Los bolardos en China ya no solo sirven para evitar que los vehículos aparquen donde no deben. Ahora son también un mecanismo disuasorio contra los peatones que incumplen las normas y cruzan la calle cuando el semáforo está en rojo. En Daye, una ciudad situada en la provincia de Hubei, en el centro del país, han colocado 40 tubos amarillos con un sensor láser que lanzan un chorro de agua cuando detectan que alguien se dispone a atravesar la calzada de forma inadecuada. Por un altavoz, una voz robótica advierte: "No cruce la calle. Cruzar es peligroso".

La medida se enmarca dentro de la cruzada de las autoridades chinas para evitar atropellos y que los peatones cometan infracciones. En este sentido, el sistema, en cuyo desarrollo el Gobierno ha invertido casi 200.000 euros, está equipado con cámaras de reconocimiento facial. Un algoritmo de inteligencia artificial identifica a los peatones díscolos, coteja su identidad con los datos registrados en la base nacional y les pone nombre y apellido para que luego las autoridades puedan avergonzarlos en público proyectando sus caras en pantallas gigantes.

Estas cámaras se han colocado en varias ciudades como la de Shenzhen, donde no solo se utilizan para identificar a quienes cruzan indebidamente la calle sino que se han convertido en una buena forma de recaudar fondos públicos a través de multas. Por si no se han enterado de que este particular Gran Hermano les ha pillado in fraganti, el Gobierno les envía a los peatones infractores un mensaje de texto al móvil avisándoles de la pertinente sanción. En algunas metrópolis retiran la foto del delincuente vial si se pone en contacto con un policía de tráfico en un plazo de 20 minutos.

Estas medidas y otras como instalar puertas automáticas para acceder al paso de cebra -descartada por su elevado coste- o emplear como guardias a ancianos con un silbato, que pueden parecer a priori exageradas, tienen el objetivo de reducir la mortalidad de los accidentes de tráfico, que en China se cobran la vida de más de 260.000 personas cada año, según estimaciones de la Organización Mundial del Comercio. El 60% de estas víctimas son peatones y ciclistas.