Washington DC

Donald Trump nunca ha escondido que su visión sobre cómo abordar las relaciones entre EEUU y Cuba poco tiene que ver con el complaciente aperturismo con el que Barack Obama se despidió de la Casa Blanca. El ejemplo más evidente fue su eufórica reacción -vía Twitter- tras el fallecimiento del dictador Fidel Castro, muy alejada de la línea de corrección política mostrada por otros líderes mundiales. Este viernes el presidente norteamericano ha dejado claro en Miami, capital del exilio del régimen comunista, que su rechazo a la falta de libertades en la isla no se quedará sólo en palabras o tuits, rubricando una orden que retorna a la mano dura con La Habana, con nuevas restricciones comerciales y al turismo, aunque manteniendo las sedes diplomáticas o la compra de cigarros y ron.

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Desde principios de esta semana, Washington venía adelantando de un inminente anuncio sobre un drástico cambio en su política internacional hacia la nación vecina, principalmente centrado en restaurar medidas de presión económica para dificultar al Gobierno de Castro la llegada de ingresos externos, con el objetivo de forzar una apertura democrática. El magnate lo ha formalizado en un teatro de la Pequeña Habana ante una multitud entregada de disidentes cubanoamericanos favorables a este viraje.

“La anterior Administración eliminó las restricciones y eso no ayudó al pueblo de Cuba, sólo enriqueció al régimen cubano, porque los beneficios de las inversiones empresariales y del turismo fueron al Ejército y al régimen, dando como resultado más más represión”, proclamó el presidente entre aplausos, antes de arremeter duramente contra el Gobierno de la isla.

“Mirad lo que el comunismo ha hecho”, señaló Trump, antes de repasar las violaciones de los derechos humanos que se producen en el país vecino, con “inocentes desaparecidos, creyentes perseguidos o presos políticos”, algo ante lo que su Administración “no va a estar ciega”, ni en el caso de Cuba, ni en el de Venezuela, a la que mencionó varias veces durante su discurso.

La nueva política de Trump pretende volver a la presión contra Castro, cortando la entrada de capitales desde EEUU. La primera restricción se sentirá en el turismo. Aunque los viajes a la isla aún cuentan con ciertas restricciones legales, como tener que justificar la visita dentro de algún tipo de actividad educativa o cultural, en la práctica, esto suponía un vacío legal que permitía llegar a Cuba sin problemas, incluso en solitario. Desde ahora, sólo se podrá ir en grupo y bajo estrictos controles, lo que puede repercutir en una industria que recién estaba despegando.

Esto no afectará a los cubano-americanos, que podrán seguir visitando a sus familias en la isla y enviarles remesas.

La nueva política además reafirma el compromiso de la Casa Blanca con el embargo mientras no se produzca una democratización del país, una posición de la que Obama se había alejado, dejando sólo al Congreso en contra de levantar el bloqueo. El magnate además aseguró que no se levantarán las sanciones hasta que se puedan constatar avances como “que todos los presos políticos sean liberados, libertad de expresión, de asamblea, legalización de otros partidos y la celebración de elecciones libres y supervisadas internacionalmente”.

Hasta entonces “vamos a ser muy restrictivos con los dólares estadounidenses para que vayan a la gente de Cuba y no al Ejército”, sentenció Trump, que desde ahora impedirá que las empresas estadounidenses hagan negocios con las compañías cubanas con vinculaciones militares. Esto puede parecer inocuo, pero en la isla, al estar el Ejército involucrado en casi todos los sectores de la economía, se limitará considerablemente las oportunidades de negocio para EEUU. Por contra, otro importante sector, la compra individual de tabaco y ron, se mantendrá.

A cada anuncio el magnate despertaba una ovación de un público entregado. “Miami es lo que Cuba podría ser y lo que queremos que sea”, añadió el presidente, que contó en el acto con testimonios de familiares y víctimas del régimen castrista y de presos políticos.

Tras aclarar que las embajadas estadounidenses seguirán abiertas y que respetará la soberanía de Cuba para elegir su propio camino, advirtió de que “cualquier posibilidad de relación dependerá de una progresión real y del cumplimiento de los objetivos” democráticos y prometió mantener el apoyo a los disidentes.

CERRAR EL GRIFO

La meta de este cambio es limitar los recursos de Castro. Aunque la opinión pública no parece estar de su lado en esto, Trump cuenta con el apoyo del senador por la Florida Marco Rubio y del congresista Mario Díaz-Balart, ambos republicanos y representantes de muchos electores cubano-americanos, un sector que en Florida no quiere ni oír hablar del fin del embargo o de nada que pueda suponer perpetuar la dictadura cubana. Rubio, junto al gobernador del estado y al vicepresidente, Mike Pence, respaldaron este viernes al presidente, presentando su mitin y aplaudiendo estas medidas y en el que se escuchó a Pence gritar "Cuba libre".

Estas nuevas medidas restrictivas hacia la isla no cogen por sorpresa a EEUU, ya que Trump hizo bandera de esta causa durante la campaña electoral. De hecho, se esperaban noticias al respecto el pasado mes de mayo. Los medios norteamericanos y las filas republicanas habían especulado con que coincidiría con el Día de la Independencia de Cuba, el 20 de mayo. Sin embargo, tras pasar la fecha sin que se la Casa Blanca comunicara las novedades, varios líderes del Partido Republicano explicaron que era conveniente mantener la relación actual por razones de seguridad nacional, ya que desde el deshielo político iniciado con Obama se habían llegado a acuerdos contra la trata de personas o el contrabando de drogas.

En general, el tema cubano había quedado al margen de la agenda política estadounidense durante los primeros meses de la nueva Administración, sobrecargada de escándalos a cuenta de la investigación del ‘Russiagate’ y de las acusaciones de posible obstrucción a la justicia contra el presidente, a cuenta de las declaraciones del exdirector del FBI James Comey. A esto hay que sumar que la opinión pública respalda el acercamiento emprendido por la anterior Administración, con cuotas que llegan al 75% de la población, según Politico.

Obama emprendió en 2014 una política de acercamiento a la isla, aunque limitada, ya que sólo el Congreso -de mayoría republicana- puede levantar el embargo. El expresidente flexibilizó los viajes a la isla para ciudadanos estadounidenses, manteniendo ciertas restricciones, como que estas visitas deban estar enmarcadas en programas de actividades educativas o culturales. En el plano diplomático, se reabrieron las embajadas y en marzo de 2016 Obama se convirtió en el primer presidente en activo en pisar suelo cubano desde Calvin Coolidge en 1928, inaugurando una nueva etapa de aperturismo comercial.