Publicada

Las claves

Los constantes bandazos marca de la casa de Donald Trump, esta vez en su estrategia respecto a China, vuelven a dejar a la Unión Europea fuera de juego.

Desde su regreso a la Casa Blanca en enero, el presidente de Estados Unidos no ha parado de presionar a los aliados europeos para que endurecieran su política hacia el gigante asiático. Si quería un acuerdo arancelario con Washington, Bruselas debía romper con Pekín.

La presidenta Ursula von der Leyen llegó a sopesar a principios de año reencauzar las relaciones con China, gravemente deterioradas por su apoyo al Kremlin durante la guerra de Ucrania, precisamente como alternativa a la agresividad arancelaria de Trump.

Sin embargo, el Ejecutivo comunitario corrigió pronto el rumbo y ofreció al presidente de Estados Unidos una alianza para hacer frente común a Pekín, que era uno de los pilares del acuerdo comercial que firmaron Von der Leyen y Trump en julio en Escocia.

Justo cuando la UE se preparaba a pulsar el 'botón nuclear', activando por primera vez el Instrumento contra la Coerción Económica en respuesta a las restricciones de China a las tierras raras, Trump se descuelga anunciando que firmará un acuerdo comercial con Xi Jinping este mismo jueves en la cumbre de la APEC en Corea del Sur.

Si este pacto se confirma y desemboca en una nueva fase de cooperación económica entre las dos potencias, la UE corre un fuerte riesgo de quedar atrapada en una 'pinza' entre Estados Unidos y China.

"La UE no ha sido capaz de desarrollar suficientes palancas de presión para responder ni a Trump ni a China. Ha confiado en que las reglas del comercio internacional se mantuvieran y esa estrategia ha resultado equivocada", explica a EL ESPAÑOL Alicia García Herrero, economista jefa para Asia-Pacífico de Natixis e investigadora de Bruegel.

"Por eso, Europa está ahora en una situación de enorme debilidad ante dos realidades, Estados Unidos y China, que utilizan muy bien su poder, y no las reglas", subraya García Herrero.

En el centro del debate está la batalla por las tierras raras, ingredientes fundamentales para industrias estratégicas como la automovilística, la militar o los semiconductores. Pekín produce el 90% de las tierras raras refinadas y de los imanes de tierras raras del mundo.

El pasado 9 de octubre, el ministerio de Comercio chino anunció nuevos controles de exportación sobre las tierras raras. Una medida de represalia contra Estados Unidos, pero que ha golpeado de lleno y de forma inmediata a la industria europea, que sufre ya problemas de desabastecimiento.

La respuesta inmediata de Trump fue amenazar con un arancel adicional del 100% a las importaciones procedentes del gigante asiático a partir del 1 de noviembre, mientras que Bruselas se ha limitado a trasladar de forma repetida su malestar a las autoridades chinas.

En el caso de Estados Unidos, la presión ha dado resultado: el acuerdo comercial que firmarán este jueves Trump y Xi en Corea del Sur prevé que Pekín aplace un año los controles a la exportación de tierras raras. A cambio, Washington congela, de momento, los aranceles del 100% contra China.

En contraste, la UE todavía no ha encontrado una solución a la crisis de las tierras raras. Este mismo jueves, Bruselas espera la visita de una delegación china de alto nivel -cuya composición final aún no se ha desvelado- para seguir negociando.

En la cumbre celebrada la semana pasada, el presidente francés, Emmanuel Macron, pidió a Von der Leyen que active el Instrumento contra la Coerción Económica, una medida que tampoco descarta Alemania, el país más afectado por las nuevas restricciones chinas.

"A corto plazo, nos centramos en encontrar soluciones con nuestros homólogos chinos. Pero estamos listos para utilizar todos los instrumentos de nuestra caja de herramientas para responder si es necesario", dijo Von der Leyen en un discurso este sábado, justo antes de que se anunciara el acuerdo entre EEUU y China.

La presidenta aseguró que trabajaría con los países del G7 "en una respuesta coordinada", que al final no se ha producido.

Von der Leyen prepara además un nuevo plan llamado RESourceEU, cuyo objetivo es garantizar el acceso a fuentes alternativas de materias primas críticas para la industria europea, impulsando nuevos acuerdos con países como Ucrania, Australia, Canadá, Kazajistán, Uzbekistán, Chile o Groenlandia.

"Esto marca un cambio respecto a la cautela tradicional de Europa, pero el mundo que enfrentamos hoy premia la rapidez, no la vacilación. Porque el mundo de hoy no perdona. Y la economía global es completamente diferente a como era incluso hace pocos años. Europa no puede hacer las cosas de la misma manera", admite la presidenta de la Comisión.