Bruselas

Después de varias semanas desmintiendo que hubiera negociaciones adicionales entre Bruselas y Londres, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, ha admitido este viernes que mantiene contactos continuos con la primera ministra británica, Theresa May, para ayudarle a sacar adelante la votación del acuerdo del brexit que tendrá lugar el próximo martes 15 de enero en la Cámara de los Comunes, en la que según todos los pronósticos saldrá derrotada.

"Deben hacerse todos los esfuerzos necesarios entre hoy y el martes para garantizar que este asunto pueda resolverse satisfactoriamente", ha dicho Juncker en una rueda de prensa en Bucarest, donde asiste a la inauguración de la presidencia rumana de la Unión Europea. Un brexit caótico sin acuerdo entre Bruselas y Londres el próximo 29 de marzo sería un "desastre" sobre todo para Reino Unido, pero también para el continente, ha avisado.

El presidente del Ejecutivo comunitario ha eludido no obstante desvelar cuáles son las garantías adicionales sobre el brexit que está negociando con May. Unas garantías que se refieren a la solución de último recurso (backstop) para evitar una frontera dura entre Irlanda e Irlanda del Norte, que consiste en que Reino Unido se quede en una unión aduanera con la UE. Los euroescépticos del partido de May exigen que se deje claro que esta solución será "temporal" y no atrapará indefinidamente a Londres en la unión aduanera.

Aclaraciones pero no renegociación

"El Consejo Europeo y la Comisión hemos dicho de forma armoniosa que no habrá renegociación, pero que puede haber aclaraciones. Estamos viendo con Downing Street en qué pueden consistir estas aclaraciones, que no deben confundirse con una renegociación, sobre todo por lo que se refiere al backstop", ha dicho Juncker en Bucarest. "Por lo demás, no creo que sea sabio que me exprese sobre los detalles de las conversaciones en curso", ha agregado. Dar más información le haría "menos popular en diferentes islas", ha bromeado el presidente de la Comisión.

La primera ministra británica había pedido a la UE una declaración jurídicamente vinculante aclarando el carácter temporal de la solución para Irlanda del Norte. Pero los 27 se negaron en la cumbre de diciembre alegando que eso suponía vaciar el acuerdo de divorcio por la puerta de atrás y ni siquiera garantizaba que el Parlamento británico lo ratificara. Al acuerdo se oponen tanto los conservadores euroescépticos como los laboristas y los unionistas irlandeses.

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