Washington D.C
Si alguien se pensaba que el movimiento de protesta y resistencia contra la nueva Administración Trump iba a terminar el pasado sábado con la Marcha de las Mujeres que inundó las calles de varias ciudades del país, se equivocaba. Esta miércoles siete manifestantes del grupo ecologista Greenpeace subieron una grúa de 82 metros de altura de una obra situada entre la calle 15 y la L, en el centro de Washington, desplegando una pancarta gigante con el lema "Resist", visible desde la Casa Blanca y buena parte de la capital. La organización ecologista ha explicado en su Facebook que, con esta acción, pretenden concienciar a la sociedad sobre la "negación del cambio climático el racismo, la misoginia, la homofobia y la intolerancia" de la era Trump. 
En el parque de la Elipse, situado justo enfrente de la residencia presidencial, un grupo de miembros de la organización mediambiental atendía a la prensa desde el lugar de la ciudad en que mejor se veían los efectos de su protesta,  que llega justo cuando los republicanos sacaban pecho de las medidas de seguridad de su gobierno. 
Naomi Ages, portavoz del movimiento y voluntaria contra el cambio climático, comentaba a EL ESPAÑOL que “ésta es sólo la primera de las grandes acciones que la resistencia contra Donald Trump va a llevar a cabo a lo largo de los cuatro años siguientes”, tras las marchas del sábado. 
“La mayoría de EEUU queremos energías limpias, rechazamos un muro con México y estamos a favor de los derechos de las mujeres. Hubo tres millones más de votantes demócratas. Somos mayoría. Por eso hemos decidido que la primera semana queríamos hacerle saber al nuevo presidente que va a tenernos enfrente”.

'Este no es el camino'

No obstante, Ages reconoce que todo no puede quedarse en grandes actos simbólicos como la de hoy o la gran manifestación, y pide a los ciudadanos estadounidenses que ejercen presión desde su ámbito, empezando por llamar a los senadores que le representan y trasladándoles su rechazo a las políticas de Donald Trump. “Incluso desde España se puede hacer mucho. Que Europa le diga a Trump que este no es el camino”, recomienda. 
En cuanto a la protesta en sí, la portavoz subraya que la acción era pacífica y que pretendían hacer algo “muy visible”, por lo que decidieron que siete de sus compañeros de diferentes partes del país escalara esta grúa y extendiera la pancarta de 21 por diez metros con la consigna de “resistir”. Los activistas que subieron a 'tunear' la grúa llevaban pañales para aguantar cualquier contingencia. 
Al cierre de esta edición, los voluntarios que han protagonizado esta acción se encuentran recogiendo la lona y preparándose para bajar. En la zona de obras de la calle L, donde se está levantando un nuevo edificio denominado MidTown Center, decenas de curiosos, periodistas y seis coches de policía les esperan.
“Es posible que les detengan, todos conocemos los riesgos cuando asumimos estas acciones. Dependerá de la empresa constructora, si presenta cargos, y de lo que la policía alegue para ver si finalmente son arrestados o no y cuánto tiempo pasan así”, explica Ages.
Justo a la zona de obras llega Luis Eduardo, un conductor de Uber que lleva cinco años viviendo en Washington aunque es natural de Colombia. “A mí no me gusta lo que ha dicho de los hispanos Trump, pero creo que ese hombre ya no lo baja nadie de donde está. Es una lástima todo lo que ha dicho y que el país esté tan dividido, pero si no consiguieron que no ganara, no entiendo por qué estas cosas van a surtir efecto”. 

Crispación en las calles

En su opinión, “se trata del derecho al pataleo”. Además, recuerda que “durante los años de Obama” nunca vio semejante nivel de crispación en las calles”, al menos en esta ciudad.
Han pasado más de seis horas desde que comenzó la protesta. Desde las 8:00 de la mañana un grupo de cerca de 10 agentes permanecen apostados a los bajos de la grúa esperando a que los ecologistas desciendan. Oficialmente no hay declaraciones a los medios aquí, pero uno de los agentes, con rostro cansado, comenta a EL ESPAÑOL que espera que bajen pronto.
“Llevamos toda la mañana aquí y no nos podemos ir hasta que esto termine, así que imagínate”, susurra mientras vigila para que nadie cruce la cinta de seguridad desplegada en la calle L. “En estos casos se suele detener a los protagonistas de la protesta. Aquí en concreto el dueño de la obra, que es una propiedad privada, parece que va a denunciar, por lo que se les arrestará”.
Mientras, el público sigue llegando y amontonándose en las calles, e incluso algún ciudadano aprovecha para desplegar su pancarta justo en la acera de enfrente. 
Katherine trabaja en la zona y se detiene a mirar que pasa en las alturas. Un periodista del Canal 9 pide entrevistarla, y se suman más medios. "No creo que sea apropiada la forma en que están protestando, porque están interrumpiendo el tráfico, al cortar la calle, y la obra seguro que se ha tenido que parar. Esta gente pierde dinero. Por otra parte, no rechazo que haya resistencia o protestas contra el nuevo gobierno".
Hay matices,  pero en general la gente parece apoyar con su actitud, risas y hasta algunos aplausos,  la protesta. 

Seis horas sin descanso

Al tiempo que los activistas siguen recogiendo la pancarta, a poca distancia de aquí, en La Casa Blanca el presidente Donald Trump daba los primeros pasos legales para iniciar otra construcción muy distinta, la del muro con México. No parece que estas acciones afecten a su agenda. 
El portavoz del gobierno, Sean Spicer, desgranaba en rueda de prensa la medida estrella del republicano, calificandola como "mejoras para la seguridad fronteriza y la inmigración".
"La primera orden será construir una gran, gran barrera física en la frontera sur. Es más que una promesa electoral, es un primer paso de sentido común para asegurar de verdad nuestra frontera, es una acción contra las drogas, crimen e inmigración ilegal". Y, como viene repitiendo el presidente, “sí, de una manera u otra, México pagará por ello (el muro)".
Además, añadió que se crearán más centros de detención junto a la frontera para abaratar la devolución de inmigrantes.
Mientras en la Elipse, Noemi Ages sigue repartiendo pegatinas y hablando con los curiosos y periodistas que aún llegan. Desvela que el momento escogido no ha sido casualidad. Justo ayer la nueva administración hizo los primeros movimientos para resucitar el proyecto de oleoductos de Dakota Access y Keystone XL, al margen de la eliminación de las menciones del cambio climático en el sitio web de la Casa Blanca. 

Peligrosa acción 

Según informa la CBS, cuando la policía llegó a la media mañana a la obra tomada por los ecologistas, tres personas ya se habían encaramado a la grúa y otros cuatro se habían unido a ellos, explicó a los periodistas el capitán Robert Glover, de la división de operaciones especiales del Departamento de Policía Metropolitana.
Por contra, para Greenpeace esta acción está protegida por el derecho que les concede la primera enmienda de la Constitución americana, la libertad de expresión y manifestación, una declaración policial en Twitter aportaba otra visióN: "Aunque respetamos el derecho de todos a protestar, las acciones de hoy son extremadamente peligrosas e ilegales".
Son casi las tres de la tarde. Hay menos público alrededor de la zona y parece que los activistas no tienen prisa por bajar. Los agentes mira. con resignación, mientras van a buscar café a un Starbucks cercano. Uno de ellos nos contempla a los medios con algo de desesperación. “Seguro que esperamos más. Yo no voy a ir a buscarlos”.