Roma

Lo que no se iba a imaginar Massimo Galli, profesor y director del departamento de enfermedades infecciosas del hospital Sacco de Milán, es que estos días iba a protagonizar los espacios informativos italianos no por cuestiones divulgativas vinculadas a la lucha contra la pandemia del coronavirus, sino por razones judiciales. A pocas semanas de jubilarse.

Galli es conocidísimo entre los italianos, sus opiniones son una de las más autorizadas y escuchadas en el país, en cuanto experto en virología. Desde que estalló la crisis de la Covid-19, es raro el día que sus interpretaciones no ocupen algún espacio informativo en la televisión, en la prensa escrita o en las radios del país con forma de bota.

El pasado martes, sin embargo, se conocía que el virólogo Massimo Galli había sido imputado, junto a otras 33 personas -24 de ellas, profesores universitarios-, por estar vinculado a un supuesto sistema de amaño de concursos públicos para la selección de profesores e investigadores universitarios en la Universidad Estatal de Milán. La presunta acción fraudulenta se cree que haya sido orquestada para permitir la victoria de los concursos públicos a los candidatos más cercanos a los profesores y a su vez miembros de los comités de selección. Dando muchas veces igual que otros candidatos, sin apoyos fraudulentos, tuvieran más títulos.

Los imputados vinculados a la Universidad Estatal de Milán son: Pierangela Giuffreda, profesora de Biomedicina; Riccardo Ghidoni, profesor de Ciencias de la Salud; Alessandro Ennio Giuseppe Prinetti, profesor de Biotecnologías Médicas; Sandro Sonnino, ex profesor de Biotecnologías Médicas; Claudia Moscheni, investigadora; Pietro Allevi, profesor de Biomedicina; Cristiana Perrotta, investigadora; Antonella Delle Fave, profesora de Fisiopatología y Trasplantes; Cristiano Rumio, profesor de Farmacología; Tiziana Borsello, profesora de Farmacología; Antonio Schindler, profesor de Biomedicina; Manuela Nebuloni, profesora de Biomedicina; Francesco Auxilia, profesor de Biomedicina; Gian Guglielmo Zehender, profesor de Biomedicina.

La Fiscalía de Milán está investigando a diferentes imputados están repartidos en varias ciudades de Italia, entre ellas Milán, Turín, Roma, Pavía y Palermo: Vittorio Luciano Bellotti, profesor de Medicina Molecular la Universidad de Pavía; Giuseppe Riva, profesor de Psicología de la Universidad del Sagrado Corazón de Roma; Guido Angelo Cavaletti, profesor de la Universidad Bicocca de Milán; Claudio Maria Mastroianni, profesor de la Universidad La Sapienza de Roma; Massimo Andreoni, profesor de la Universidad de Tor Vergata de Roma; Giovanni Di Perri, profesor de la Universidad de Turín; y Claudia Colomba, profesora de la Universidad de Palermo.

Entre las personas investigadas por la Justicia italiana también aparecen los nombres de diferentes candidatos: Marta Bassi, Agostino Riva, Roberta Cazzola, Roberta Ottria, Nicoletta Gagliano y Angela Maria Rizzo, donde las últimas dos, además, son también docentes. Alessandro Mannaro y Alessandro Visconti, son otros dos imputados, pero externos al ámbito universitario.

Más allá de la posible gravedad de lo que sería uno de los mayores casos de amaño de concurso público en ámbito universitario en Italia; lo cierto es que Massimo Galli es tan conocido en su país, que ha tenido que salir al descubierto para defender, en la medida de lo posible, su postura ante los medios de comunicación transalpinos.

Tras el conocimiento de la noticia de su imputación junto a otra treintena de personas, ha asegurado que “convertirse en un personaje público”, haciendo referencia a su fama dentro de la opinión pública del país, “tiene muchos contras y pocos pros”. Estas palabras, sin embargo, eluden el hecho de que la investigación de la Fiscalía de Milán arrancó precisamente en febrero de 2020, es decir, justo antes de la pandemia. “A lo mejor resulta incómodo que, en toda mi vida, haya intentado aplicar métodos meritocráticos”, asegura quien, en pocas semanas, estará ya jubilado. Y añade: “Estoy acostumbrado a ir con la cabeza bien alta”.

¿Cómo habría supuestamente funcionado, hasta ahora, el conocido hoy como caso concorsópoli? Atendiendo a las reconstrucciones judiciales y periodísticas de los últimos días, el objetivo último de todo el sistema era propiciar la victoria de concursos públicos de la Universidad de Milán de aquellos candidatos afines a los mismos profesores que generaban las convocatorias. Cualquier método era válido: desde la elección ad hoc de los miembros del jurado, hasta pactar los propios criterios de selección con el candidato ya previamente “escogido”.

Todo ello, sin temer en muchos casos ni siquiera el evidente conflicto de intereses, donde muchas veces los profesores del grupo seleccionador habían sido coautores de las investigaciones de los candidatos. En este clima, a través de la vía judicial habrá que demostrar qué nivel de responsabilidad, efectivamente, ha tenido hasta ahora el infectólogo Massimo Galli dentro de la supuesta trama de amaños de concursos públicos de la Universidad Estatal de Milán. Muchas escuchas telefónicas filtradas a la prensa en las últimas horas, estarían supuestamente confirmando, las tesis de la Fiscalía de la capital de la norteña región italiana de Lombardía.

Durante la primera oleada del coronavirus, cuando tuvo lugar el duro confinamiento de la primavera de 2020; en Italia el desconcierto de la ciudadanía tuvo refugio, lógicamente, en la acción divulgativa de los expertos virólogos, quienes ocuparon de forma muy importante los espacios informativos del país. Pero con la llegada del primer desconfinamiento, a partir de mayo del año pasado, la sobreexposición de los infectólogos implicó que, muchos de ellos, empezaran a sufrir las consecuencias políticas del debate entre Gobierno y oposición: entre quienes querían reabrir más o menos lentamente la economía del país sobre la base de los datos de contagio.

Muchos italianos, a pie de calle, por esas fechas, llegaron incluso a percibir que había “virólogos de izquierdas y de derechas”, tal como se solía decir entonces. En ese clima, Massimo Galli fue tachado de ser de izquierda y defensor de la línea prudente del entonces segundo Gobierno -reformista- del primer ministro italiano, Giuseppe Conte (2019-2021). Meses más tarde, Massimo Galli admitió ser “de izquierda de toda la vida”, zanjando las polémicas y como si ello tuviera algo que ver en la lucha contra la Covid en Italia.

Según los detalles que han aparecido en los últimos días, la Fiscalía de Milán asegura que “la situación que se deduce del análisis de las conversaciones telefónicas es, como poco, desconcertante”, donde “gran parte de los concursos” convocados desde el comienzo de la investigación judicial han sido, de alguna manera, manipulados y contaminados. Las palabras de la Justicia transalpina han sido contundentes: “En los procedimientos de selección, se ha sustituido el método meritocrático por lógicas clientelares, eludiendo así el principio de imparcialidad que tendría que guiar las decisiones de la Administración Pública, tal como pide la Constitución”.

Noticias relacionadas