D. Barreira
Publicada
Actualizada

Las claves

Aldrich Ames, un agente de la CIA que pasó secretos de inteligencia y la identidad de espías occidentales a la Unión Soviética y a Rusia en una de las brechas de seguridad más graves en la historia de los servicios secretos de Estados Unidos, murió el pasado lunes a los 84 años en una prisión de Maryland, donde cumplía una condena a cadena perpetua.

El antiguo oficial de la CIA y jefe del contraespionaje ruso durante finales de la década de los 80 fue detenido en febrero de 1994 junto a su segunda mujer, Rosario Ames. Admitió haber vendido información clasificada a los soviéticos, comprometiendo un centenar de operaciones clandestinas y las identidades de más de 30 agentes. Su "traición" supuso la muerte de al menos una decena de activos de la CIA.

Ames justificó su conversión en agente doble aduciendo "problemas financieros". Necesitaba efectivo para pagar deudas y ostentosas compras que no le permitía su salario. Empezó a colaborar con el KGB, el servicio secreto soviético, que le brindó el nombre en clave de Kolokol, en 1985. En total, los rusos le pagaron durante casi una década más de 2,5 millones de dólares por la información.

Manifestó una "profunda vergüenza y culpa" por esta "traición a la confianza, cometida por los motivos más viles": conseguir dinero para pagar deudas. Sin embargo, minimizó el daño causado, declarando ante el tribunal que no creía haber "perjudicado significativamente" a Estados Unidos ni haber "ayudado significativamente" a Moscú.

"Estas guerras de espionaje son un espectáculo secundario que no ha tenido un impacto real en nuestros importantes intereses de seguridad a lo largo de los años", declaró ante el tribunal, cuestionando el valor que los líderes de cualquier país obtenían de las vastas redes de espías humanos en todo el mundo.

Ames trabajaba en el departamento de Europa del Este en la sede de la CIA en Langley, Virginia, cuando contactó por primera vez con el KGB, según un informe del FBI sobre el caso. Continuó transmitiendo secretos a los soviéticos mientras estuvo destinado en Roma y tras regresar a Washington. Mientras tanto, la comunidad de inteligencia estadounidense intentaba desesperadamente averiguar por qué tantos agentes eran descubiertos por Moscú.

La carrera de 31 años de Ames en la CIA comenzó cuando su padre, analista de la agencia, le ayudó a conseguir un trabajo allí tras abandonar la universidad en 1962. Se casó con su primera esposa, la también agente Nancy Segebarth, en 1969, antes de ser enviado a Turquía como oficial de contrainteligencia para reclutar agentes extranjeros. Tres años después, regresó a EEUU, donde sus problemas con el alcohol comenzaron a aflorar y su matrimonio empezó a desmoronarse.

A pesar de varias violaciones de seguridad a lo largo de los años, incluyendo haber dejado un maletín lleno de información clasificada en el metro, Ames fue enviado a la Ciudad de México en 1981. Allí conoció a su segunda esposa, María del Rosario Casas Dupuy, agregada cultural de la embajada de Colombia y agente de la CIA, quien posteriormente sería acusada de ser su cómplice y sería encarcelada cinco años.

Las deudas por una vida de excesos le obligaron a venderse a los soviéticos. Ames colaboró con las autoridades estadounidenses a cambio de un acuerdo que le permitió obtener una sentencia más reducida para Rosario, quien admitió tener conocimiento de las recompensas y de sus reuniones con los rusos.

La "traición" de Ames comprometió, entre otros, a Oleg Gordievski, un agente doble del MI6 británico que ayudó a desenmascarar durante la Guerra Fría a un importante número de colaboradores y espías de las redes soviéticas. Gordievski, que murió el pasado 4 de marzo de 2025, tuvo que ser extraído de Moscú en una audaz operación tras ser descubierto.