Lola Serrano Clara Palma Hermann (Efe)

"Cada vacuna cuenta," destacó recientemente la canciller alemana en funciones, Angela Merkel. Ante la negativa de una amplia parte de la nación germana a recibir la inmunización correspondiente de la vacuna contra la Covid-19, la política ha adoptado medidas y mensajes capitales para promover la vacunación en su país: "Una cuota de vacunación lo más alta posible nos ayuda a todos a dejar atrás como país esta pandemia", afirmaba. 

"Con las vacunas, efectivas y seguras, tenemos la clave en la mano," incidió la canciller en funciones, que alertó de que "la nueva variante ómicron parece ser todavía más contagiosa que las anteriores".

Precisamente ayer, la empresa biomédica Nference (Cambridge, Massachussets, Estados Unidos) publicó una investigación que explicaba por qué ómicron es más contagiosa, aunque menos virulenta, que sus hermanas previas. Según el estudio, ómicron compartiría código genético con el virus del catarro común, habiendo mutado en un paciente que cogió el Covid mientras sufría un resfriado, generando así una mutación compartida entre ambos virus.

Aunque la variante Delta sigue siendo dominante en Europa, ómicron se va haciendo un hueco con fuerza y cada son más los casos de esta variante que se detectan en el continente. 

La incidencia acumulada en siete días en Alemania ha experimentado una leve subida, situándose en 442,7 nuevas infecciones por cada 100.000 habitantes, y el número de muertos por la enfermedad aumentó a 378. Hace un mes, la cifra estaba en 183,7 nuevos contagios, mientras que alcanzó un pico el pasado lunes con 452,4 nuevas infecciones.



El Instituto de Virología Robert Koch (RKI) también informó de 64.510 nuevos contagios en las últimas 24 horas, una cifra inferior a las 67.125 que se registraban hace una semana. El número de muertes, sin embargo, se ha incrementado, situándose en 378 casos en las últimas 24 horas, lo que representa una subida del 25 % con respecto a los 303 que se contaban hace exactamente una semana.



A fecha del 3 de diciembre, han recibido en Alemania la pauta completa de vacunación 57,3 millones de personas, lo que supone un 68,9% de la población

Una pancarta en contra de la vacunación obligatoria en Alemania. Reuters

Conspiración y baja vacunación

Las cuotas de vacunación se han estancado en los países de lengua alemana pese a los esfuerzos de las autoridades, un fenómeno que los expertos atribuyen a factores como la fe en las medicinas alternativas, la cultura individualista y la amplia difusión de teorías conspirativas.

Las tasas de vacunación en Alemania, Austria y Suiza, (del 68,9, 66,9 y 65,67 pòr ciento, respectivamente) son las más bajas de Europa occidental y contrastan con las de países como España y Portugal.

De acuerdo con un sondeo del Ministerio de Sanidad alemán, a finales de octubre un 65% de las personas que no se habían vacunado todavía rechazaban taxativamente hacerlo en un futuro próximo.

No todos los no vacunados están "cortados por el mismo patrón", explica a Efe el profesor de estudios religiosos de la Universidad de Gotinga Andreas Grünschloss, que destacó que entre ellas hay "individuos con argumentos racionales para creer que la vacuna no es segura".

Centro de vacunación en Alemania. Reuters

Sin embargo, según Grünschloss, también existe entre un 8 y un 10% de la población abierto a ideas esotéricas y con preferencia por las "medicinas alternativas", que se deja influir por tales interpretaciones a la hora de decidir sobre la vacuna.

Se trata de una escena "heterogénea", en la que están representados seguidores de la homeopatía y de las creencias antroposóficas, entre otros muchos que desconfían de la "medicina tradicional".

Factores culturales

En otros casos, el rechazo es de "cuño político-ideológico" y vinculado a las simpatías por el partido ultraderechista Alternativa por Alemania (AfD), indicó el profesor, haciendo referencia a un estudio reciente según el cual un 50 % del electorado no vacunado votó a esa formación.

A ello hay que sumar otros factores culturales como el individualismo, una característica especialmente marcada entre los "negacionistas", según Tobias Spöri, un investigador de la Universidad de Viena autor de un estudio sobre quienes no creen en el virus.

Personas haciendo cola para vacunarse en un centro alemán. Reuters

"Confieren mucho valor a sus derechos individuales y tienden a rechazar la solidaridad con los demás," explica a Efe y señala que ésta es una característica compartida por los países de habla alemana.

El experto en ciencias políticas añade que en Italia o España el impacto de la pandemia en 2020 fue mucho mayor, por lo que atribuye el rechazo a la vacunación a una combinación de "medicina alternativa, escepticismo antivacunas, menos valores de solidaridad y falta de experiencia concreta con la pandemia".

El berlinés Tungay Unzudag, de 28 años, no conoce casos graves de covid, y sus padres pasaron el virus el año pasado sin mayores consecuencias, lo que contribuyó a su decisión de no vacunarse.

El propietario de una tienda de ultramarinos en el distrito de Moabit afirma que "no es fan de la medicina" y le parece "raro" que se hayan desarrollado varias vacunas en un corto espacio de tiempo.

"Con AstraZeneca se vio que realmente utilizaron a la gente como conejillos de indias, porque luego aparecieron los efectos secundarios," dice a Efe y señala que en su entorno quienes se han vacunado lo han hecho para evitar las restricciones y no por convencimiento.

El joven reconoce que "no sigue las noticias" y que en su tienda "escucha todo tipo de rumores". "Es difícil filtrar la información, así que he llegado a un punto en el que ya no me creo nada," asegura.

Negacionistas

De acuerdo con el estudio del laboratorio de ideas berlinés dpart, del que Spöri es co-autor, el número de seguidores de teorías de la conspiración que creen que en realidad el coronavirus no existe cayó en Alemania de un 14% en 2020 a un 9% en 2021.

En el estado federado de Sajonia (este), donde la AfD fue, el pasado septiembre, el partido más votado, la tasa aumentó, sin embargo, del 23 al 28%.

Además, indica Spöri, existen otras teorías de la conspiración como que el virus fue creado para desestabilizar países o que hay actores poderosos que lo difunden para sacar beneficios de ello.

Según el investigador, el perfil de los que siguen este tipo de teorías es el de una persona joven, con escaso nivel de formación, y procedente de Alemania oriental. Además, no quieren limitar sus libertades individuales en pos del bien general.

No obstante, no todos pertenecen al "núcleo duro" y están "aislados para siempre" en el ambiente conspiratorio, sino que algunos logran "separarse" de él de nuevo, matizó.

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