Bruselas

La Europa a varias velocidades, en la que los países más rezagados no puedan bloquear a los que quieren acelerar, es el único escenario realista para el futuro de la Unión tras el brexitAsí lo han proclamado los líderes de las cuatro grandes potencias de la UE a 27 (Francia, Alemania, Italia y España) en la minicumbre celebrada este lunes en Versalles. Proseguir la integración con los 27 al mismo ritmo no es una alternativa viable porque podría desembocar en una parálisis permanente, según ha avisado el anfitrión del encuentro, el presidente galo François Hollande. Una vez que se haya ido Londres, los cuatro grandes están dispuestos a convertirse en la vanguardia, en el núcleo duro, de esta nueva Europa a la carta, frente a las dudas de los países del este.

Las conclusiones de la minicumbre de Versalles se trasladarán ahora al Consejo Europeo que se celebra el jueves y el viernes en Bruselas. Y servirán como punto de partida para la cumbre de celebración del 60 aniversario del Tratado de Roma, prevista para el 25 de marzo en la capital italiana, donde tiene que definirse el rumbo futuro de la Unión sin Reino Unido.

A diferencia de lo ocurrido el año pasado cuando estaba en funciones, el presidente español, Mariano Rajoy, sí ha sido invitado en esta ocasión a la reunión de las potencias europeas en Versalles, aunque ha llegado literalmente el último, con casi media hora de retraso. En Bruselas se envidia la relativa estabilidad de su Gobierno, que contrasta con la gran incertidumbre política por las elecciones en Holanda, Francia y Alemania, marcadas por el auge de las fuerzas populistas y antieuropeas.

Para el presidente del Gobierno, la mejor alternativa para el futuro de la UE sería apostar por "más y mejor integración". "Creo que en este momento, Europa debe mirar lejos, porque cuando Europa ha mirado lejos es cuando ha vivido los mejores momentos de su historia", ha dicho durante la declaración conjunta ante la prensa de los cuatro líderes, en la que no se han admitido preguntas. No obstante, Rajoy ha resaltado que "España está dispuesta a ir más allá en la integración con todos aquellos que quieran seguir en la integración". Sus prioridades son la política migratoria, la lucha contra el terrorismo y la profundización de la unión económica y monetaria.

Más contundente ha sido Hollande, que pide que los países reunidos en Versalles puedan "ir más rápido y de forma más enérgica sin que los otros sean discriminados pero también sin que los otros puedan oponerse". "Es muy importante que podamos a la vez mostrar solidaridad a 27 pero también capacidad de avanzar a ritmos diferentes entre los países que componen la Europa de los 27", ha agregado.

"Debemos tener la valentía de aceptar que algunos países puedan avanzar un poco más rápido que otros. Es necesario que estas cooperaciones diferenciadas estén abiertas a los que van rezagados, pero también tenemos que poder avanzar", ha coincidido la canciller alemana, Angela Merkel. También el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, ve "normal que los países puedan tener diferentes ambiciones y que la Unión pueda darles respuestas diferentes".

Ámbitos de cooperación

La Europa a la carta es una de las cinco opciones propuestas por el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, en su reciente Libro blanco sobre el futuro de la UE tras el brexit. Para Juncker, partidario de seguir con la integración a 27, no se trata del escenario "ideal", sobre todo porque margina al Ejecutivo comunitario y da prioridad a la cooperación entre Gobiernos. De hecho, ningún representante de la Comisión ha sido invitado a Versalles. El Libro blanco da varias pistas sobre los posibles espacios de cooperación para las 'coaliciones de voluntarios' que quieran ir más rápido:

Defensa: Es la política en la que hay más consenso, sobre todo tras el brexit y la elección como presidente de Estados Unidos de Donald Trump, que ha amenazado varias veces con desentenderse de la OTAN. De hecho, los ministros de Exteriores de la UE han acordado este lunes en Bruselas crear el embrión de un cuartel general de la UE en Bruselas para planificar misiones militares. De la cooperación militar podrían desvincularse los países neutrales, como Irlanda, Suecia, Finlandia y Austria.

Los países miembros que decidan colaborar más en defensa podrían por ejemplo adquirir conjuntamente drones para objetivos militares o crear un programa conjunto de defensa para proteger a las infraestructuras básicas de ciberataques, según los ejemplos que pone la Comisión.

Seguridad y justicia: Un grupo de Gobiernos podría establecer un cuerpo conjunto de policía para investigar actividades criminales transfronterizas y poner en marcha un intercambio automático de información en materia de seguridad y lucha contra el terrorismo. Una fiscalía europea permitiría investigar colectivamente casos de fraude, blanqueo de dinero y tráfico de armas y drogas a escala comunitaria. Bruselas contempla también la posibilidad de que una vanguardia de voluntarios creen un área común de justicia en asuntos civiles. Los líderes de los cuatro grandes han reclamado más cooperación en la gestión de los flujos migratorios y el control de las fronteras.

