Bruselas

La Unión Europea ha sido "lenta" en dar respuesta a los perdedores de la globalización. A los ciudadanos que se han quedado en el paro por el cierre y la relocalización de empresas en sectores como el acero o los astilleros. O a la clase media cuyos ingresos llevan años estancados mientras las multinacionales registran beneficios millonarios.

Una falta de reflejos que ha reconocido abiertamente este miércoles el vicepresidente primero de la Comisión, el socialista holandés Frans Timmermans. Un descuido que ha dado munición al auge de los populistas en Europa, cuya última expresión son los 11 millones de votos logrados por la candidata del Frente Nacional, Marine Le Pen, en la segunda vuelta de las presidenciales francesas.

Coincidiendo con la victoria del europeísta Emmanuel Macron, el Ejecutivo comunitario hace propósito de enmienda y lanza un debate sobre cómo repartir mejor los beneficios de la globalización. "No es demasiado tarde", sostiene Timmermans. Su objetivo es renovar el "contrato social europeo" y cortar el paso a las fuerzas antieuropeas que amenazan la supervivencia de la Unión.

El punto de partida de Bruselas es considerar que la globalización es una fuerza económica positiva que ha generado crecimiento en la UE. Cada 1.000 millones de euros de exportaciones adicionales garantizan 14.000 puestos de trabajo. Los países más abiertos son también los más igualitarios. El abaratamiento de las importaciones es beneficioso, en particular para los hogares más pobres.

Rechazo al proteccionismo de Trump

Por eso, la Comisión rechaza las recetas proteccionistas que propugna por ejemplo el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. "No hay ninguna protección en el proteccionismo, los que opten por el aislamiento se quedarán atrás y sufrirán por ello", ha dicho el vicepresidente primero.

Una postura que ya ha provocado el primer choque con las propuestas de Macron. El nuevo presidente francés defiende en su programa reservar el acceso a los mercados públicos europeos a las empresas que localicen al menos la mitad de su producción en Europa.

Las cuotas de Macron "no encajan" en la legislación de la UE sobre licitaciones públicas, cuya prioridad es "proteger los intereses de los contribuyentes", ha dicho este miércoles el comisario de Competitividad, Jyrki Katainen.

Bruselas admite no obstante que la globalización puede traer efectos indeseados porque sus beneficios no se distribuyen de forma uniforme entre los ciudadanos. "Necesitamos rehacer el contrato social para garantizar la redistribución justa de los beneficios de la globalización", sostiene Timmermans.

Sin medidas concretas

Más allá de la filosofía, el documento publicado por la Comisión sobre cómo encauzar la globalización adolece de falta de propuestas concretas para lograr estos objetivos. Timmermans y Katainen se excusan en que se trata de lanzar un debate, coincidiendo con la reflexión sobre el futuro de la UE tras el brexit. Sólo más tarde llegarán las medidas detalladas.

En todo caso, Bruselas da algunas pistas. En el ámbito exterior, la UE debe aspirar a "escribir las reglas mundiales" para que la globalización beneficie a todos los ciudadanos. En el futuro, todos los acuerdos de libre comercio que firmen los 27 deberán incluir una cláusula de cooperación en la lucha contra la evasión fiscal o sanciones para las prácticas de dumping social o medioambiental. La Comisión se compromete además a reforzar los instrumentos de defensa comercial, como los recargos arancelarios, frente a países como China.

En el ámbito interior, la prioridad debe ser "empoderar a los ciudadanos" reforzando la educación y la formación a lo largo de toda la vida. Bruselas propone como modelos la formación profesional de Alemania, la educación de alta calidad de Finlandia y Estonia o las políticas activas de empleo de Dinamarca o Suecia

Las iniciativas concretas que ha lanzado hasta ahora la UE para paliar los efectos negativos de la globalización no acaban de despegar. Hace 10 años se puso en marcha el Fondo de Adaptación a la Globalización y, pese a los "cambios tectónicos" que según Timmermans ha vivido desde entonces la economía europea, sólo ha prestado ayuda a 140.000 trabajadores en toda la UE para reciclarse. Bruselas propone ahora reformarlo para que sea más flexible y eficaz.

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