Bruselas

Cuando en febrero del año 2000 la extrema derecha irrumpió por primera vez en el Gobierno de Austria, la Unión Europea entró en estado de shock. Los líderes comunitarios de la época, entre los que estaba José María Aznar, se escandalizaron por el pacto que el conservador Wolfgang Schüssel alcanzó con el Partido de la Libertad (FPÖ) del ultra Jörg Haider, que había saltado a la fama por su retórica racista y xenófoba y sus elogios a las políticas laborales de Adolf Hitler. Un Gobierno de coalición con el FPÖ legitima a la extrema derecha en Europa, clamó la Eurocámara.

Por primera vez en la historia de la UE, se impusieron sanciones diplomáticas contra un Estado miembro. Los otros 14 países que entonces formaban parte de la UE congelaron las relaciones bilaterales con la república alpina. No habría más contactos políticos a nivel gubernamental, los embajadores austriacos en las capitales de la UE sólo serían recibidos a nivel técnico y Bruselas no apoyaría a candidatos austriacos para puestos internacionales. No obstante, las sanciones no afectaban a la participación de Austria en las reuniones en la UE.

Algunos países, como Bélgica, eran partidarios de ir incluso más lejos y expulsar a Viena de la Unión. "Es demasiado simplista decir que debemos mantener a Austria en Europa a cualquier precio", alegó el entonces jefe de la diplomacia, Louis Michel, padre del actual primer ministro belga, Charles Michel. "Europa puede ir muy bien sin Austria. No la necesitamos", defendía Michel senior.

Casi 18 años después, vuelve a repetirse la misma historia. El jovencísimo líder del Partido Popular Austríaco, Sebastian Kurz, ha cerrado este fin de semana un Gobierno de coalición con el FPÖ que le convierte en canciller con sólo 31 años. El actual líder de la extrema derecha, Heinz-Cristian Strache, ha tomado posesión este lunes como número dos del Gobierno y controla también las carteras de Exteriores, Interior y Defensa. Strache fue detenido a los 20 años por participar en una marcha neonazi prohibida, algo que califica de error de juventud. Pero mantiene intacta la retórica antiinmigración y eurófoba del FPÖ.

El nuevo canciller, Sebastian Kurz, y su número dos, el ultra Heinz-Christian Strache Leonhard Foeger/Reuters

Lo que ha cambiado por completo es la reacción de la Unión Europea, que ha pasado de la protesta y la condena del año 2000 a la resignación ahora. Los presidentes de la Comisión, Jean-Claude Juncker, y del Consejo, Donald Tusk, reciben este martes por la tarde a Kurz con los brazos abiertos. Tusk le ha enviado además una felicitación que contiene un pequeño aviso velado. "Confío en que el nuevo Gobierno continuará jugando un papel constructivo y proeuropeo en la UE", escribe el presidente del Consejo.

Mantener la vigilancia

Entre los pocos mensajes de preocupación que se han escuchado en las últimas horas en Bruselas se encuentra el del comisario de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, que en 2000 fue uno de los principales impulsores de las sanciones contra Austria desde su cargo de secretario de Estado para la UE del socialista Lionel Jospin. "Los demócratas que creen en los valores europeos deben vigilar a la coalición que acaba de llegar al poder en Austria. La situación es sin duda diferente a la del 2000. Pero la presencia de la extrema derecha en el poder nunca es anodina", ha afirmado en su cuenta de Twitter.

También ha expresado su inquietud el líder de los socialistas en la Eurocámara, el italiano Gianni Pittella. "Esto podría tener consecuencias muy peligrosas, es un salto al vacío que amenaza con retrotraernos a los momentos más oscuros de nuestra historia. No se puede predeterminar nada, pero debe estar claro que tampoco se excluye nada, ni siquiera sanciones o expedientes si los valores clave de la UE se ven amenazados", ha reclamado en un comunicado. En contraste, el Gobierno francés del europeísta Emmanuel Macron ha felicitado a Kurz y apuesta por el diálogo con Austria. De forma similar se ha manifestado la canciller Angela Merkel.

¿Qué es lo que explica este vuelco en la actitud de la UE hacia la presencia de la ultraderecha en el Gobierno de un país miembro? El factor más importante es la evolución del paisaje político europeo. El auge de un partido antieuropeo y de extrema derecha ya no es una rareza como hace 18 años, sino que se ha contagiado a la mayoría de Estados miembros.

Y aunque la UE ha podido contener este año el avance de la explosión populista en las elecciones de Holanda, Francia o Alemania, la presión de las fuerzas eurófobas sigue siendo uno de los principales riesgos políticos, como ha puesto de relieve el buen resultado de Alternativa por Alemania o del propio FPÖ.

No habrá referéndum sobre la UE en Austria

Para la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, el acuerdo de coalición en Austria "es una excelente noticia para Europa". "Estos éxitos demuestran que los Estados nación son el futuro, que la Europa de mañana es una Europa de la gente", ha dicho Le Pen durante una reunión en Praga este fin de semana de todos los partidos europeos de extrema derecha con los que comparte grupo en la Eurocámara, entre los que se encuentra el FPÖ.

Marine Le Pen, Geert Wilders y el checo Tomio Okamura durante la reunión de la ultraderecha en Praga David W Cerny/Reuters

El otro motivo que explica la tolerancia de Bruselas al nuevo Gobierno austríaco es que del programa de coalición se caen las propuestas más eurófobas de la extrema derecha. Por ejemplo, se descarta un referéndum sobre la salida de Austria de la UE durante esta legislatura. Además, el propio Kurz asumirá personalmente la gestión de los asuntos europeos y los preparativos de la presidencia austríaca de la UE, que tendrá lugar durante la segunda mitad de 2018.

Por lo demás, Viena se opondrá a una mayor integración política entre los Estados miembros y seguirá vetando la candidatura de Turquía para entrar en la UE. El Gobierno de coalición apuesta además por normalizar las relaciones entre Occidente y Rusia y reforzar las fronteras de Austria para frenar la inmigración ilegal hasta que la UE no garantice la seguridad de las fronteras exteriores. Asimismo, convertirá la lucha contra el islam político en prioridad máxima.

En el año 2000, la UE acabó levantando las sanciones diplomáticas contra Austria al cabo de siete meses. Lo hizo de forma incondicional, sin lograr romper el Gobierno de coalición ni la expulsión del FPÖ de Haider. Una victoria completa para Viena.

La decisión se adoptó tras la publicación de un informe elaborado por tres sabios, entre ellos el español Marcelino Oreja, cuya conclusión era que el Gobierno austriaco no había vulnerado ni el espíritu ni la letra de los Tratados. Además, las sanciones habían tenido un efecto contrario al que pretendían. Crearon un sentimiento nacionalista entre la opinión pública austriaca al sentirse atacada por la UE. Un error que Bruselas no quiere repetir ahora.