Fiscalidad y derechos sociales: Otro territorio en el que la Comisión ve posible que los países de la eurozona avancen más rápido que el resto es el de la fiscalidad y los derechos sociales. Ello se traduciría, por ejemplo, en unos estándares laborales comunes y en una mayor armonización del impuesto de sociedades para combatir de forma eficaz la elusión fiscal de las multinacionales. Rajoy ha defendido una unión fiscal y un presupuesto para la eurozona.

Los países del este, en el punto de mira

En el punto de mira de esta Europa de geometría variable están los países del este, que en los últimos meses se han opuesto o han boicoteado activamente las iniciativas para hacer frente a la crisis de refugiados, como el reparto de los demandantes de asilo, lo que ha provocado una grave fractura en la Unión. A Bruselas le preocupa especialmente la deriva autoritaria y nacionalista de los Gobiernos euroescépticos de Viktor Orbán en Hungría y del partido Ley y Justicia en Polonia, controlado por Jaroslaw Kaczynskci. Kaczynskci pretende incluso desbancar a su compatriota Donald Tusk, también conservador pero europeísta, de la presidencia del Consejo Europeo.

"Hay una escuela de pensamiento que dice que la Europa a múltiples velocidades es la estrategia que se ha inventado para cortar el camino a Orban y Kaczynski y hacer la UE sin ellos", admite un alto funcionario europeo. Pero tanto la Comisión como el propio Hollande niegan que su objetivo sea agravar las divisiones en el seno de la Unión. Al contrario, aducen que la Europa a la carta no está cerrada para nadie y puede servir de acicate para que los más rezagados aceleren.

Conscientes del riesgo de quedar excluidos del núcleo europeo, los miembros del denominado grupo de Visegrado (Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia) han lanzado un llamamiento al consenso. "La unidad de la UE es de vital importancia y debe ser siempre el punto de partida", afirman los primeros ministros de los cuatro países en su respuesta común al Libro blanco. "Independientemente de la velocidad de integración, necesitamos tirar todos en la misma dirección", señala su declaración conjunta.

El grupo de Visegrado acepta que, en aras de una cierta "flexibilidad", se permita a algunos países avanzar más rápido en determinadas políticas. Pero exige que esta cooperación esté abierta a cualquier Estado miembro que quiera sumarse más tarde y no ponga en riesgo el mercado único. En realidad, estos países son partidarios de renacionalizar algunas competencias que ahora están en manos de la UE, como la inmigración, y concentrarse en el mercado único.

¿Funcionará la Europa a la carta?

La Europa a varias velocidades no supone una ruptura con el pasado, sino que ya es una realidad en estos momentos. Sólo 19 de los 27 Estados miembros están en la eurozona, mientras que en el espacio sin fronteras Schengen no participan Irlanda, Reino Unido, Croacia, Chipre, Rumanía y Bulgaria, aunque sí están Liechtenstein, Noruega, Islandia y Suiza, que no forman parte de la UE.

Además, la posibilidad de que se creen grupos de vanguardia ya está prevista en la legislación de la UE desde el Tratado de Ámsterdam, que entró en vigor en 1999 e introdujo las denominadas en jerga comunitaria 'cooperaciones reforzadas'. El vigente Tratado de Lisboa amplió los ámbitos de colaboración para incluir también la defensa.

El lanzamiento de una 'cooperación reforzada' exige que al menos 9 países miembros quieran avanzar más rápidamente en una determinada política. El procedimiento se diseñó precisamente para superar la parálisis, las situaciones en las que una propuesta legislativa queda bloqueada porque hay un país o grupo de países que no desean formar parte de la iniciativa.

Sin embargo, en todo este tiempo apenas se han aprobado tres cooperaciones reforzadas: sobre la legislación de divorcio, la patente europea (en la que no participa España por la exclusión del castellano como lengua de trabajo) y los regímenes patrimoniales de las parejas internacionales. Otras dos se han puesto en marcha sin resultados de momento: la tasa a las transacciones financieras y la fiscalía europea.

Además, el hecho de que se formen 'coaliciones de voluntarios' reducidas no garantiza necesariamente la rapidez o el éxito en la toma de decisiones. El ejemplo más claro es la 'cooperación reforzada' sobre la tasa Tobin, que se lanzó en 2012 pero sigue sin visos de acuerdo por las diferencias entre los 10 países que participan. Incluso en grupos más consolidados como la eurozona el enfrentamiento entre los países del norte, liderados por Alemania, y el sur dificulta la toma de decisiones en iniciativas consideradas clave como la unión bancaria, cuyo tercer pilar, el sistema europeo de garantía de depósitos, está bloqueado por el veto de Berlín.