Berlín

A la gran mayoría de la prensa escrita en papel no le dio tiempo dar cuenta en sus primeras ediciones del lunes del ataque suicida llevado a cabo en la noche del domingo en Ansbach (sur germano) por el que ha sido identificado como Muhammad Deleel, un demandante de asilo de 27 años al que las autoridades alemanas habían denegado el estatus de refugiado. Según ha podido saberse gracias a la investigación, Deleel había jurado lealtad al Estado Islámico (EI) antes de cometer el que constituye el primer atentado suicida de inspiración islamista radical que sufre Alemania.

Poco después de dar las diez de la noche del domingo, Deleel hizo estallar la carga explosiva que llevaba en una mochila cuando se encontraba en la entrada de un festival de música que se celebraba en el casco antiguo de Ansbach, una pequeña ciudad bávara de 40.000 habitantes. La deflagración, que causó heridas a una quincena de personas, fue obra de lo que la organización terrorista del EI llamó uno de sus “soldados” a través de la agencia Amaq, vinculada al grupo terrorista que lidera Abu Bakr al Baghdadi. En el registro al domicilio de Deleel, la policía había encontrado algo antes de esa reivindicación un vídeo en el teléfono móvil del joven sirio en el que éste se declaraba seguidor de al Baghdadi.

El autor de ese ataque suicida, que utilizó una mochila con explosivo y trozos de metal como metralla, llegó a Alemania hace dos años. Realizó una solicitud de asilo en suelo alemán en agosto de 2014, pero ésta había sido rechazada hace un año y había quedado a la espera de que se ejecutara la orden de deportación que pesaba sobre él con destino a Bulgaria, país que en 2013 le había concedido asistencia. Entre tanto, Deleel vivía en un hogar de refugiados en Ansbach con el consentimiento de las autoridades, al igual que otros 11.000 sirios no reconocidos con el estatus de refugiados. La policía ya lo conocía por haber cometido pequeños delitos de violencia y drogas.

Deleel sufría problemas mentales. Había necesitado incluso atención psiquiátrica en un centro hospitalario y trató de suicidarse en dos ocasiones. Esta circunstancia era lo que llevaba el lunes al ministro alemán del Interior, Thomas de Maizière, a ver en la motivación del autor del atentado una posible combinación de perturbación psicológica y terrorismo internacional.

Aunque pudiera carecer de estabilidad psicológica, contaba con logística suficiente para sembrar el terror. Así, en el registro del lugar donde vivía se encontraron también varias tarjetas telefónicas, dos teléfonos móviles y un ordenador portátil. En su interior había material informático que daba cuenta de que el suicida había visto contenidos violentos de inspiración islamista radical. También disponía de sustancias químicas para la fabricación de explosivos.

El atentado de Ansbach se suma a la matanza de este fin de semana ocurrida en Múnich, en la que un joven germano-iraní hijo de refugiados iraníes llegados a Alemania en los años noventa mató a diez personas – incluido él mismo – e hirió a otras 27. También hay que añadir a estos sucesos el asesinato con arma blanca de una mujer de 45 años a manos de un demandante de asilo sirio de 21 años que también causó heridas a otras cinco personas en Reutlingen (suroeste germano).

El clima generado por estos ataques invitaba a cuestionar el estado de seguridad del país. Así lo hacían el lunes Alí, propietario de un estanco situado en el barrio berlinés de Neukölln, y Serbar, un cliente. “Estamos viviendo malos tiempos, muy malos”, dice a EL ESPAÑOL Serbar mientras fuma y bebe un refresco junto a Alí. Éste, a las puertas de su establecimiento, teme que “el problema con los refugiados sirios, no haya hecho más que empezar”.

Hace apenas una semana que el EI reivindicaba la autoría del ataque de un refugiado afgano de 17 años. Éste atacó con un hacha y un cuchillo a los pasajeros de un tren en Wurzburgo (sur germano) causando cuatro heridos, tres de ellos de gravedad.

ATAQUE A LA POLÍTICA DE REFUGIADOS DE MERKEL

En este contexto, la política de refugiados del Gobierno alemán de la canciller Angela Merkel, que permitió la entrada a suelo germano de 1,1 millones de demandantes de asilo sólo en 2015, ha sido objeto de renovadas críticas por el partido populista Alternativa para Alemania (AfD). “Wurzburgo, Reutlingen, Ansbach..., ¿Tiene ahora Alemania suficiente color para usted, señora Merkel?”, escribía en las redes sociales, por ejemplo, la lideresa de la formación de ultraderecha, Frauke Petry. Petry aludía así al mayor carácter multicultural de la sociedad alemana que defiende la jefa del Gobierno germano y a los lugares de los últimos episodios violentos vinculados a demandantes de asilo.

Pese a los sucesos de este fin de semana, establecer relaciones concluyentes entre una mayor tasa criminalidad y la población de refugiados en Alemania es un imposible, según los datos de la Oficina Federal Alemana de Investigación Criminal (BKA, por sus siglas alemanas). Esta institución ya informaba el mes pasado en un informe que “los inmigrantes no son más criminales que los alemanes”. Según apuntan desde la BKA a este periódico, en dicho organismo no consta que se hayan realizado detenciones de refugiados por motivos relacionados con terrorismo.

60 REFUGIADOS INVESTIGADOS POR TERRORISMO

Sin embargo, “sí llegan, en el marco de la problemática de los refugiados, personas que ofrecen indicios sobre otros individuos de los que se dicen que pertenecen a una organización terrorista, o que la apoyan, por ejemplo”, señalan fuentes de dicha institución germana. En la BKA han contado un total de 410 de este tipo de pistas. Varias pueden referirse a una sola persona. Su veracidad ha de ser confirmada por las autoridades alemanas antes de que se decida investigar al sujeto sobre el que se han dado los indicios. Así ocurre con 60 refugiados.

Para Wolfgang Richter, experto del Instituto Alemán para Política Internacional y de Seguridad (SWP, por sus siglas alemanas), esas cifras del BKA no son en modo alguno concluyentes para establecer relaciones entre terrorismo y refugiados. “Sería un error meter en el saco de los terroristas a toda la masa de refugiados que han venido a Alemania, hay que diferenciar”, dice Richter, experto en política de seguridad.

Para él, no todo ha estado bien hecho por parte del Gobierno en materia de inmigración. “En 2015 no hubo estrictos controles fronterizos y, claro, pueden haber entrado terroristas, como se ha visto en Bélgica o en Francia”, añade Richter. Él se refiere especialmente a los casos que ya se han registrado de personas afincadas en Europa y que, habiendo viajado a tierras, por ejemplo, del Estado Islámico, han vuelto al 'Viejo Continente' con intención de atentar.

“Los atentados en Francia o Bélgica han estado en buena medida protagonizados por jóvenes de origen árabe que no estaban bien integrados en la sociedad”, recuerda Richter. “El terrorismo no se puede explicar sólo por el origen de una persona, es un fenómeno que toca muchos aspectos de la sociedad, como la falta de integración política y cultural de algunos miembros, y que tiene que ver también con un Oriente Medio desestabilizado”, abunda.

En vista del caso de Deleel y su atentado suicida en Ansbach, la integración fue un imposible para él. Ése fue un proceso que acabó en un gesto criminal que el chico presentaba como “un acto de venganza contra Alemania” en el vídeo encontrado en su teléfono móvil.

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