su ordenador una hoja de cálculo titulada Experimentos, donde habría registrado la administración de la sustancia y las reacciones de las mujeres.

"Era mi sueño"

"Trabajar en el Ministerio de Cultura era mi sueño", recuerda una de sus víctimas Sylvie Delezenne, experta en marketing de Lille, en una entrevista de The Guardian, quien en 2015 acudió a París tras ser contactada por el funcionario a través de LinkedIn.

"Seis años después, seguimos esperando un juicio, lo cual es alucinante", denuncia Émilie, otra de las mujeres afectadas, quien afirma que esta demora  judicial "genera más trauma que reparación".

Aunque algunas han recibido indemnizaciones en una demanda civil, el Ministerio de Cultura no fue declarado culpable.

Sin embargo, las secuelas para las afectadas se han extendido durante años. Delezenne, diagnosticada con trastorno de estrés postraumático, asegura que el caso ha marcado su vida profesional y personal: evitó volver a París, dejó de solicitar trabajos y sufre pesadillas y estallidos de ira.

Otras mujeres, como Anaïs de Vos o la propia Émilie, describen episodios similares de malestar físico extremo, desorientación y vergüenza, todos ellos presuntamente provocados por bebidas manipuladas.